Un acuerdo bueno, no óptimo

Por Javier ARISTU

Los avatares de la situación parlamentaria andaluza —la más real va camino del Rocío o de la playa, según como se mire— está provocando reacciones y opiniones curiosas, llamativas en algunos casos, como comentaremos a continuación. Incluso ha provocado encuestas peculiares como la de El País-Metroscopia del pasado 18 de mayo sobre la opinión de los andaluces acerca de una repetición de las elecciones autonómicas en nuestra Comunidad. Las encuestas y los estudios demoscópicos tienen el valor que tienen y además, en algunos casos (veremos el nivel de acierto en las municipales del domingo 22 de mayo) se equivocan. El problema no es que se equivoquen las encuestas; estas se hacen para medir la temperatura social en ese momento que, como temperatura y como sociedad, es algo voluble y cambiante por lo que no nos debemos escandalizar de sus errores. El asunto es cómo ciertos medios entran en liza parlamentaria publicando aquellas noticias y reportajes que le pueden venir bien para sus propios intereses.

Hablaba antes de reacciones y opiniones curiosas o llamativas. Algunas hay, como las del ex parlamentario y dirigente socialista Luis Ángel Hierro. En un artículo firmado en Andalucesdiario encauza su indignación por la inexistencia de acuerdo para dejar gobernar a la candidata de su partido, critica a Podemos, Ciudadanos, PP e IU por impedir ese hecho y defiende la independencia de los procesos electorales andaluces respecto de cualquier otro con la idea de destacar la importancia de la autonomía andaluza. Nada que no sea legítimo dentro del campo de la opinión personal y política por lo que no voy a polemizar con él en relación con su criterio sobre el actual desacuerdo y estancamiento parlamentario. Sí me resulta chocante su canto a la importancia de la autonomía andaluza cuando afirma: «Aquí el problema es que, por tactismo político, PP, Podemos, Ciudadanos e IU echan por tierra el trabajo que venimos haciendo los andaluces y andaluzas desde hace 35 años para defender nuestra singularidad y nuestro autogobierno y separarnos de la tendencia uniformista y centralizadora que siempre ha querido la derecha para esta tierra». Tal afirmación podría haberla hecho cuando, en tiempos de Manuel Chaves como presidente andaluz, las elecciones andaluzas iban generalmente emparejadas con las generales del estado: años 1986 (con Rodríguez de la Borbolla de candidato), 1996, 2000, 2004 y 2008, las cuatro con Chaves de candidato. Exactamente 5 convocatorias electorales se hicieron en coincidencia con las generales, en años en que el PSOE gobernaba tanto Andalucía (Manuel Chaves) como España (Felipe González y José Luis Rodríguez Zapatero). O, dicho de otra forma, de las seis convocatorias de las que saldrá Manuel Chaves con mayoría, cuatro son coincidentes con elecciones generales españolas. En resumen, solo cinco de las diez legislaturas andaluzas —las de 1982, 1990, 1994, 2012 y 2015 (la actual) —  han sido resultado de convocatorias electorales independientes de otras. No vale por tanto escandalizarse ahora por que estén tan cercanas las municipales y autonómicas del 143 de las andaluzas de este año, convocatoria que por otra parte, y todo sea dicho, es resultado exclusivo de la decisión personal, y entiendo que caprichosa, de la actual presidenta en funciones que debía conocer perfectamente el calendario electoral de este año y las influencias que tenían unas elecciones sobre otras.

Más peregrinas me parecen las conclusiones político-institucionales que el ex diputado Hierro deja caer en su artículo mencionado. Cito, de nuevo, literalmente: « pediré una reforma del Estatuto de Andalucía: primero, para que las elecciones en Andalucía forzosamente deban separarse de las elecciones municipales y autonómicas al menos 6 meses; y segundo, para que la elección de la Presidencia de la Junta de Andalucía, si no es por sufragio universal que lo prefiero, se haga en el Parlamento en el plazo de 15 días desde su constitución, de forma que tras la tercera votación sin mayoría absoluta automáticamente obtenga la investidura quien lidere la lista más votada». Las reformas que propone Hierro no son ninguna tontería: 1) Propone separar por ley orgánica elecciones municipales de andaluzas, cosa nunca vista en mi opinión, lo cual no haría sino encorsetar decisiones políticas bajo la excusa de una hipotética defensa de la autonomía andaluza. De cualquier forma, esta idea se la podía haber propuesto a Susana Díaz en enero de este año con lo que nos habríamos evitado las elecciones anticipadas andaluzas; y si así lo hizo, es evidente que aquella no le hizo caso. 2) Elegir por sufragio universal a la presidencia de la Junta. Esto no es cambiar el Estatuto, es simplemente darle la vuelta de campana a todo el andamiaje institucional parlamentario del que la democracia española se dotó en 1978. El ex diputado Hierro es literalmente el máximo defensor de un proceso constituyente que ya quisiera Podemos. Con esa medida anula el marco fundamental de nuestra democracia parlamentaria pasando a convertirla en un sistema presidencialista no contemplado en nuestra Constitución. Y 3) Que eliminada la premisa anterior y si no se alcanzase mayoría absoluta de investidura en tres votaciones automáticamente se considere investida la lista más votada. Lo cual quiere decir que en caso de constituirse un parlamento andaluz con cinco grupos que representen, por ejemplo, cada uno porcentajes en torno del 20% del electorado (como así parece puede ocurrir en otros parlamentos a partir del próximo lunes) si no hubiese acuerdo de coalición o de mayorías, un grupo con el 21% de los votos obtendría automáticamente la presidencia. Otra cosa es que luego pudiera gobernar; pero eso no importa, lo importante para el ex diputado Hierro es tener el gobierno, sea como sea.

Todo lo anteriormente citado no es sino pálido reflejo de una situación extraña, anómala y peculiar que transcurre en nuestra comunidad. Nunca habíamos asistido a tres votaciones negativas para investir un presidente de la Junta. ¿Qué es lo que está pasando para que ocurran estos hechos? ¿Será todo agua de mayo y veremos, tras el domingo 24, cómo se tiran pelillos a la mar y algunos permiten la investidura de Susana Díaz? Sea lo que sea me gustaría insistir en algunos aspectos que en reciente artículo, titulado Tomar la iniciativa, resaltaba Carlos Arenas en este blog.

Efectivamente, se trata de tomar la iniciativa o, caso contrario, dejarse llevar por la de otros. Y ese creo que es problema hoy que afecta al conjunto del universo de la izquierda andaluza, tanto al PSOE como a los grupos Podemos e IU. Y si, contra la opinión de algunos, considero al PSOE del universo de la izquierda es precisamente porque es exponente y vehículo de muchas gentes de Andalucía que se consideran de izquierda. Ese es alguno de los planos contradictorios que hoy están desencajando la plataforma de ideas de la izquierda: el PSOE muestra hoy una gran indefinición programática, una carencia de proyectos reformadores sustanciales, fluctúa entre una retórica populista y a veces muy sectaria en sus manifestaciones públicas de calle (he tenido ocasión recientemente de escuchar en un mitin a uno de sus principales dirigentes) y, por otro lado, una acción política timorata por no llamarla conservadora o de derechas. Pero hoy ese partido es el exponente mayoritario —con diferencia— de las clases populares andaluzas y ese simple hecho tiene que hacer pensar a “la otra izquierda” acerca de cuál es el papel de cada uno de cara a construir un proyecto mayoritario y progresista que sea capaz de sacar a Andalucía de la situación de retraso.

Por eso hace falta reclamar una mayor iniciativa a los grupos de izquierda en Andalucía. No es de recibo que el líder de IU asuma que será el PP “quien menos dificultades ponga a la investidura” —aceptando casi de forma alegre que de esa manera haya gobierno pero no se comprometan los 5 votos de esa fuerza política de izquierda— o que acuse a la otra parte de no querer dialogar. IU, en mi opinión y a pesar de su papel minoritario y no esencial, tiene la legitimidad de su historia y de su experiencia de gobierno para presentar una propuesta de acción política capaz de sacar al parlamento de este impasse. Si no lo hace entiendo que sigue profundizando en su aislamiento y despego de la realidad.

Podemos no puede seguir enrocado en su tríada de grandes demandas que no son sino excusas para no dar el apoyo ni la abstención. Hasta ahora, y creo no equivocarme, no ha presentado una oferta clara de acción política que permita inclinar la balanza hacia la posibilidad de una política de cambio. Lo que ha presentado como “líneas rojas” son, más bien, gestos a la galería, adornos de torero antes de que salga el toro a la plaza. Confiemos en que tengan mano izquierda y, además, den buenos naturales para poder hacer una buena lidia en la que ellos juegan un papel determinante. ¿Sabrán hacerlo?

Susana Díaz y el PSOE propusieron un programa de investidura con un conjunto de medidas que pienso que no pueden ser echadas en saco roto. Por debajo del papel escrito para un discurso quiero ver la voluntad de un partido que sabe los errores que cometió y el nuevo tiempo en el que le toca actuar. Pero hasta ahora no ha tenido éxito; sería absurdo que siguiera pensando que su examen era bueno y que el profesor le ha suspendido injustamente. Ahora al PSOE le toca repasar la materia, revisar los posibles errores y carencias que pudo cometer en su examen y volver a pasar la prueba: debería prepararse para ello y no seguir hablando de la injusticia del suspenso. Si no le han aprobado su investidura, esfuércese más, señora Díaz, estudie más, trabaje más por conseguir los apoyos que le hacen falta. Y diga claramente en quién quiere apoyarse en esta legislatura para sacar adelante su programa.

Es indispensable que los ciudadanos visualicen en sus representantes parlamentarios esa iniciativa capaz de superar, por la izquierda, la situación de bloqueo. Una iniciativa destinada a alcanzar un acuerdo con tres objetivos: 1) Un horizonte de creación de empleo de calidad, en el que se reduzca el paro y se aumenten las posibilidades de trabajo de los jóvenes; 2) Una mejora de los niveles comunitarios de vida de los andaluces, mejorando los servicios destinados al bienestar social y colectivo; 3) Una decidida acción política desde todas las instituciones a fin de reducir las diferencias y desigualdades económicas y sociales, aumentadas con esta crisis.

La política es una mezcla de circunstancias que nos vienen sobrevenidas pero también se basa en la acción consciente de las personas dirigida a cambiar esas circunstancias por otras mejores. Nos gustaría ver a los portavoces políticos reunidos y negociando sin descanso para configurar una solución factible y sensata a este bloqueo. Cualquier comité sindical de una mediana empresa ya habría llegado a un buen acuerdo con su empresario, y ese acuerdo sabemos que no sería el óptimo: pero es que en la vida real lo óptimo es enemigo de lo bueno.

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