Investidura complicada

Foto EFE / ABC

Por Javier ARISTU

Nunca se arrepentirá lo suficiente Susana Díaz de haber adelantado las elecciones andaluzas al pasado 22 de marzo. Cada día que pasa es un grano en la cuenta de ese error. Antes dependía de una minoría que participaba dentro de un gobierno y ahora tiene enfrente a cuatro partidos que conforman una mayoría de rechazo, ninguno de ellos con posibilidad —de momento— de pactar con ella de forma estable y  que es posible que  nunca vayan a estar con ella en tareas de gobierno. De un gobierno de coalición en 2012, con acuerdo firmado, con tres consejeros de IU, y con un Maíllo y la mayoría de la dirección andaluza de esta formación que estaban a pesar de los pesares por mantener ese pacto de gobierno, Susana Díaz ha pasado a suplicar “que la dejen gobernar” en solitario. Y hasta ahora le han contestado que no.

La candidata socialista y antes presidenta pretendió cambiar, ahora se ve claro,  el ciclo electoral de este año 2015; lo que no se sabe es que con qué finalidad. Desde luego, y a la vista de los resultados, no parece que a pesar de haber mantenido los mismos escaños, lo cual se puede considerar un éxito en los tiempos que corren,  haya conseguido un triunfo político. La aritmética parlamentaria es la que es. Susana Díaz y el PSOE andaluz están ambos peor que antes. Cuando adelantó las elecciones, situándolas dos meses previos a las municipales y autonómicas y medio año de las tan decisivas generales de final de 2015, creía romper un hipotético curso de descenso de su partido y que, con los resultados que esperaba, la situaría en una plataforma inmejorable para gobernar Andalucía e influir a su vez en la política española. Se ha topado con el enorme escollo de que le faltan 8 escaños para tener la mayoría absoluta y, lo que es peor, enfrente tiene cuatro partidos y 62 diputados que están en el lado completamente contrario: no quieren pacto de gobierno de ningún tipo pero tampoco están dispuestos a dejarla pasar de rositas absteniéndose en la investidura “para dejarla gobernar”.

En cierta medida le están devolviendo la misma medicina que ella aplicó cuando decidió romper “la dinámica natural de las cosas” adelantando las elecciones sin ninguna justificación. Hoy nos encontramos con que el PP, Podemos, Ciudadanos y, por supuesto, IU no pueden hacer otra cosa sino no mover el tablero hasta ver qué ocurre en las elecciones municipales del próximo 24 de mayo. Igual que Susana Díaz se dejó influir por el calendario electoral de 2015 para tomar sus decisiones, esos partidos no pueden hoy hacer otra cosa. El gobierno de Andalucía fue liquidado por Susana Díaz de forma adelantada mirando otras coordenadas; hoy, el gobierno de Andalucía por constituir está pendiente igualmente de otras coordenadas que no son andaluzas. No puede por tanto la dirigente andaluza echar en cara a los demás lo que ella ha practicado hace solo pocos meses.

¿Cómo salir de esta situación? ¿Será posible hacerlo? Tengo mis dudas de que haya suficiente “masa crítica” en la política andaluza como para encontrar una solución decente y adecuada al actual embrollo parlamentario. Pienso que, tras el 24 de mayo, las fuerzas políticas andaluzas tendrán que cambiar de ritmo y de orientación; si no todas, al menos algunas. El PSOE andaluz, por ser el primer partido de esta comunidad, es el que más debe trabajar por provocar un cambio sustancial del marco y de las formas de hacer política. Este partido y su lideresa no pueden seguir entendiendo la actividad política como un juego de convento donde hay una madre abadesa —o un padre prior— que manda y decide y unos novicios que no tienen otra función que acatar lo que dice la que manda. La política andaluza tiene que abrirse al juego parlamentario, al protagonismo de esta institución, a la puesta en marcha de una auténtica cámara de debate y de contraste positivo de opciones y de propuestas. Para eso el primer partido andaluz debería ser el  más interesado. Desde esta perspectiva no es comprensible que el PSOE siga encerrado en la cantinela de que los andaluces le han dado la mayoría para gobernar. En pura interpretación legal y política eso no es cierto. Es verdad que no es aceptable un gobierno andaluz sin el PSOE—es posible legalmente aunque creo que escapa a cualquier lógica— pero de la misma manera no es posible un gobierno de ese partido sin, al menos, la colaboración activa o la abstención de algunos. Si en una segunda votación parlamentaria no ha alcanzado las condiciones necesarias para formar gobierno es evidente que este partido no ha hecho lo suficiente para alcanzar el mínimo consenso o abstención de los demás. Tendrá que seguir trabajando a fin de ofrecer en la tercera o cuarta votación las propuestas suficientes para recabar el consenso. No puede cargar la culpa de sus propias limitaciones a los otros.

Creo que es momento de que Susana Díaz y su partido aclaren con quiénes quieren establecer una relación política prioritaria durante los próximos cuatro años. Se abren solo dos posibilidades: 1) con el PP a través de un acuerdo explícito o  implícito por el cual este partido dejaría que gobernasen los socialistas a cambio de ciertas políticas y contrapartidas. Es una variante de la “gran coalición” pero de forma taimada y sin transparencia. No es descartable en ese gran acuerdo la presencia de Ciudadanos. 2) un acuerdo con Podemos e IU que le permitiría formar gobierno antes de las vacaciones pero, es evidente, que a cambio de un programa político en el que estas dos fuerzas (20 diputados) tratarían de incluir bastantes de sus propuestas que, como se sabe, no son del gusto de la señora Díaz y de su partido. En este caso no estaríamos ante un acuerdo de gobierno como el de 2012 sino ante un  pacto legislativo que garantizase la gobernabilidad y la ejecución de políticas sociales y públicas progresistas.

¿Estaría dispuesto el PSOE a ese acuerdo? ¿Serían capaces Podemos e IU de acometer ese camino? Para todos supondría dejarse trozos de piel a cambio de formar parte del sistema de gobernanza andaluz dejando la propaganda para acometer una arriesgada política. Al día de hoy, en esta primavera, eso parece imposible, no están los mimbres para este tipo de operaciones, legítimas en cualquier caso. No creo, sin embargo, que vayan a seguir todos en sus trece tras las elecciones municipales y ante el pánico a nuevas elecciones en las que pueden perder todos, o unos más que otros. Por eso creo que antes del verano estaremos abocados a un acuerdo por abstención del PP y Ciudadanos o a la posibilidad de un programa de legislatura con Podemos e IU. Y ambas no son soluciones iguales. Es el Psoe quien debe lanzar alguna carta, no puede seguir enrocándose en su latiguillo de que le corresponde gobernar y punto.

Se han acabado las etapas de dominio absoluto de las instituciones y cuanto antes lo asimile el PSOE mejor será para él y para los andaluces. No sé si Susana Díaz y su partido serán capaces de entenderlo.