Seis notas sobre el cambio político

GRA650. VALENCIA, 24/05/2015.- El candidato de Compromís a la alcaldía de Valencia, Joan Ribó (i), la candidata a la Generalitat, Mónica Oltra y el portavoz de la formación, tras conocer los resultados de las elecciones municipales y autonómicas en la Comunidad Valenciana. EFE / Miguel Ángel Polo.

Por Manuel ALCARAZ RAMOS

1.- El domingo 24 se produjo el primer acto del cambio político en el País Valenciano con el triunfo de la izquierda. Pero para que ese cambio sea profundo y no mera alteración epidérmica, la misma izquierda ha de convertir esa mayoría electoral en una mayoría social que de un apoyo activo a las medidas de transformación económica y social y en las formas de acción política. Las dos mayorías se requieren pero no pueden identificarse. En la mayoría electoral hay un componente vindicativo, el deseo de castigar a un PP agotado, incapaz de entender muchas demandas, cruel a veces, minado estructuralmente por la corrupción. Buena parte de la ciudadanía ha visto en sus gestos una forma de violencia simbólica. El castigo, así, era una forma de defensa legítima antes que una venganza. Pero, por ello mismo, era relativamente sencillo que ese factor funcionara como amalgama entre diversos enfados y esperanzas. Es una mayoría “celebrativa” que ha expresado su alegría tomando calles, redes sociales y la conciencia de muchos que sólo conocieron gobiernos del PP. Sin embargo la mayoría social deberá tener unas características necesariamente distintas. La primera es su pluralidad, algo valioso para no caer en los pecados de soberbia del PP, pero que complica su construcción y mantenimiento. Carecerá de la expresividad de una noche de fiesta: requerirá de la perseverancia del trabajo y de la renovación constante de una esperanza acosada por las dificultades heredadas. Deberá encontrar fórmulas de articulación y de apoyo, que difícilmente tendrán, en el medio plazo, la forma de movilizaciones callejeras en favor de medidas que no siempre serán fáciles de explicar o/y que no podrán adoptarse a la velocidad deseada. Quedar prisioneros del imaginario de la fiesta política alentaría la frustración.

2.- No es cierto, como se ha dicho, que la “lógica democrática” exija que la formación de gobierno deba atribuirse mecánicamente al líder de la fuerza más votada en un sector del arco parlamentario –en la izquierda, por ejemplo-. Porque si así fuera el argumento debería extenderse a la totalidad del arco y alcalde/sa o presidente/a autonómico/a debería ser siempre el o la líder de la lista con más escaños en general, ya que si el más votado de la izquierda tiene más peso democrático, más peso tendría el de la lista más querida por la totalidad del electorado. Defender esta posición significa no entender alguno de los mensajes implícitos en las elecciones, a saber: la pluralidad es consustancial a la izquierda, la izquierda debe entenderse, el electorado de izquierdas desea mayoritariamente un cambio en las fuerzas del cambio.

3.- Hay  una lógica democrática alternativa: la que muestra que la continuidad de la hegemonía del PSOE ha sido puesta fuertemente en entredicho cuando, a diferencia de lo sucedido en todo otro periodo de la democracia, ha sido superado ampliamente por los votos de las dos fuerzas progresistas siguientes, en les Corts y en Ayuntamientos fundamentales, y en alguno capital incluso se ha visto rebasado. Eso no significa negar el papel esencial del PSOE en el conjunto de la izquierda, como acumulador de referencias identitarias compartidas, como vivero de cuadros, como referente principal en muchos lugares y entre algunos sectores sociales. Significa, sí, una invitación a que reconozca su nuevo e importante papel: vivir del pasado sólo le abocará a mayores derrotas.

4.- Se trata, pues, de sustituir el mecanicismo del análisis –la democracia como “abuso de la estadística”, que dijo Borges- por un enfoque más dinámico, que incluya otros factores, que no se limite en el automatismo de la lista más votada. Uno queda dicho: la alteración más que significativa de la posición del PSOE respecto de sus potenciales aliados que, en ningún caso, pueden ser tratados como meros satélites. Pero hay otras variables. Así: no parece extraño que se reivindique la presidencia de un gobierno por parte de quien crece más, y que tenga menos argumentos quien sufre una bajada importante. Por otra parte la investidura en la presidencia autonómica o alcaldía, en nuestro sistema constitucional y estatutario, tiene un componente personal más acentuado que las elecciones, que giran en torno a listas cerradas: la preferencia por una persona tiene una dimensión muy superior ahora y, con todas las limitaciones que queramos, en la Comunidad Valenciana hay sobrados estudios demoscópicos que muestran que la preferencia por la dirigente de Compromís es muy superior que la que obtiene el líder del PSOE que, además, cosecha más rechazo en los mismos estudios. Estos dos hechos redundan en una realidad que la responsabilidad obliga a contemplar: el liderazgo político, en las actuales circunstancias, no pasa por gobernar sobre un grupo monocolor sino que, a la vez, debe ser capaz de obtener el mayor consenso del total de fuerzas que votarían la investidura y, sobre todo, de establecer una alianza con la ciudadanía en la construcción y mantenimiento de la mayoría social a la que me referí.

5.- La estabilidad y la gobernabilidad no son valores de la derecha. Hoy, aquí, son sobre todo, valores de las izquierdas. Aunque demasiado a menudo los defensores de una evanescente “nueva política” olvidan incluir esos valores en su imaginario. Son los débiles los que necesitan gobiernos fuertes y perdurables. Son los gobiernos fuertes los que defenderán lo público. Son los frágiles los que necesitan un renacimiento del Estado social frente al neoliberalismo, renacer que no puede escribir su relato con poéticas de voluntarismo y mera buena fe en la humanidad. Otra cosa es discutir cómo reinventar aspectos prácticos de la estabilidad. En este sentido quien ocupa “el centro de la izquierda”, y así es contemplado por la ciudadanía, está mejor situado para estabilizar y gobernar, arbitrando y mediando entre las alas de una posible mayoría de progreso. Por eso, también, tiene más responsabilidad.

6.- Cuando hay que asegurar que en septiembre todos los niños y niñas hagan tres comidas, cuando un tercio de la ciudadanía está bajo umbrales de pobreza, cuando las máquinas trituradoras pueden incrementar prodigiosamente el consumo eléctrico en algunas instituciones… que alguien tenga la tentación de generar situaciones “a la andaluza” como estrategia o para sacar réditos partidarios, es, sencillamente, indecente.

*** Manuel Alcaraz es Profesor de Derecho Constitucional de la universidad de Alicante

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