Estupores y temblores

Por Javier ARISTU

[releyendo a Amélie Nothomb]

La cercanía de las elecciones generales de noviembre, si no se adelantan a septiembre, y los resultados de las pasadas municipales y autonómicas —a la espera de cómo se resuelvan las investiduras y acuerdos o no para gobiernos de izquierda— ha acelerado la toma de posición de algunos dirigentes de izquierda y ha dinamizado  los procesos en algunos de sus partidos. En IU, Garzón toma un protagonismo decidido en la línea de promover candidaturas unitarias con Podemos; en el partido de Pablo Iglesias se renueva la vieja oposición a éste bajo el llamamiento a un “volver a los orígenes” de esa fuerza [leer manifiesto], donde se expone en 5 puntos un programa que, cuando menos, es sorprendente en lo que se refiere a la política (o inexistencia de la misma) sobre el empleo, por no hablar de otras.

Conste mi sorpresa ante el vaivén de posturas en IU. Un día se dice que Podemos no es de la izquierda guai,  porque expresa una posición oportunista e interclasista, y al siguiente se le está ofreciendo ir juntos en unas elecciones. Garzón afirma una vez que “no hay solución a la crisis si el vaciado ideológico [de Podemos] acaba desembocando en una suerte de socialdemocracia laxa que todavía no asume que ya no tiene cabida en esta Unión Europea” pero a continuación no tiene empacho en decir que “Allí donde han cooperado las gentes de IU, Podemos, Equo, Anova, ICV… y gentes sin afiliación pero con las ideas muy claras, se ha logrado romper la espina dorsal del bipartidismo” [Eldiario.es]. Entre la obsesión con la socialdemocracia y el conjuro de la unidad popular.

Más complicado de entender es la bifurcación de prácticas y declaraciones de estas semanas. Un día leemos que Cayo Lara, el todavía coordinador de IU, y Pedro Sánchez, el secretario general del PSOE, se han reunido y “han llegado a la conclusión de la necesidad de facilitar que los municipios sean gobernados por candidaturas de progreso “siguiendo la cultura de diálogo que PSOE IU han mantenido a lo largo de los años en el ámbito municipal” [El Mundo, 10 de junio]. Ese mismo día, Alberto Garzón, publica en Eldiario.es un artículo insistiendo en la idea estratégica de combatir el bipartidismo, fuente de todos los males. ¿En qué quedamos? ¿Diálogo con el PSOE o bronca con ese partido? Una muestra más chusca de esta errática y contradictoria conducta la tenemos en la ciudad de Sevilla donde IU (y creo que también el grupo Participa Sevilla, inspirado en Podemos) votarán al candidato del PSOE a la alcaldía pero estarán en la oposición. IU, concretamente, afirma que los dos concejales que conforman su nuevo Grupo Municipal “votarán SÍ a la investidura de Juan Espadas, el candidato a alcalde del PSOE, dejando claro expresamente su NO a Zoido para, a continuación, pasar directamente a la oposición. […] IU ya tenía perfectamente acotados los términos de esa negociación política: Sólo se aceptaría apoyar al Sr. Espadas si se aceptaban los criterios políticos y programáticos esenciales y, además, para pasar inmediatamente a la oposición” [léase aquí toda la información suministrada por la propia Iu Sevilla]. El alcaldable socialista Espadas, al parecer, ha aceptado las propuestas de IU pero ésta pasa a la oposición. Si alguien puede resolver esa paranoia que me la explique.

 Pablo-Echenique-eurodiputado-p_54417233313_54028874188_960_639En el caso de Podemos es cuanto menos extraño que a una formación política que acaba de cumplir dieciocho meses de vida se le esté pidiendo, por parte de sus propios militantes,  que “vuelva a sus orígenes” que, personal y modestamente, no sé cuáles son, si la Plaza Mayor del 15M, las elecciones europeas de 2014, el mayo francés o el terremoto de Lisboa de 1755. Me quedaría con las dos primeras pero nunca se sabe. Sin embargo, parece indicativo e interesante de que algunos toman nota de lo ocurrido en las pasadas elecciones la aparición de ese manifiesto de Echenique y otros donde se dice clara y explícitamente que “términos como confluencia, unidad, etc., solo dan cuenta de un aspecto parcial de lo que está en juego y remiten a lógicas partitocráticas. Pero desde el 15M la lógica que debe prevalecer es la democrática. Es a la ciudadanía a la que hay que convocar, y ante la que debemos responder.” El 15M como génesis de la nueva política aunque esta, al final, se siga haciendo y practicando casi igual (o peor) que antes. La contraposición entre movimiento social y formación política partidaria tiene obsesionados a estos dirigentes podemistas, otra paranoia que nos pretende convencer de que el ejercicio de la actividad política mancha mientras que el movimiento en la calle depura y da esplendor. ¿Inocencia, inexperiencia, adanismo? quizás… exceso de suficiencia.

Ofrezco gratis a los dirigentes de la nueva clase política movimentista esta reflexión de la politóloga italiana Nadia Urbinati: “Desguazar los partidos ha conllevado desguazar un instrumento crucial de la ciudadanía democrática moderna: no hemos ganado nada, al contrario, se ha producido una transformación del partido en un órgano personalista y plebiscitario. El resultado del desmantelamiento de los partidos como órganos de participación ha sido la verticalización de la política y la institucionalización de una clase elegida frecuentemente fuera del control por parte de los ciudadanos. Este es, en mi opinión, el aspecto más preocupante de la transformación post-participacionista de la democracia”.

Los procesos de reconstitución de las expresiones de la izquierda son generalmente lentos, sinuosos y, la mayor parte de las veces, costosos en sacrificios humanos y batallas personales. Creo que esto está sucediendo en España en esta fase del proceso. Los costos en IU intuyo que van a aumentar —lo de Madrid se va a quedar pequeño— y es posible que Pablo Iglesias no pueda contener un cierto desgaste proveniente de los sectores de Echenique o del antiguo partido anticapitalista. De cualquier manera no veo claro el proceso de la llamada Unidad Popular, intuyo que tiene mucho de retórica y de entusiasmo y poco de contenido válido y operativo. Es decir, hay mucho himno y buen propósito pero poca sustancia.

¿Qué significa Unidad Popular? ¿Volvemos al Chile de 1970? ¿Es más bien una traducción reformada de nuestro Frente Popular de 1936? Los nombres, a veces, identifican los contenidos y en este caso, creo que no está bien elegido el identificativo y, además, a lo mejor refleja un análisis y una estrategia política errónea. Sigue latiendo tras ese enunciado un deseo voluntarista en torno a no sé qué “pueblo de izquierdas” y una carencia bastante evidente de conocimiento de cómo es la sociedad española de esta década, que no está compuesta solo por los que se manifestaron el 15M ni por los que votan a IU o forman parte de los círculos de Podemos. ¿Qué significa hoy ser de izquierdas? La verdad es que estoy perplejo. Por eso recurro a lo que me escribía el otro día un antiguo dirigente socialista (también hay gente preocupada, más allá de IU y Podemos, por cambiar las cosas), hoy metido en tareas académicas: “Sólo identifico lo que no debe ser la vieja o nueva izquierda, ni tramposa con el Estado de Derecho ni insensible al incremento de las desigualdes por el desmontaje del Estado del Bienestar”.  La complejidad y la pluralidad de las clases trabajadoras, la movilidad social que se está produciendo en unas clases medias acosadas y atacadas en sus rentas sociales, la profunda mutación social que se está produciendo en España (y en Europa) exigen quizá darle más vueltas a la cabeza y no recurrir a fórmulas que valieron (corto tiempo, por cierto) en sociedades y en momentos de otra época. Es un proceso de elaboración y de maduración más largo, más lento que el de pensar en noviembre de 2015. Pero seguramente más interesante, positivo y generador de esperanzas.