Notas preelectorales. 1. Patria y Trabajo

Por Javier ARISTU

Dos noticias han movido la cacerola electoral. La primera viene de Podemos y se refiere a la designación del antiguo JEMAD como candidato de esta formación en Zaragoza. La aparición del general Julio Rodríguez en la escena política a través de Podemos ha significado un aldabonazo, sin duda, y somete a las demás fuerzas competidoras, especialmente al PSOE, a un tour de force, a ver quién puede más a la hora de presentar candidatos estrellas. Pero presentar en una lista electoral al general que presidió el JEMAD no es lo mismo que presentar a un juez o a un empresario. Los militares en este país han significado mucho y el hecho de que Julio Rodríguez —a partir de ahora es eso un nombre y un apellido y ha dejado de ser general— haya decidido dar ese paso marca, en cierto modo, una agenda de cara a la política de defensa respecto a la OTAN y los cambios en Europa. El mismo ha manifestado ya la perspectiva de esos cambios. Que Podemos, además, acepte en sus listas a este tipo de figuras le condicionará sin duda a la hora de construir su alternativa de defensa y de cara al estamento militar español. De momento ya han decidido desengancharse de esas manifestaciones contra la base de Rota que tradicionalmente organizaban las diferentes plataformas de las izquierdas andaluzas. Tengo para mí, sin embargo, que esta decisión de Rodríguez y de Podemos va a suscitar entre los militares un cierto cabreo: no es aceptable para estos que su antiguo máximo jefe se haya ido ahora con los chicos del cambio, con la representación de los peores males de la patria.

jemadEntre todas las declaraciones que se han venido haciendo a propósito de este asunto me sorprende la que muestra el afán de Pablo Iglesias por adoptar un tono patriótico ante la sociedad. Ya ha manifestado en otros momentos ese talante de patriotismo social al defender un modelo de España diferente al de la oligarquía económica que se lleva su capital a Suiza. Ayer, el general citó el patriotismo como justificación para entrar en las listas de Podemos. Me temo que, de seguir por esa línea, veremos los mítines de Podemos con banderas nacionales e himnos patrios. Porque del patriotismo al patrioterismo hay solo un paso…

No veo la utilidad que esa obsesión por los valores patrios puede tener para una formación que apuesta por el  cambio y por un nuevo país. Se trata de capturar votos, de acuerdo, pero ¿no es mejor convencer a la gente con argumentos que no con emblemas patrióticos? Ese afán por la centralidad y por estar en el punto medio del tablero les puede llevar a posiciones difíciles de entender por una parte del electorado.

El otro asunto es el que ha planteado Alberto Garzón sobre política salarial y del trabajo: “el salario máximo de un empleado no podrá ser más de 10 veces superior al que menos gane dentro de cada compañía”. Es una propuesta que también va a dar que hablar, esta vez en los sectores económicos, que es donde Garzón quiere situar el debate electoral. Según Garzón, “esta medida no limita los sueldos máximos, sino que plantea la necesidad de que la empresa aumente el salario de quienes ganan menos si quiere mantener el nivel salarial de sus altos cargos.”. Asimismo, proclama la necesidad de alcanzar las 35 horas como jornada máxima semanal.

Estas iniciativas se enmarcan dentro de una propuesta de modificar el actual Estatuto de los trabajadores y las leyes laborales actuales. Para ello el candidato de izquierda ha presentado un texto de nuevo estatuto de los trabajadores con diez propuestas básicas para su discusión. El documento, y esto es un misterio que alguien tendrá que desentrañar, en ningún momento del mismo dice si está avalado por IU o por alguna otra fuerza política o electoral, dado que ninguna sigla ni firma lo avala. Nos parece un esfuerzo notable el que hace Garzón (¿él solo o es IU?) por centrar el debate en torno a los aspectos sociales y del trabajo…pero me preocupan algunas derivas de esta estrategia. Anteriormente Pedro Sánchez y el PSOE presentaron en mayo una propuesta para un nuevo estatuto de los trabajadores y sobre modelos de contratos que, como se sabe, ha sido modificada después.

Coincide todo esto con la presentación por parte de CCOO y UGT —las dos fuerzas sociales que reúnen a millones de trabajadores afiliados y cuyos acuerdos llegan a otros más— de una Carta de Derechos de los Trabajadores [ver aquí la noticia]con un decálogo de medidas a fin de que se pongan en marcha a partir de la próxima legislatura.

Alguien puede pretender que la política acerca de las condiciones de trabajo se pueda realizar al margen o sin tener en cuenta a los propios trabajadores. Estos cuatro años del PP son la prueba máxima. Sin embargo, puede existir también el peligro desde otras posiciones que pueden creerse que con legislar desde el parlamento basta para dar la vuelta a la tortilla. Un viejo jacobinismo (y leninismo histórico) lleva a pensar que actuando exclusivamente desde “lo político”, se van a resolver tales problemas. Legislar sobre las 35 horas, por ejemplo, sin tener en cuenta la complejidad, diversidad y caos del actual mercado de trabajo y al margen de las dinámicas sindicales es a lo mejor caer en el vicio ya conocido de que las elites políticas resuelven por sí mismas las cuestiones relativas a los trabajadores. La experiencia francesa (la ley Aubry) de hace quince años debe ser reflexionada y debatida para no caer en lo que a lo mejor fueron errores a la hora de no entender cómo estaba configurado el tejido industrial y económico en estos momentos de globalización. Y eso, a la altura de estos tiempos, es un inmenso error.

Recomendable: Paco Rodríguez de Lecea, Carta de derechos de los trabajadores.

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