A la tercera no fue la vencida

Foto Flickr: Alexander

Por Francisco PALERO GÓMEZ

Aun a riesgo de no ser preciso en el análisis por ver la realidad política andaluza desde la distancia e influido por los voceros – en las tertulias no descubro  analistas – me voy a adentrar, siguiendo la reflexión publicada por Aristu, en el suceso de la no investidura de una Presidenta que apareció en la escena política por mor de la designación a dedo y que pretende hoy repetir, fundada en la razón cierta de representar a la fuerza más votada de Andalucía, pero – al menos eso es lo que trasmite – haciendo caso omiso a la aritmética, esto es, al hecho cierto de que han sido mayoría los andaluces que no le dieron su apoyo en las elecciones por ella convocadas.

El hecho, el suceso – o el insuceso –, me conduce a tres reflexiones enlazadas.

1.- La singularidad andaluza.

Señalemos lo obvio: Andalucía celebra su fiesta el 28 de febrero y – a diferencia de otras comunidades históricas – en conmemoración de una batalla (política) ganada: la que asimiló esta comunidad a las de origen histórico, la que permite a Andalucía elegir sus gobiernos en espacios temporales diferentes al resto de las autonomías y por ello reafirmando su identidad conquistada y sin injerencia dependiente de los avatares de otras realidades políticas.

Pues bien, hoy todo indica que salvo una repetición de las elecciones, Andalucía va a decidir su gobierno dentro de un paquete de acuerdos políticos donde se incluyan autonomías con tanta raigambre histórica como Madrid, Murcia, La Rioja o Castilla- La Mancha (y un etcétera): para mayor dislate la prensa informa que la presidenta en funciones ha pedido árnica a los dirigentes nacionales de los partidos, de tal forma que, de haber tenido éxito la encomienda, sería la primera vez  – al menos formalmente, y la forma es fundamental en democracia – que Andalucía eligiese un gobierno no por el acuerdo de los dirigentes andaluces sino por la decisión de los jefes asentados en la villa y corte: obviamente centralista.

Quizás ante ese panorama no falten pensantes andaluces – los impulsores del 28 F – a quienes no les parezca tan desacertada la convocatoria de unas nuevas elecciones, que permitirá volver a independizar el calendario y devolver la voz y la palabra a Andalucía: refirmando así la Constitución de las autonomías y no con una quimérica fuga hacia adelante de un estado federativo propuesta por sectores de socialistas que nadie entiende: ni los propios proponentes.

2.- El fin de la política de bloques.

La caída del muro de Berlín significó mucho más que la unificación alemana: fue el fin de la política de bloques: el de los buenos y el de los malos, los anticapitalistas y los capitalistas. Pero esa versión dual de la historia la hemos repetido en las relaciones cotidianas: venimos de una tradición donde la política, las relaciones, el poder, se formulan solo en clave de derecha o de izquierda. Y sin negar que ante problemas similares existen diferentes enfoques en los distintos partidos, hemos de convenir que para afrontar los grandes retos han de superarse los bloques: Andalucía, España, la UE y el mundo tienen grandes retos no solubles desde los alineamientos tradicionales.

Pero el socialismo reinante, y para confirmar su tradición socialista, busca no aliados sino votos para ostentar el poder: al tiempo, la tradición comunista – que sigue impregnando IU – persigue el sueño del frente popular (además de otros intereses espurios que no me interesan, esa es la razón que explica su participación en el anterior gobierno andaluz).

Pero han surgido nuevos actores: Podemos, que aspira a ser partido hegemónico de la sociedad (no de la izquierda) compuesto por unos que se consideran herederos legítimos del agotado pensamiento gramsciano, otros como anticapitalistas puros y por ello enemigos principales de la socialdemocracia, y los más adentrados en política bajo el principio de “darles caña” (sin olvidar a los que han descubierto la organización partidaria como un modus vivendi); todos ellos no pueden aceptar ser satélite de Susana Díaz, que es a lo que esta les convoca.

Y luego está Ciudadanos, que vete a saber qué vereda recorrerá: está por descubrir, pero que tampoco aspira a ocupar el puesto de asteroide que le quiere asignar la candidata.

Sobre el PP, al que se pide un auto de fe sacramental de mea culpa mientras se le exige la abstención, me referiré en el apartado siguiente.

Pues bien, en ese nuevo escenario la mandada de los poderes socialistas en Andalucía sigue anclada en viejos conceptos y por ello solo realiza viejas sugerencias – que no propuestas de acuerdo político – viene a afirmar: fui la más votada, ergo he de mandar; no entiendo que ustedes no lo entiendan y no me dejen hacer aquello para lo que fui llamada; ocupar el mando; no entiendo que no me den el apoyo las izquierdas que ya verán lo bien que lo sé hacer.

Porque escuchándola no se descubre lo que quiere hacer con el mando, o quizás considera que no importa; o sí importa, ergo seguir teniendo la patente de corso que producen los Aznalcóllar o los Eres no resueltos, pero que salpican a una parte sustancial de los gestores de la cosa.

3.- El bloque de la gobernanza real.

Andalucía es, al menos así lo indican las estadísticas, una de las regiones de la UE con mayores índices de desempleo, de falta de creación de riqueza, de perspectiva: en resumen, de eficacia.

Mas en Andalucía – comunidad – ha gobernado en toda la etapa democrática exclusivamente el socialismo (ya se acerca a los 40 años, tanto como hubimos de soportar al régimen anterior). Pero en Andalucía/España también han gobernado: han invertido, han actuado, han desactuado, si se quiere formular así, los gobiernos de España; también los compuestos por el Partido Popular.

En consecuencia: aciertos y desaciertos, luces y sombras, fracasos y éxitos, han de ser situados en el debe o en el haber de esos dos grandes partidos que son los que han hegemonizado los dos gobiernos.

Mi opinión es que, a pesar de los pesares, en el cómputo, predominan los resultados positivos para la vida concreta de los que viven y laboran en esa comunidad: afirmar lo contrario es una llamada a la inanición política: es poner el acento en el desastre –era la tesis de las dos orillas julianas–, herencia del más reaccionario comunismo: el pueblo está oprimido, la clase y su dirigencia tiene la razón histórica, lo demás son rémoras que estaban llamados a eliminar para lograr la salvación redentora. Pero ya está históricamente probado el desastre y la ineficacia de los redentores.

La gente aspira a vivir y ser feliz, y quiere dirigentes comprometidos en mejorar el presente y corregir el pasado, y en el concreto panorama social y económico andaluz (y español) tarde o temprano habrá de examinarse la cooperación, coordinación, el acuerdo o lo que fuere, entre socialistas y populares; con gobierno conjunto (ejemplo Alemania) o sin él: pero con el fin de sumar esfuerzos, medios y experiencias y sedimentar el futuro.

Cierto que para ese camino ha de producirse una auténtica revolución del pensamiento, especialmente en los dirigentes socialdemócratas: Sánchez – dirigente de verbo radical que, por cierto, luce la mejor camisa de España – afirma que en su partido se hará todo sin el PP: con ello trasmite un pensamiento débil y viejo – aun siendo un joven –, que no busca aliados para la solución de los problemas, sino satélites para la toma del poder. Pero Sánchez cambiará o le cambiarán, pues la realidad es tozuda y frente a las consignas, tarde o temprano, en los partidos se abren paso los dirigentes y el pensamiento.

Y como colofón me atrevo a opinar que quizás ese camino – y en razón de la situación económica y social ya reseñada – debería comenzar en la comunidad andaluza – y vuelvo a tomar prestado el pensamiento de Aristu– corrigiendo como primer paso la barbaridad de la mesa del parlamento, donde aun manteniendo las mayorías, elegir como presidente a un dirigente del segundo partido, el PP, podría haber significado el inicio de un camino de diálogo o para el entendimiento. Y así crear historia: la reciente ya está amortizada.

Quizás no falte quien me critique por haberme adentrado en un huerto al que no estoy llamado: perdón. Sirva lo dicho como provocación o –si se quiere juzgar con generosidad– como reflexión que  busca  invitar a los lectores a salir de lo trillado; pues considero que no debemos seguir confundiendo lo que importa con lo importante, al menos los que estando en el último tramo, no aspiramos a ocupar lista o cargo. Y  estamos obligados o bien a guardar silencio o a escribir lo que resulte de pasar a limpio lo vivido: ni más, ni menos.

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