Abusones

Foto flickr Melbourne Streets Avant-garde

Por Juan JORGANES

El Parlamento griego ratificó el acuerdo con los países de la UE presentado por el jefe de Gobierno Alexis Tsipras. Los titulares de la prensa española coincidían en que lo aceptado por Tsipras era mucho peor que la penúltima propuesta rechazada, que había llevado a un referéndum en el que ganó el no promovido por el Gobierno griego. El establishment de los media había apoyado el sí unánimemente, aunque todos hubieran preferido que ese referéndum no se hubiese convocado. En primera, en titulares interiores o en artículos de opinión no dejaron de utilizar el verbo claudicar o el sustantivo claudicación. Los adjetivos dedicados a Tsipras no pasarían la criba del horario infantil.

-¿Por qué hablamos de acuerdo si lo llamamos claudicación?

-Nueva especialidad europea.

La retórica clásica distinguía entre argumentum auctoritatis y argumentum baculinum. La argumentación a palos dejó en el siglo XX europeo millones de muertos; en el siglo XXI, millones de pobres. La auctoritas vigente -financiera, por supuesto- se manifiesta a través de instituciones diversas. Aunque reconocido el demos como raíz de la democracia, quien más ordena dicta desde el Fondo Monetario Internacional o desde el Banco Central Europeo. No falta tampoco en el dictado la Unión Europea. Tres instituciones distintas que, cuando se manifiestan como la troika, se convierten en un único dios verdadero que no diferencia entre auctoritas y baculinum.

Ya en el colegio aprendimos a identificar a los abusones: siempre confundían baculinum y auctoritas.

Como todavía soñamos, van estas palabras de Conrado Varela, maestro en la ficción de Fulgencio Argüelles: “La solidaridad, esa cuerda que nos ata unos a otros y que nos posibilita para avanzar hacia una orilla más justa”. Como todavía cantamos, va esta copla de Chicho Sánchez Ferlosio: “Fuera el abuso,/ fuera los abusones/ y quien los puso”.