Municipalismo

Por Carlos ARENAS POSADAS

Se han constituido los ayuntamientos de toda España en los que nuevos y reelegidos alcaldes afrontarán más presencialmente que otros gobernantes las nefastas secuelas dejadas por la crisis económica y las peores aún que dejará el modelo de “recuperación” que se nos viene anunciando, porque la devaluación social y laboral que padecemos, como pronto desde 2008, amenaza con quedarse definitivamente.

A pesar de que sean los ayuntamientos las instituciones más cercanas a la triste realidad presente, tienen en la opinión pública y en sus competencias una consideración menor a las demás instancias de poder que constituyen el Estado.

El Estado como institución fue progresivamente monopolizando a lo largo de los siglos competencias anteriormente repartidas entre clanes familiares e iglesias. Su ratificación como fuente única de poder se produce a finales del siglo XIX, como consecuencia de la crisis del modelo capitalista liberal. Controlar el Estado devino esencial tanto para las corporaciones  militares o burguesas que se formaban por entonces como para el movimiento obrero de inspiración marxista.  En esa pugna, cada Estado fue reflejando el resultado del conflicto de intereses mediante la regulación de la vida económica, las relaciones sociales y la ordenación política. El ejemplo más acabado de Estado interventor fue el que propició en las décadas centrales del siglo XX la mayor etapa de crecimiento económico y de bienestar conocido hasta entonces.

Pero aquello ya es historia; desde 1980 hasta la fecha, el Estado se empequeñece; malvende sus propiedades que eran las de todos; desmantela el estado del bienestar; se abren y cierran las puertas giratorias entre la administración pública y la empresa privada;  claudica ante los prestamistas, abole sus medidas regulatorias para someter sus decisiones a la cuenta de resultados de bancos, multinacionales y especuladores financieros.  El tratado de libre comercio que se negocia en la actualidad entre la Unión Europea y los Estados Unidos que incluye el condicionamiento de las políticas públicas y correctivos contra los gobiernos infractores será el acta de defunción del Estado tal y como hoy lo conocemos.

El Estado hoy es un  rehén del gran capital, de multinacionales, bancos y fondos de inversión. Por eso, las elecciones generales del próximo otoño son importantes para rescatar el Estado de las minorías que lo dominan. Y el rescate se ha de producir desde el municipalismo.  Ya muchos españoles, quizás sin una importante base teórica, lo piensan así dando sus votos a las candidaturas del “nuevo municipalismo”, llámense Mareas, Compromis, en Común o Ahora.

 El municipalismo tiene como primer reto establecer una serie de prioridades entre las que se encuentra como inexcusable acabar con los efectos más lacerantes de la crisis, pero no debe  quedar ahí. El municipalismo debe recuperar al pueblo, a la gente, como sujeto transformador, fomentando su participación en una nueva manera de hacer política desde el compromiso personal, para que cada ciudadano sepa identificar quiénes controlan sus vidas, lesionando sus intereses desde ignotos consejos de administración y quiénes son sus afines para aportar soluciones colectivas. Un paso más allá, el municipalismo deberá construir las instituciones de proximidad para que la gente pueda prescindir de la lógica económica y social impuesta por las grandes corporaciones, con lo cual deberá impulsar un reparto más eficiente de competencias y recursos públicos. Que las “mareas” populares que han ganado las elecciones en muchas ciudades se personen unidas en los comicios generales del otoño será un paso importante en la construcción de un nuevo nacionalismo, de un nuevo país.

Anuncios