El pueblo no es culpable

Foto: Yanis Behrakis

Por Carlos ARENAS POSADAS

Ni Barenboim al frente de la sinfónica de Berlín orquesta piezas con tanta armonía y precisión como la campaña de descredito que medios reaccionarios y convencionalmente progresistas como El País o la SER están interpretando contra el primer ministro griego y su gobierno.

La campaña nos viene a confirmar el estado de una democracia europea, española, en la que podemos jugar al “contraste de pareceres” mientras las esencias del sistema están incólumes, pero que el sistema en su conjunto, conservadores y social-liberales (antes llamados socialdemócratas), se te echa visceralmente encima cuando se cuestiona la lógica y los fundamentos del mismo.

Y la lógica del sistema nos dice que, por encima de todo, los acreedores; que las deudas de juego son sagradas aun cuando el acreedor haya perdido la apuesta; que se pueden rescatar bancos en quiebra pero que no se pueden rescatar personas; que hay una Europa de dos velocidades, en la que los pueblos de las regiones del sur deben acomodar a la baja su bienestar hasta ponerlo a la altura de su baja productividad, interpretada la misma de manera racista como incapacidad de dichos pueblos para mejorar. La lógica del sistema es la lógica de la “grosse koalition” entre los partidos del sistema y la de las puertas giratorias con la banca y los fondos de inversión.

La lógica de los pueblos es la de una Unión verdaderamente europea –podemos mirar el  ejemplo de los Estados Unidos de América-,  donde Alemania y Grecia pesen los mismo; donde la estrategia a largo de unos países no condicionen las posibilidades de emerger y prosperar de otros; donde el crédito no suponga cebar la cuenta de resultados de los “ahorradores” a cambio de precarizar la vida de la mayor parte de la población. La lógica que concluye que el pueblo no es culpable; no es culpable del austericidio al que le han conducido las políticas neoliberales, codiciosas y elitistas,  imperantes en los últimos treinta años.

La lógica del sistema dice que los trapos sucios deben lavarse en casa, entre bastidores de las organizaciones comunitarias con interlocutores armados con el catecismo del pensamiento único. La lógica de la gente es que ha llegado el momento de participar directamente, sin intermediarios en los que no se confía, en los asuntos que le atañen: que un referéndum o una marea política ciudadana son métodos adecuados para desmontar la farsa cruel que se representa ante sus ojos.

Y por eso, que Tsipras se haya levantado de la mesa de “imposiciones” para convocar al pueblo griego para que asuma su responsabilidad y conduzca su futuro, se considera alta traición por parte de la tecno-estructura política y financiera que maneja el sistema y los medios de comunicación que de ella depende. Tener en los gobiernos a los acreedores, sí. Consultar a los afectados por deudas ajenas y no auditadas, nunca.

Algunos ratoncitos roedores del sistema, como Rajoy o García Tejerina  han acompañado las órdenes de la Führer Merkel soltando boutades  bastante  gruesas sobre los peligros de las consultas populares, culpando a Tsipras –y no al distinguido Samaras- de la situación en Grecia –, frotándose las manos anhelando que un resultado adverso para Syriza en el referéndum repercuta negativamente sobre el proceso de asunción de responsabilidades políticas por parte de los ciudadanos en España.

Va a ser difícil ante enemigos tan poderosos; pero la suerte está echada: o los pueblos o el hastío.