La barca y el timonel

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Por Javier ARISTU

Las cosas en el área de las izquierdas españolas —hay que empezar a hablar ya en plural— evolucionan pero no se sabe en qué dirección y hacia dónde.  A día de hoy un resumen de la situación puede ser este:

  1. Podemos sigue configurándose como la marca electoral dominante para las próximas elecciones generales. Pero Podemos no quiere verse impregnado de la seña de identidad de la izquierda. Es un partido transversal, nacional popular, de toda la gente, según sus propios dirigentes. Podemos es y no es el eje de la renovación de la izquierda, lo cual nos lleva a una paradoja sin salida.
  2. En el PSOE se adivina —porque en la política española casi nada es explícito— un conflicto soterrado e interno entre su secretario general Pedro Sánchez y la dirigente andaluza Susana Díaz acerca de la estrategia postelectoral y el papel del PSOE en este mapa en ebullición de la política española (y europea). ¿Pactaría con Podemos de existir esa posibilidad? ¿Lo haría con Ciudadanos? ¿Cuál es la estrategia de fondo de un partido como el PSOE? Adivinos hacen falta.
  3. Izquierda Unida se rompe o va camino de desaparecer, si no cambian las circunstancias de aquí a poco. Las elecciones europeas, la ausencia de este partido como tal en candidaturas municipales claves de este año, además de la iniciativa tomada por su dirigente Alberto Garzón y el núcleo del PCE —decisivo hasta ahora en la orientación estratégica de la formación— de diluirse en candidaturas de Ahora en Común para formar un tándem electoral con Podemos, hará que en enero de 2016 IU sea un referente desaparecido en combate.
  4. A comienzos del verano pasado nació la iniciativa Ahora en Común, por ellos mismos definida como candidatura de la gente y para la gente, y donde, siempre y todo al parecer, Alberto Garzón y un sector hegemónico de IU asientan sus reales con otras personas independientes y grupos de activistas. da la impresión aunque no responda a toda la verdad de que esta plataforma está hecha al servicio de AG.
  5. La decisión —tampoco sabemos hasta dónde puede llegar— del anterior dirigente de IU Gaspar Llamazares, y de su corriente-partido Izquierda Abierta, de formar una candidatura electoral con determinadas personalidades cívicas (Baltasar Garzón, Cristina Almeida, Federico Mayor Zaragoza, Carlos Jiménez Villarejo, Beatriz Talegón) hace inviable también, por razones legales y políticas, la viabilidad de IU como continente electoral. Y tampoco sabemos hasta dónde puede llegar dicha iniciativa.
  6. En Madrid una parte sustantiva, al parecer, de la antigua dirección de IU de la Región madrileña, más militantes de la misma “expulsados” de IU federal (más de 5.000) pretenden también afrontar la batalla electoral con una candidatura distinta. Y ya van cuatro.
  7. Por la periferia y comunidades autónomas españolas la diversidad es también digna de contar. En Galicia, País Valenciano, Aragón y otras comunidades y regiones la fiesta adquiere características diferentes, según quién posea la hegemonía dentro del núcleo fermentador.

Por otro lado, y mirando más al horizonte, las cosas en Europa se mueven a veces y otras permanecen estancadas.

En Grecia, las elecciones del próximo domingo nos dirán en qué ha quedado el papel de Syriza y Tsipras aunque adelanto que, sea o no el primer partido en votos, Syriza seguirá siendo al día de hoy la opción mayoritaria de los sectores de izquierda y populares en Grecia. Ni la Unidad Popular escindida del partido ni el Pasok le van a hacer sombra. Uno no entiende por ello que nadie de IU ni de otras izquierdas salvo el sector dirigente de Podemos, haya seguido manifestando el apoyo, aunque fuera crítico, a Tsipras y lo que él significa para una recomposición de la izquierda en Europa. No se puede ir todas las semanas a Atenas y fotografiarse con Tsipras y luego huir de él como de un apestado. Los bandazos se pagan caro en política.

En Gran Bretaña se ha producido un revolcón importante de las clásicas posiciones del laborismo. Jeremy Corbyn, ya lo hemos dicho en anterior entrada, es un veterano dirigente de la izquierda laborista, nunca ha sido hegemónico en ese partido, más bien al contrario, pero en su elección ha sido capaz de movilizar a las viejas culturas laboristas (sindicales, las comunidades locales, los activos culturales que todavía quedan en esa isla) y a los nuevos segmentos sociales juveniles descontentos con el stablishment. Es difícil al día de hoy adivinar qué pasará con este movimiento de renovación social, cultural e ideológico de la izquierda británica pero su simple existencia demuestra dos cosas: una) que dentro de la sociedad británica también se estaba cociendo un  afán de cambio cultural y de ganas de participación política en la sociedad; y dos) que también dentro de la socialdemocracia es posible encontrar resortes que colaboren en esa adaptación de la política a las nuevas necesidades, que los partidos socialistas no son el demonio como un inconsciente sector de la izquierda europea sigue transmitiendo.

En Francia las cosas permanecen más o menos como antes: un partido socialista tratando de navegar entre las políticas de control del gasto público y las demandas sociales a partir de políticas estrictamente gubernamentales, y una izquierda radical que sigue transmitiendo lecciones de cómo hacer las cosas pero sin hacerlas ella. Súmese, para más inri, la posible ruptura o divergencia entre el Partido de la Gauche (Melenchon) y el área del partido comunista francés (Pierre Laurent).

En Italia, la deriva conservadora y tecnocrática del Partido democrático de Renzi está llevando a una polarización y multiplicidad de protagonistas, grupos y grupúsculos de izquierda sin orientación clara ni fuerza, todavía, para configurar nada alternativo. Como en España, como en Francia, como en muchos otros países, también en el país de la bota las izquierdas diversas y resultado de las viejas correlaciones andan o a la greña o sin saber qué hacer.

Y, mientras, Europa sigue su progresivo y a veces veloz camino hacia…no se sabe dónde. El caso griego —que es la demostración del papel de las políticas financieras y económicas— más la actual oleada inmigratoria la ha puesto ante una coyuntura decisiva: o es capaz de resolver de forma adecuada y unitaria, como instancia política coherente, estos asuntos o Europa está condenada a fracasar como experiencia política contemporánea. Algunos ya lo dan por supuesto; yo prefiero seguir dando una oportunidad a la capacidad política de los dirigentes europeos y de los partidos de la izquierda europea. Aunque me baso más en la fe que en el convencimiento racional a partir de las pruebas empíricas.

Y así estamos, en un océano de profundas contradicciones y conflictos sociales a nivel global, navegando en una pequeña barquichuela española llamada Izquierda donde sus navegantes se pelean por cómo remar, con qué rumbo y quién debe manejar el timón del chinchorro.

Francamente, dan ganas de quedarse en tierra y que se jeringuen la chalupa, sus tripulantes y el que lleva el timón.