Pensar con otra lógica

Foto flickr somnambulist gypsy dancer in the rain

Por Carlos ARENAS POSADAS

En días pasados, dos personas, el inglés Owen Jones y el uruguayo José Mújica, me han inspirado las líneas que siguen. El primero, a través de su escrito “Hacer posible la aspiración”, [leer original en Class], introduce una sugerente aportación al respecto de tal concepto, para decirnos que al igual que el ánimo de lucro y la codicia han sido la “aspiración” burguesa en todo tiempo y lugar,  es llegada la hora de que la izquierda se apropie del mismo para darle un sentido colectivo en nombre de la inmensa mayoría.

En el pasado, las aspiraciones de las clases populares han sido canalizadas a través de los dos partidos herederos del marxismo, por aquellos que confiaban en el Estado propietario, la vía soviética, y por aquellos socialdemócratas de primeras, segundas y terceras vías que confiaban en su capacidad para repartir benévolamente las ganancias de productividad del capital. El resultado en ambos casos han sido rotundos fracasos históricos.

Por eso, se pregunta el propio Jones: los objetivos pueden que estén  claros  pero ¿cómo alcanzarlos? Y aquí llega  José Mújica, que estos días ha estado en España paseando su bonhomía, para decirnos que la verdadera revolución hay que hacerla en la cabeza de cada uno de nosotros, que hay que pensar con otra lógica. Quiere decir que no hay cambio político y social posible sin que la gente haga lo posible por querer ser protagonista de la historia, por transformar la pesadumbre fatalista en un optimismo que permita confiar en que las cosas pueden y deben cambiar, e implicarse para que cambien.

La lógica de Mújica tiene dos caras: una, el problema de la desigualdad y la infelicidad es un problema de la entera humanidad, por tanto se requieren gobiernos mundiales, más allá de las fronteras, que organicen la producción y la distribución de los recursos  a escala planetaria; dos; la revolución personal  a la que alude tiene que venir de la mano de la sobriedad, de romper con la lógica vigente que consagra el fetichismo de la mercancía en detrimento de valores que no son de mercado como el disfrute del tiempo libre, el ocio creativo o la libertad.

Estando de acuerdo con Mújica en que hay que pensar con  otra lógica, me parece que sus bienintencionadas propuestas  no son realistas. Dándolas por válidas, ni un gobierno para la humanidad ni un cambio de valores personales van a generarse espontáneamente sin ser forzados por la acción política  de una izquierda que haga hegemónica esa otra lógica capaz de canalizar las aspiraciones populares.  

Owen Jones apunta cosas interesantes al respecto de esa lógica transformadora y de una nueva izquierda pero, al menos en el texto de referencia, no extrae todo el jugo que debiera a sus ideas. ¿Cuándo habla de construir viviendas desde el poder municipal,  de crear bancos públicos, de universidad para todos, de apoyar a autónomos y a la pequeña empresa, de combatir el fraude fiscal,   de usar el poder colectivo en beneficio de las clases trabajadoras y de las clases medias empobrecidas por crisis y por la salida austericida a la misma, de qué está hablando?

Está hablando de acumular capital colectivo en todas sus modalidades; capital político desde plataformas próximas al ciudadano para multiplicar la capacidad de interlocución; capital financiero mediante bancos que funcionen en beneficio de la colectividad y no de los accionistas; capital humano y cultural para que la empresa demuestre de verdad su responsabilidad social y para que la educación deje ser instrumento de la reproducción del sistema;  capital social para que las relaciones personales sean aquellas en las que el interés egoísta quede satisfecho con el beneficio colectivo.  

En definitiva, lo que está diciendo Jones, sin mencionarlo, es que la hoja de ruta de las políticas de izquierda debe dejar de tener como prioridad exclusiva la tentación keynesiana de repartir mejor el producto del capital para poner la atención en intentar distribuir el capital mismo en todas sus facetas.  Eso sí es pensar con otra lógica.

Si la expresión “!Enriqueceos!” pronunciada por François  Guizot en la Asamblea francesa en 1843  vino a significar la confirmación de unos cambios normativos que facilitarían en adelante las aspiraciones individuales burguesas, la izquierda de hoy debe apoderarse de la consigna para darle a esa aspiración un sentido colectivista. Apropiarse del capital no es tan difícil, basta con establecer una estrategia política seria y coherente que se lo proponga.  Mucho más difícil es seguir sacando virutas del capital privado y de sus testaferros políticos.

Anuncios