Perspectiva después del 27S

Foto: Quique García

Por Francisco FLORES TRISTÁN

Varias consecuencias se pueden derivar de las elecciones catalanas del 27 S. Para mí el resultado más sorprendente por inesperado es el de “Catalunya sí que es pot”. La marca auspiciada por Podemos en Cataluña, a la que algunas encuestas daban 17/18 escaños por delante del PSC, se ha quedado al final en 11, los mismos que el PP y 2 menos que Iniciativa, uno de sus componentes, en las anteriores elecciones. Esto significa que no solo no han sumado al incluir  a Iniciativa, Podemos, Proces constituent, EUiA… sino que han restado (2 menos que uno de sus componentes). Esto se ha podido deber, como dijo Iglesias, a que no han querido entrar en la polarización entre Independencia Sí/no y han querido resaltar más los problemas sociales. Ha podido influir también la escasa presencia de los líderes catalanes  más conocidos, especialmente los procedentes de Iniciativa, pero yo creo que el factor principal de su fracaso ha sido su ambigüedad; en unas elecciones marcadas por la independencia como elemento central de discusión uno no puede no tomar partido o remitirse al “derecho a decidir” que es como decir “lo que diga la asamblea”. De acuerdo, seguro que será lo que diga la gente pero… yo ¿qué les propongo, que creo que es mejor? Un partido está para proponer alternativas, el someterse a lo que diga el electorado se presupone en una Democracia. Pues bien solamente le he oído a Iglesias decir que ellos propondrían votar No en un hipotético referéndum… dos días después de las elecciones… Demasiado tarde. La ambigüedad ha sido tal que ha posibilitado que en las tertulias de la noche electoral, algunos independentistas los incluyeran como votos para el sí. Pero lo más importante de estos resultados son las consecuencias para el futuro. El proyecto Podemos queda bastante tocado para el futuro, para las inminentes elecciones generales en las que puede quedarse muy lejos de sus expectativas.

            Todo lo contrario le ocurre a “Ciudadanos”. Han roto el techo que les auguraban las encuestas (en torno a 21/22) alcanzado los 25 escaños. Al revés que Podemos y sus aliados, se han presentado con un programa claro, sin complejos al defender la integración de Cataluña en España. Muchos han echado de menos esta defensa por parte de la Izquierda. España no es solo el país casposo de los Rajoy, Aguirre y de Franco; también es la España de la República, de Antonio Machado, de Lorca, de Azaña…  Ciudadanos ha logrado movilizar al electorado del cinturón rojo de Barcelona, a muchos que no solían votar en las Autonómicas y sí en las generales, un electorado que otrora votaba al PSC y al PSUC y ahora se ha ido a Ciudadanos. Y no ha podido ser por las propuestas neoliberales de esta fuerza política sino por su imagen de partido que rechaza la corrupción y que quiere reformas pero dentro de España. Este resultado les potencia para conseguir mayores objetivos en las próximas generales.

            El PSC ha retrocedido 4 escaños pero ha aguantado mejor de lo que muchos esperaban. En el pasado reciente ha sido el paradigma de lo que antes comentaba, cierta ambigüedad calculada en el tema de la unidad de España que no le ha impedido desangrarse en un escisión que ha llevado a importantes ex dirigentes del mismo, como Ferrán Mascarell y Germá Bel a las listas de “Junts pel si”. No es extraño que algunas encuestas les dieran 12 escaños. El PSC no obstante ha reaccionado… tarde pero ha reaccionado posicionándose más claramente en contra de la independencia; este posicionamiento unido a la moderación y cercanía de Iceta han podido influir en minimizar pérdidas lo que contribuye también a mejorar las expectativas del PSOE de cara a las generales. Lo contrario le ocurre al PP que optó por la contundencia de García Albiol. Me da la sensación que sobre todo la presencia de Rajoy en la campaña ha servido más para ahuyentar votos hacia Ciudadanos que para recogerlos. La pérdida de 8 escaños dejando al PP solo por delante de la CUP hacia presagiar una batacazo  del PP en las próximas generales.

            En cuanto a los partidos nacionalistas, UDC ha desaparecido del mapa electoral, algo más o menos predecible. Han sido siempre la muleta de Convergencia. Quizá si hubieran abandonado la coalición antes, cuando Mas comenzó a despeñarse por la pendiente independentista, hubieran podido conservar el voto de la burguesía catalana más moderada pero estaban en el Gobierno de Mas hasta hace tres telediarios; otros que han reaccionado demasiado tarde. “Junts pel sí” es una lista unitaria integrada sobre todo por Convergencia y Esquerra pero también por otros pequeños partidos como “Demócrates de Catalunya” (escisión independentista de Unió)  MES (Moviment d’Esquerres, escisión independentista del PSC), por movimientos sociales independentistas como ANC y Omnium cultural y por independientes como Lluis Llach o Pep Guardiola. Si contamos solo votos y escaños, la lista unitaria ha sido un mal negocio pues la suma de CIU y Esquerra en el anterior Parlament era de 71 escaños. Han perdido por tanto 9 diputados, la mayoría de los cuales los ha recogido la otra candidatura independentista, la CUP, fuerza ascendente que suma 7 escaños más a los 3 que ya tenía. ¿Cómo es posible que una candidatura tan radical que quiere sacar a Cataluña no solo de España sino también del euro, de la OTAN e incluso de la Unión Europea haya cosechado tal victoria? Aunque habrá que analizar los datos con más sosiego mi primera impresión tras una primera visualización del mapa electoral catalán es que la CUP no consigue sus mejores resultados en la Cataluña obrera sino en el mismo granero que el nacionalismo más clásico de Junts pel sí, incluso en la Cataluña rural. Esto me hace pensar que recogen más un voto de la clase media nacionalista, perjudicada con la crisis (en un papel parecido al de Podemos en el resto de España) pero que rechaza tanto los recortes del Gobierno Mas como la corrupción de la familia Pujol y del 3%.

            Por último ¿Cómo puede evolucionar el futuro de Cataluña? De momento el proyecto de declarar unilateralmente la independencia queda seriamente averiado. A pesar de que Junts pel sí insista en que ellos siempre hablaron de mayoría de escaños y no de votos, la realidad es que por sí solos tampoco obtienen esa mayoría; necesitan de los escaños de la CUP que siempre, incluso antes de las elecciones, consideraron que no habría legitimidad para declarar la independencia (en esto se mostraron más razonables que Mas) si no se alcanzaba “mayoría de votos”. Las declaraciones de Baños tras las elecciones no dejaban lugar a dudas considerando que el plebiscito como tal no lo habían ganado los independentistas. Por otra parte la primera papeleta para el nuevo Parlament es la elección de President. Artur Mas es el candidato de Junts pel sí pero necesita los votos de la CUP que han anunciado por activa y por pasiva que no le van a votar. Es posible que la presión sobre la CUP sea irresistible tras la inoportuna actuación del poder judicial y la Fiscalía imputando a Mas por la consulta del año pasado y ayudándole a considerarse un mártir del independentismo.  Es posible que al final, después de una o dos votaciones, la CUP acabe votando a Mas… pero lo dudo porque sería como tirar a la basura  los votos que han conseguido precisamente al no mezclarse con los campeones de los recortes y la corrupción en Cataluña. Más probable me parece que acabe siendo Presidente Raul Romeva, lo que puede crear tensiones en Convergencia.

            Pero lo más preocupante es la permanencia del conflicto. Los independentistas no han ganado en votos pero son más de un 47%, la mitad del país. Y lo peor es que, si la cosa sigue así, si no hay cambios, mañana pueden ser el 51 o el 54%.  ¿Qué se puede hacer? Desde luego lo peor que puede ocurrir es que siga Rajoy al frente del Gobierno de España después de las próximas elecciones generales. Ya sabemos lo que se puede esperar de su Gobierno, ninguna idea nueva, ningún conejo de la manga, solo amenazas, como la reciente reforma legal del TC, que muy posiblemente serian incapaces de ejecutar a la hora de la verdad. Su actitud permanente es “dejar pudrir los conflictos” o como el mismo dice, “dejar que baje el suflé”. Ojalá un Gobierno de distinto signo fuera capaz de seducir a los catalanes y presentarles una reforma constitucional aceptable para ellos (o para la mayoría de los mismos) y al mismo tiempo aceptable para el resto de España. Sin embargo tengo serias dudas de que eso se pueda conseguir si no se produce un referéndum en Cataluña que hoy por hoy rechazan las dos grandes fuerzas políticas españolas. Se trataría de un referéndum previo a una reforma constitucional, de carácter consultivo pero cuyo resultado, si se alcanzara una mayoría reforzada, se comprometerían las fuerzas políticas a tener en cuenta en la posterior reforma constitucional, todo ello en la línea de lo defendido hace tiempo por Rubio Llorente y reiterado recientemente por Odón Elorza.

            Existen dos razones importantes en favor de celebrar ese referéndum. Una es que hoy por hoy sería muy difícil que las fuerzas independentistas y soberanistas aceptaran no celebrar esa consulta. Y ya hemos visto que hoy son un 47% pero pueden ser muchos más; y si contamos los partidarios de celebrarlo se podría alcanzar el 70 /80% de catalanes. La segunda es el precio que habría que pagar si no hubiera tal consulta. Estoy convencido que si se celebrara una consulta con un debate previo sobre las ventajas e inconvenientes de la separación, con garantías para todas las opiniones y donde se decidiera claramente sobre la independencia, la mayoría de los catalanes se inclinarían por seguir unidos a España. Pero es que la otra opción sería subir tanto el listón de concesiones  que pudiera ocurrir que el resultado, sin ser totalmente gratificante para los nacionalistas catalanes, produjera grave quebranto al resto de España. Seamos claros… Creo que a la mayoría de los españoles no le importa mucho que los catalanes se consideren o no una nación; No creo que sea nada fácil explicar la diferencia semántica entre el término “nación” y el término aceptado en la Constitución de “nacionalidad histórica”. No podemos enredarnos en discusiones metafísicas. Lo importante es lo que ello implica. Concretemos. Si el término “nación solo implica admitir que  existe una diferencia o identidad específica como es el caso de la lengua, ciertos aspectos culturales o políticos singulares, etc. esto no plantearía mayores problemas. Pero es que en la práctica esto ya existe. Cataluña tiene una Policía autonómica propia y una autonomía clara en el terreno cultural y lingüístico. El conflicto se plantearía en el terreno económico que es a lo que se refiere casi todo el mundo cuando habla de un federalismo asimétrico o cuando se habla (incluso Pablo Iglesias) del error del “café para todos”. Al parecer es mejor, café para algunos y achicoria para el resto. Si el término “nación” implica tener un sistema fiscal especial que haga pagar a Cataluña tan poco a las arcas comunes como pagan actualmente los vascos, esto sería inaceptable para el resto de las Comunidades Autónomas porque pondría en grave riesgo el estado de bienestar en el conjunto de España y haría descansar el peso de los ingresos sobre los territorios menos favorecidos. Cuando estamos oponiéndonos al egoísmo de ciertos sectores en los países del Norte de Europa que no quieren contribuir con sus impuestos a ayudar a los más desfavorecidos del Sur no podemos permitirnos admitir que ocurra lo mismo en el interior de cada país entre las regiones ricas y las pobres.

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