Francia: Por qué he votado contra el proyecto de ley sobre prórroga del estado de urgencia

Foto Garry Knight

Por Gérard SEBAOUN, diputado socialista en la Asamblea francesa.

Nadie negará la gravedad de la situación tras los atentados innobles y asesinos del viernes 13 de noviembre en el corazón de París y Saint-Denis. Los asesinos estaban decididos a matar y a morir. Su fanatismo escalofriante aterroriza a todos los que quieren vivir en paz en nuestro suelo.

¿Subestimó el gobierno la amenaza como rumorea la derecha? No lo creo de ningún modo, estaba alerta por los servicios de información y el Primer ministro había aludido poco antes del drama al riesgo máximo de nuevos atentados.

¿Eran estos evitables? No hay evidencia de ello, el riesgo cero no existe.

El Presidente de la República y su Gobierno han reaccionado con la indispensable sangre fría, a la altura de la tragedia que ha sorprendido a nuestro país. Las fuerzas de policía y de la gendarmería, el personal sanitario, los servicios públicos, los habitantes de los barrios concernidos y la población en su conjunto han sabido enfrentarse y responder a la emergencia.

La inclusión del estado de urgencia en nuestro derecho data de la ley del 3 de abril de 1955 en el contexto de la guerra de Argelia. Fue decretado en 1955 tras una serie de atentados  y prorrogado durante seis meses, después de nuevo en 1958 tras el putsch de Argel durante tres meses, y finalmente durante dos años tras el golpe de los generales y los atentados asesinos de la OAS. [ver nota al final].

Más recientemente, se instauró en Nueva Caledonia durante seis meses de 1985 y en noviembre de 2005 cuando el gobierno de Dominique de Villepin intentó reaccionar a las revueltas de las banlieues (barrios periféricos de las grandes urbes francesas). El preidente Chirac pondrá fin al mismo en enero de 2006. En aquel momento expusimos nuestra opinión [ver aquí].

Diez años más tarde, la situación no es en absoluto comparable, el peligro es permanente e infinitamente más importante. No me gustaría en este momento entrar en el debate de nuestra política exterior.

El debate

Vuelvo al proyecto de ley que se nos ha presentado, con urgencia, con un debate necesariamente inexistente en los niveles superiores y reducido al mínimo estricto en el hemiciclo.

Una palabra sobre la decisión de mi grupo que no ha querido validar las inscripciones en el debate sobre los artículos [expresión habitual de los miembros que no están involucrados en la discusión general por falta de espacio o la orientación de sus discursos sobre un artículo específico] antes del debate sobre las enmiendas, de ahí la expresión monolítica.

El debate ha estado circunscrito al Gobierno, el ponente Jean-Jacques Urvoas, el presidente de la comisión de leyes y los diputados republicanos, radicales, ecologistas, el MRC o Frente Nacional que han utilizado el tiempo restante. El grupo GDR (grupo de demócratas y republicanos, compuesto por los diputados del PCF y algunos ecologistas) no ha presentado enmiendas. Es decir, una unidad organizada y silenciosa del grupo mayoritario con excepción de algunas raras enmiendas de mi colega y amigo Denys Robiliard que no han tenido éxito. Sin embargo, el ambiente en los pasillos era tranquilo y he podido intercambiar argumentos con gran número de diputados socialistas y ecologistas.

El proyecto de ley

Vayamos al texto mismo y a los dos principales artículos que han provocado el debate:

  • El artículo 1, que proponía prorrogar durante tres meses el estado de urgencia. He votado A FAVOR a mano alzada.
  • El artículo 4 que modifica la ley de 1955 y que ha determinado mi voto EN CONTRA.

¿Qué dice este artículo? Confiere poderes excepcionales a las autoridades administrativas (el poder civil, es decir, el Ministerio del Interior y sus servicios) sin la intervención del poder judicial, ampliando sus prerrogativas mucho más allá del texto de 1955.

Si nos basamos en el estudio de impacto, se podría inocentemente pensar que el proyecto de ley introduce, cito, “algunas correcciones a fin de adaptar su redacción a las evoluciones de derecho y de hecho producidas después de la ley de 1955”.

Pero no es así: estos son los puntos con los que no estoy de acuerdo:

  • El texto modifica las personas susceptibles de ser arrestadas en domicilio. Se pasa así de «toda persona cuya actividad resulte peligrosa para la seguridad y el orden publico» a y el orden públicos»
  • El debate por desgracia ha endurecido las condiciones de residencia con una obligación de permanecer diez horas en el domicilio designado y un brazalete electrónico y hasta tres controles por día.
  • Prohibición casi automática de comunicar,
  • El riesgo para toda persona de su conocimiento o asociación de ser igualmente sospechosa con el riesgo de la disolución,
  • La extensión de los lugares de registro (en presencia de un oficial de policía judicial)
  • La retirada de papeles de identidad reemplazados por un resguardo,
  • Seguimiento, tras finalizar la asignación de residencia, de una prohibición de entrar en contacto con personas sospechosas.

Y además,

  1. El ponente ha rechazado una enmienda de Estrosi declarando penalmente no responsable a las fuerzas de seguridad interior (policía nacional, Gendarmería, Policías municipales, aduaneras), es decir, mantener la legítima defensa.
  2. Llevar armas de manera permanente por la policía es una cuestión de tiempo. Es una demanda de ciertos sindicatos de policía.
  3. Añado las armas procedentes de todos los policías municipales.
Gérard Sebaoun
Gérard Sebaoun

Sobre estos tres puntos yo tengo un viejo desacuerdo que persiste.

Un verdadero avance del texto que hay que saludar es la posibilidad para una persona encausada de ser presentada ante el juez  para la decisión de libertad o de recurso de suspensión para que este decida en 48 horas, en vez de la comisión administrativa de la ley de 1955 que alargaba esta decisión más de un mes.

¿Qué viene después de los tres meses?

No lo sé pero me temo que el estado de urgencia será prolongado, por supuesto tras el acuerdo del parlamento.

Quedan las modificaciones constitucionales que nos han prometido con la notable privación de nacionalidad a ciudadanos franceses binacionales. Yo, como muchos diputados socialistas, me he opuesto decididamente a la misma.

Mi conclusión

He aquí, rápidamente esbozados, mis argumentos y reticencias no al estado de urgencia por tres meses sino a las modificaciones legislativas incorporadas al proyecto de ley.

Sé que una lectura rápida de mi posición contraria, sin tomarse el tiempo de leer este artículo, comportará reacciones negativas, virulentas e incluso insultantes.

Escucharé todo comentario basado en la razón y no en la emoción. He leído el texto del proyecto de ley con atención y he asistido a todos los debates.

Quiero transmitir toda mi compasión y tristeza al conjunto de las familias de las víctimas y a sus deudos, a las personas duramente traumatizadas al estar presentes en los lugares de los hechos. Un joven de 32 años, vecino de un municipio de mi circunscripción, que se encontraba en la sala Bataclan, ha muerto y una joven, conocida de mis hijas, figura también entre las víctimas de la carnicería.

Termino diciéndoles a aquellas y aquellos que estarán tentados de tacharme por tener un discurso formal que cumpliré en unos días 65 años, que he nacido en Argel, que he conocido las noches de bombas, el ruido de los tiros, la omnipresencia del ejército en todos los cruces con vehículos militares, los asesinatos en las calles de Bab El Oued y el que ocurrió delante de la puerta de nuestra casa.

Tengo en la memoria recuerdos de niño, los de las bombas puestas en el casino de La Corniche, no lejos de mi casa, el del atentado de Milk bar en Argel, el del golpe de estado militar, etc. Pero también los más cercanos de la estación de Milán, de Atocha o de Londres.

Una última palabra para denunciar a los que apuntan con el dedo a los musulmanes de nuestro país, o los que maltratan o han pintado cruces gamadas sobre las paredes de la mezquita de mi circunscripción en Ermont. A estos últimos les ofrezco toda mi solidaridad.

Debemos continuar viviendo, viviendo juntos, el miedo tras el horror es legítimo pero ni nos debe separar ni nos lo debe impedir.


El texto original en francés se publicó el 18 de noviembre en la web del diputado. La traducción es de Javier Aristu.

 

 


  1. El llamado putsch de Argel o golpe de estado del 13 de mayo fue una operación militar y política en Argel dirigida conjuntamente por el abogado y paracaidista en la reserva oficial Pierre Lagaillarde, los generales Raoul Salan, Edmond Jouhaud, Jean Gentil, Almirante Auboyneau apoyados por las 10ª División paracaidista del general Massu y la complicidad activa de aliados como Jacques Soustelle. En el contexto de la guerra de Argelia y de una lucha por el poder, el golpe fue diseñado para suspender la constitución del gobierno de Pierre Pflimlin e imponer un cambio de política hacia el mantenimiento de la Argelia francesa dentro de la República. Supuso el final del retiro del general De Gaulle y su vuelta al poder, marcando el final de la cuarta República y el comienzo de la Quinta República. Tras el cambio de política impulsada por De Gaulle que supuso aceptar el derecho de autodeterminación e independencia de Argelia, sectores militares impulsaron la creación de un ejército clandestino, la OAS, destinado a subvertir mediante atentados en Francia metropolitana, el orden republicano. España fue en aquellos años asilo de los terroristas de la OAS.
  2. La ley francesa a la que se refiere el texto ha sido refrendada por el Presidente Hollande el pasado 18 de noviembre y publicada. La puedes consultar (en francés) en este sitio.