El hundimiento

Por Francisco FLORES TRISTÁN

“En el  día de hoy cautivo y desarmado el pueblo griego ha alcanzado la oligarquía europea sus últimos objetivos. La guerra ha terminado”.  Cada vez que pienso en Grecia me viene a la memoria el último parte de guerra  de Franco. La desesperación de los griegos me recuerda a los desgraciados republicanos hacinados en Alicante esperando un barco que nunca llegaría y que acabarían en el campo de concentración  de Albatera (los más afortunados, a otros  les esperaba el paredón). Sé que es un poco exagerado en cuanto a las condiciones reales y materiales pero no hay mucha diferencia respecto a la frustración de las esperanzas fallidas no solo para los griegos sino para muchos europeos, especialmente del sur, que han visto en Grecia el espejo  de sus anhelos.

Hace un par de semanas en esta misma página expresaba mis dudas sobre  la maniobra de Tsipras convocando el referéndum. Tres días después, en la noche del domingo, pensé que me había equivocado y me contagié del entusiasmo de mis hijos, eufóricos por la victoria del oci. Hoy, pasados ya diez días desde el referéndum el panorama no puede ser más desolador. Grecia está hundida, Tsipras derrotado y Schauble, este particular Perry Mason alemán más vengativo que sagaz, totalmente eufórico. Pero por muy hundidos que nos encontremos, porque lo de Grecia nos afecta a todos, hay que analizar lo ocurrido e intentar extraer alguna lección de futuro. Se me ocurren a bote pronto algunas conclusiones:

  • Alemania y sus soluciones basadas en la austeridad han salido reforzadas de esta crisis. Durante el último año parecía que daba un poco su brazo a torcer cediendo con desgana a la insistente reclamación de Francia, Italia e incluso los EEUU de Obama de que hay que compatibilizar las “reformas” (Léase “recortes”) con las políticas de crecimiento. De ahí su aceptación del Plan Juncker y de un cierto fortalecimiento de la unidad fiscal, financiera y política aunque con plazos muy alargados. Las opiniones de muchos analistas de esta crisis van en el sentido de que la mayor enseñanza de la misma es la necesidad de fortalecer la Unión  para hacerla más europea y menos alemana. Pues… puede que sea cierto pero, después de este triunfo, no creo que Schauble y Merkel tengan muchos estímulos para cambiar, al menos hasta que la falta de crecimiento promovida por la austeridad no lleve sus consecuencias negativas también a Alemania por el descenso de la demanda de la Europa del sur.
  • No hemos visto funcionar un contrapeso eficaz en Europa al poder de Alemania. El “Eje franco-alemán” que protagonizó el nacimiento del Mercado Común ha sido sustituido por un “eje germano-alemán” (Sic). A la Sra. Merkel no hay quien le tosa. Renzi ha estado desaparecido durante la crisis. El único que ha intentado mediar, pero con una prudencia creo yo que excesiva (para no molestar a la Señora), ha sido Hollande. No obstante en honor a la verdad creo que si Hollande no interviene, Schauble hubiera enviado a Grecia fuera del euro.
  • Lo más lamentable de toda esta crisis me ha parecido el papel de la izquierda europea. Lo mejor que se puede decir es que la Izquierda europea en realidad no existe. Especialmente penoso me ha parecido el papel de la socialdemocracia alemana personificada por la actuación del Presidente del Parlamento Europeo, Martin Schultz y por el Vicecanciller alemán Sigmar Gabriel. Ninguna diferencia con el trato dado a Grecia por Merkel; si acaso a veces hasta peor, no sé si para hacer méritos. Supongo, espero que habrá gente dentro del SPD que no estarán de acuerdo con esta actuación, puede que incluso estén avergonzados pero de momento no se les ve ni se les oye. Pero los Verdes no han estado mucho mejor. También han hecho mutis por el foro. Y respecto al resto de la Socialdemocracia tampoco ha sido capaz de tener una voz propia que moderara la voracidad de las Panzerdivisionen    Hay que recordar que uno de los negociadores más duros, cuya intervención en la noche del viernes 3 de julio al parecer  fue una de las más provocadoras y de las que más contribuyeron a la “espantada” de Tsipras, fue el holandés presidente del Eurogrupo Jeroen Dijsselbloem que es… ¡miembro del partido socialista holandés! ¡Toma del frasco, Carrasco!  Las fuerzas situadas más a la Izquierda han verbalizado su solidaridad con Grecia pero no han pasado tampoco de algún acto público testimonial  (alguna concentración en Sevilla y otras ciudades españolas, una manifestación en Berlín de “Di Linke” relativamente concurrida…) no han sido capaces de ejercer una acción coordinada y eficaz que despierte las conciencias europeas. Lo mismo podríamos decir de los Sindicatos; ya ha comentado López Bulla que la actuación de la CES ha sido inexistente.
  • En Grecia es donde la situación es lógicamente más penosa. Lo ocurrido desde el día del referéndum, domingo, 5, hasta el acuerdo de la noche del domingo 12 al lunes 13 ha sido como la reedición del Armisticio de Compiègne y el Tratado de Versalles. Los alemanes hablaron en aquel entonces, en 1919 de “Diktat”. Pues esto es lo que han hecho ellos con Grecia. Y Grecia… no tenía escapatoria. Igual que el gobierno provisional alemán que sucedió al Káiser no tenía más remedio que estampar su firma en Versalles, igual le ocurría a Tsipras en esta semana fatídica. Tsakalotos, el nuevo ministro de Economía griego, ha dicho que no podían hacer otra cosa… y yo le creo.  Sin embargo, con todo el  dolor que nos produce la humillación del pueblo griego, creo que antes del referéndum sí se pudo haber hecho algo. Creo que el principal error del Gobierno de Syriza ha sido no haber sabido hacer amigos, crear aliados, configurar un frente anti-austeridad acercándose más a Italia y Francia. Quizá no les ha sido posible pero creo que esa actitud algo prepotente, como el gato provocando al tigre, no les ha beneficiado. Y probablemente en ello Varufakis ha tenido un papel relevante. Quizá su dimisión se tuvo que producir antes.  No discuto sus méritos como economista pero esto no basta para una negociación. Creo que fue Clemenceau quien dijo que “la guerra era un asunto demasiado importante como para ponerla en manos de los militares”… Pues yo diría lo mismo sobre la economía.  Pero además, cada vez me parece más claro que la ruptura de la negociación el viernes 3 seguida de la convocatoria del referéndum fue un error.  Quizá Tsipras no había oído aquella máxima de Berlinguer del “culo di ferro”, de no levantarse el primero y de negociar hasta la extenuación, hasta cansar al enemigo. Como mínimo, de haberlo hecho así se habría podido conseguir un acuerdo similar al firmado en la mañana del 13 pero algo mejor; al menos no habría habido la creación del fondo de privatizaciones que en la práctica enajena la soberanía del estado griego sobre sus activos privatizables. El referéndum planteado como elemento de presión ha sido un absoluto fiasco. No solo no ha conseguido ablandar la postura de la contraparte sino que la ha endurecido. Grecia ha sido mucho más débil después que antes del referéndum.

¿Y ahora qué? El problema mayor es que la solución adoptada se parece tanto a las precedentes que lo previsible es que acabe en otro gran fracaso y, dentro de unos meses, Grecia esté en la misma situación que hoy pero con más recortes. Quizá la única salida que tiene Tsipras, o quien le suceda al frente del Gobierno, es aprovechar el referéndum para formar un Gobierno de concentración nacional siempre que ese Gobierno tenga como objetivo hacer reformas (no confundir con recortes) que den solidez al Estado. Me refiero a una reforma fiscal que persiga el fraude y por tanto allegue más recursos al Estado, acabe con los privilegios de la Iglesia haciéndole pagar impuestos y reduzca el gasto militar. Quizá esto le daría autoridad moral dentro y fuera del país y le permitiría, obteniendo la ayuda de Francia e Italia y quizá de un nuevo gobierno en España (ojalá), negociar de una vez una quita de la deuda y un plan de inversiones que impulse el crecimiento económico.

  • ¿Y las consecuencias en el resto de Europa? ¿Y en España? En España creo que lamentablemente lo sucedido en Grecia le da hecha a Rajoy la mitad de su campaña electoral. No hay más que ver lo eufórico que está. Hoy se ha atrevido a salir del Congreso andando saludando a los viandantes… sin peligro de recibir insultos o reproches. En la misma medida Podemos e IU e incluso el PSOE lo tienen algo más crudo. Va a ser necesario demostrarle a los ciudadanos que España es diferente a Grecia, que aquí no se van a cometer ciertos errores y que el programa económico alternativo es sólido y realista y no pretende conseguir lo imposible. Ojo con el efecto Cameron; los partidos de Izquierdas harían bien en abandonar su habitual sectarismo, en dejar de tirarse los trastos y proponer soluciones viables y que puedan ser compartidas  no solo por sus partidarios incondicionales.

Y respecto a Europa, aunque nos pese y ahora no veamos el final del túnel, la

única solución pasa por fortalecer la unidad europea, por hacer que Europa sea más europea y menos alemana. Pero para que haya unidad tiene que haber presión a favor de la misma. Y esta presión no `puede venir sino de quien más está interesado, los países del sur de Europa, los países que más han sufrido con la política de austeridad y recortes, que no reformas. Ojalá en noviembre se pueda formar un nuevo Gobierno en España que pueda dar un impulso a ese eje de países del sur que reclame más unidad y más solidaridad  en Europa. Pero este no `puede ser solo un asunto de países sino de fuerzas políticas europeas. Las Izquierdas europeas deben debatir y apoyar la unidad y la solidaridad. Pero la iniciativa debe partir de las direcciones de los partidos y sindicatos europeos. Se nos ha llenado a menudo la boca de frases bonitas sobre Europa pero se han dado pocos pasos concretos en esa dirección. ¿Para qué sirve el Parlamento europeo si allí las fuerzas políticas no lo aprovechan para debatir e impulsar medidas de unidad y de solidaridad? En este debate no se puede excluir a nadie; deberían estar las izquierdas alternativas pero también los verdes y los socialistas e incluso los sindicatos de la CES. Si se puede sacar algo bueno de todo lo que ha pasado esto podría ser un buen principio.