El reloj de Andalucía

Por Carlos ARENAS POSADAS

Ni en el peor de los escenarios, me parece, pensó nunca la presidenta de la Junta de Andalucía que su decisión de abortar la anterior legislatura iba a desembocar en el callejón sin salida en el que parece haberse metido con la negativa de los partidos de la nueva cámara salida del 22 de marzo no ya a compartir un proyecto  sino tan siquiera a abstenerse para  facilitar su futuro gobierno.

Para convencer a los partidos que les son necesarios para la investidura,  la presidenta en funciones  ha recurrido a reclamarles precisamente aquello de lo que no puede presumir: lealtad institucional, confianza, abandono de tacticismos, altura de miras, etc.  El argumento supremo con el que intenta convencerles ha sido el de que el reloj de Andalucía no puede pararse.

En sentido literal, esta metáfora quiere decir que la administración andaluza, a pesar de que tiene unos presupuestos aprobados, está paralizada desde la ruptura de la coalición de gobierno. Ese reloj marcaba las horas en un sentido preestablecido por un pacto entre dos partidos de izquierda puestos de acuerdo en vetar el gobierno del  Partido Popular; un pacto  que el PSOE  no quiso cumplir en sus aspectos más innovadores ni Izquierda Unida se atrevió, o lo hizo tarde, a reclamar su entero  cumplimiento.

En aras a su investidura, la presidenta en funciones ha presentado un programa  de gobierno que carece del  perfil  del que presentó en 2013 para sumar por la izquierda y  contrarrestar a la minoría mayoritaria de la derecha.  El programa de gobierno de 2015 es bastante más ecléctico, como corresponde a una situación en la que Díaz necesita la ausencia o el mutismo del resto de partidos. Su nuevo  proyecto puede calificarse como una “pinza” entre propuestas que le suenen bien a la derecha  con otras que amenicen  las tardes a la izquierda.  En ese caso tendremos un reloj  que sume cero, inservible.

 ¿Convencerán los guiños de Díaz al Partido Popular,  Ciudadanos y a Podemos? Podría convencerles si les ofrece una batería de proyectos de ley a través de los cuales los citados partidos tuvieran la oportunidad de gobernar Andalucía desde el Parlamento, pero ¿quién garantiza que la vida parlamentaria sea lo suficientemente activa para ejercer tal influencia? La experiencia de los dos últimos años  ha demostrado que una legislatura puede acabarse sin que los proyectos de ley inicialmente previstos salgan del baúl de los recuerdos.

La reticencia de los partidos llamados a favorecer la investidura puede explicarse también por el desconcierto que debe producirle una retorica confusa por parte de la candidata en la que por un lado se les halaga y por otro se les reprocha su estrechez de miras y su tacticismo a la espera de las elecciones municipales del 24 de mayo. Como si no fuera igualmente tacticista ignorar la propia responsabilidad  en la actual situación y  echar a los demás la mancha de la ingobernabilidad con el objetivo de sacar réditos en una nueva convocatoria de elecciones autonómicas.

Creo que los partidos del no, basan también su rechazo por fidelidad a unos votantes que se han manifestado, véase IU,  contra toda colaboración con el PSOE; Díaz debería preguntarse por qué su partido, aunque ganador, ha obtenido peor resultado que en comicios anteriores o por qué ha recibido un rechazo de dos terceras partes de los electores. Si se lo preguntara quizás llegaría a la conclusión de que la era del partido único, del partido-régimen y su red de clientes ha terminado, y alcanzada esa conclusión, debería iniciar la renovación interna del mismo y arrimar el hombro, junto a otros,  en las soluciones que Andalucía necesita.

Por eso creo que “parar el reloj de Andalucía” no sería un drama. Al fin y al cabo es un reloj muy viejo que atrasa continuamente por tener una maquinaria oxidada, obsoleta, antigua.  Ese parón sería útil, no para darle cuerda, porque solo se conseguiría aumentar los retrasos, sino para construir con mucha reflexión y altura de miras uno nuevo que funcione a otro ritmo, de otra manera, a la altura de los tiempos que nos ha tocado vivir.

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