Notas preelectorales 3. Listas y tontas

Foto flickr por *k59, licencia Creative Commons

Por Javier ARISTU

Los últimos movimientos de listas electorales en el interior de Podemos son desconcertantes. ¿Reflejo de la inmadurez de una fuerza política reciente? ¿Reflejo de los tics clásicos de toda fuerza política, vieja o emergente? ¿Reflejo de la presión mediática? Quizás los tres reflejos juntos den un resultado que se acerque a la verdad.

Resulta significativa la obcecación con que el grupo dirigente de Podemos trata de cubrir sus listas con personas (¿o habría que decir personalidades?) provenientes del mundo del derecho y la judicatura. Es fenómeno ya conocido en otras latitudes y en la nuestra no hace muchos años, al creer que la presencia de jueces estrella o magistrados de renombre pueden convertir la política y la actividad parlamentaria en una actividad diferente. Las pruebas prácticas de las últimas décadas no sostienen tal afirmación. Los jueces, fiscales y magistrados cuando llegan a la política suelen actuar como cualquier otro político; la política tiene sus leyes y formas de comportamiento que no son las de los tribunales por lo que sería harto difícil encontrar en el parlamento los protocolos de acción que rigen en unos tribunales. No se entiende por tanto ese intento de  “contaminación judicial” en las listas de las candidaturas de Podemos —aunque al final no ha ocurrido así por renuncia de algunos de ellos— lo cual nos lleva a pensar que a lo mejor Pablo Iglesias cree que llevando a un juez estrella en sus listas conseguirá cambiar la justicia desde la política. Ya Felipe González lo practicó con el juez Garzón y a las pruebas me remito. Ejemplos contrarios hay, por supuesto (Carlos Jiménez Villarejo, Manuela Carmena), del factor benéfico de ciertos ex jueces y fiscales en la política pero siempre lo han sido a partir de que estos asumen desde el principio las reglas y las prácticas de la política que no son exactamente las de la justicia.

En otro artículo anterior tratamos de explicarnos la presencia de un ilustre constitucionalista sevillano en las listas moradas por la previsible actividad que se va a desarrollar en el parlamento sobre reforma constitucional. Siete días después tenemos que echar por tierra todas aquellas argumentaciones porque Javier Pérez Royo ha abandonado la carrera electoral aludiendo “razones personales”. Creo no equivocarme si digo que tal abandono supone un palo negativo en las ruedas de Podemos. Al parecer son muchas las críticas dentro de esa formación sobre los métodos y procedimientos para cubrir las listas y a nadie se le podía escapar que la presencia del ex catedrático de Derecho Constitucional iba a suponer una marejada considerable en los círculos y bases de Podemos. Así, al parecer, ha sido. Nos tendremos que conformar con las “razones personales” de Pérez Royo cuando hubiera sido mejor que, en esta sociedad televisiva y del espectáculo en la que estamos, hubieran salido el catedrático y Sergio Pascual aportando algunas razones más explícitas. Tiempo habrá. Lo que de ninguna forma termino de entender es que el catedrático haya sido sustituido por el profesor Rejón. No me constaban las inclinaciones podemistas del ex dirigente de IU-CA y tampoco lo percibía situado en lo que Sergio Pascual llama “el pensamiento crítico andaluz”, hipérbole del estado de cosas en esta tierra. Lo veía retirado de la política y dedicado a sus perros y negocios rurales. Pero intuyo que la llamada de la selva es poderosa y que, como aquel tarzán que no se hallaba cómodo en la urbe londinense y deseaba volver a sus árboles y correrías, el profesor prejubilado quiere seguir dando voces en el bosque. Allá él y allá los que se sienten con él.

Militares y jueces han sido dos castas profesionales de enorme trascendencia en la historia de España. Faltan otras, por supuesto, pero solo con esas dos da para escribir el primer tomo de dicha historia. Podemos ha conseguido su militar —nada menos que un teniente general de cuatro estrellas— y tiene su juez y su jueza. Cupo cubierto. Quería más jueces pero no pudo ser. Ahora se trata de alcanzar otros estratos y cuerpos sociales a fin de cubrir todos los pliegues de esta sociedad corporativizada y compartimentada. Sin embargo, el país es algo más, la sociedad española es mucho más que las cabezas de lista, los renombrados candidatos y las rutilantes estrellas electorales.  Ojalá ese conjunto parlamentario que va a salir de las elecciones del 20D sea capaz de representar en su conjunto y globalidad a un país y a una sociedad que más allá de estamentos y grupos corporativos tiene sentido a partir de sus trabajos y necesidades, en su inmensa mayoría ausentes de los telediarios y programas de debate pero siempre presentes en las calles y en nuestras vidas.

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