El renegado Tsipras

Foto: European Union 2014 - European Parliament.

Por Javier ARISTU

Me fui de vacaciones y existía Europa, vuelvo de las mismas y Europa ha dejado de existir.

Así lo deduzco tras leer algunos artículos y entrevistas de diversos y distintos dirigentes y líderes de la izquierda llamada radical o alternativa. Europa ya no es terreno de contraste político y social, el marco de la Unión no merece que “la verdadera izquierda” esté en la misma. Salgámonos y creemos, fuera de Europa, la mejor de las sociedades posibles. Antes el horizonte se llamaba Grecia, Syriza y Tsipras. Ahora esos nombres son malditos, nos han traicionado, han tirado por la borda el encargo que desde nuestros países les habíamos asignado a los griegos: resistir, resistir, resistir, incluso a costa de sus propias vidas, pensiones y patrimonios. El antes revolucionario Tsipras ha pasado a ser un  traidor transformándose en el camino en un reformista de medio pelo. Un economista inteligente pero sin ninguna experiencia política llamado Varoufakis ha pasado a ser el nuevo referente de esa izquierda que sin querer nunca gobernar dice cómo hay que gobernar. Varoufakis es recibido de fiesta por un personaje tan indefinible como el ex ministro socialista francés Montebourg. Oskar Lafontaine, un histórico de la socialdemocracia alemana y líder espiritual de la izquierda alternativa de ese país, proclama que hay que romper el euro y volver a un “sistema de monedas europeo” y devolver a las naciones-estado su soberanía. Owen Jones, otra joven esperanza blanca de la izquierda británica (y magnífico ensayista y polemista, por cierto) proclama la necesidad de que la izquierda laborista británica lidere el abandono de la Unión. Garzón, nuestro líder del 4 por ciento, dice que había otras alternativas a lo hecho por Syriza en Grecia. Como la canción de Mina: parole, parole, parole…

El desconcierto es generalizado, el afán de romper el paradigma europeo está ya mimetizado en los cromosomas de esta vieja-nueva izquierda que corre más que piensa, que ataca más que propone, que da lecciones más que tomarlas. Ya he dicho en estas mismas páginas que una parte del gran déficit de la izquierda europea es no haber apostado desde el principio por el proyecto de unidad europea, precisamente en los años que siguieron a la segunda guerra europea. De aquellos polvos estos lodos. Nuestra izquierda alternativa es profundamente antieuropea, vístase como se vista, y esa naturaleza le impedirá configurar un auténtico y consistente proyecto político para Europa.

¿Cuál es en mi opinión el gran error de esta vieja-nueva izquierda antieuropea? Confundir los dos niveles en los que hoy se está desarrollando la transformación estratégica de nuestra sociedad: por un lado, la mutación del capitalismo de tipo industrial y nacional (o al menos inter-nacional) en algo global, absolutamente desconocido y basado en nuevos modelos de creación abstracta de valor; y por otro, la transformación del diseño inicial de unidad europea en una arquitectura política al servicio precisamente de lo anterior. El problema para la izquierda no es, por tanto, la cuestión europea en sí sino la dimensión nueva de ese capitalismo globalizado que está desmontando las bases de la convivencia social racional y que repercute sobre nuestro espacio europeo. Propiciar el abandono de Europa es ni más ni menos que abandonar el combate y pretender resolver la mayor (la globalización del capital) con el arma menor (el estado nación).

Más interesante e inteligente es asumir la batalla europea con todas sus consecuencias: apostando por más Europa. Tratando de construir, sin duda, otro modelo institucional y político que dé respuestas a las necesidades históricas con la primacía de otros principios. El partido sin duda lo está perdiendo de momento Grecia y los sectores de izquierda; la derecha y el conservadurismo europeo siguen metiendo goles. Es una batalla difícil y muy desigual. Pero uno no está seguro de que saliendo del campo de juego se pueda ganar el partido.

Vivimos momentos históricos donde la complejidad y la diversidad de situaciones y de perspectivas exigen también a su vez diversidad y multiplicidad de soluciones. No valen ya los discursos totalizadores y compactos, como de granito. El caso de Grecia está destapando, una vez más, ese discurso descalificatorio (“Tsipras, el traidor”), basado en clásicos anatemas, en ilusiones ópticas y en cánticos de guerra…que luego quedan en desafinamientos y cantos fúnebres. Mejor nos iría a todos los que no nos gusta este concreto modelo europeo hegemonizado por la Alemania merkeliana si fuéramos capaces de entender que lo que está pasando en nuestras vidas responde en gran medida a causas situadas más allá de Europa y que solo podremos salir de esta crisis con un proyecto europeo más reforzado en lo político, en lo económico y en lo institucional.

Sobre el caso de Grecia y “el traidor Tsipras” (¿se acuerdan de aquello de “el renegado Kautsky”?) recomiendo los artículos de hoy de dos amigos sabios:

Paco Rodríguez de Lecea: Temblor de piernas.

José Luis López Bulla, ¿La traición de Tsipras, dice usted?

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