Perspectivas de Izquierdas

Foto flickr OliBac

Por Paco FLORES TRISTÁN

 Hace unos días escuchaba en una entrevista por la Radio decir  a un dirigente de IU que el referente que singulariza a esta fuerza política son los valores. Frente a otras opciones más acomodaticias o pragmáticas IU se identifica con  la defensa de los valores. A mi modo de ver esto me suscita dos preguntas. Una es que clase de valores son estos que se plantean. Porque he oído ya varias veces poner como ejemplo de la defensa de estos valores actuaciones de IU como la de ausentarse en el Parlamento europeo por la presencia del Papa o hacer mutis por el foro en la visita del Rey Felipe VI a ese mismo Parlamento. Yo a esto le llamaría política de gestos, más que defensa de valores. Y yo diría que se trata de gestos de dudosa utilidad política. Ausentarse cuando viene el Papa o no levantarse ante el paso de la bandera de EEUU, como hizo Zapatero, pueden quedar muy bien entre una pequeña claque de admiradores pero una parte no pequeña de católicos o de norteamericanos lo sentirán como una ofensa gratuita. ¿No es más contundente y conveniente criticar todo lo que se considere necesario del comportamiento de la Iglesia o del gobierno de EEUU? Y en cuanto al Rey, mientras la Constitución sea la que es, es el Jefe del Estado. La ausencia de un grupo parlamentario en un acto institucional no contribuye más que a aislarlo del resto. Estoy convencido de que en una España republicana habría indignación general si unos diputados monárquicos boicotearan una visita del Jefe del Estado porque es “Presidente de la República”. Las actitudes radicales en las formas no dan rédito más que en contadas ocasiones. Existe una máxima latina, por cierto muy del gusto de Anguita, que viene a resumir lo dicho: “fortiter in re, suaviter in modo”. Es preferible ser suave en las formas y contundente en los hechos.

La segunda pregunta que me suscita la referencia a los valores es el peligro de encastillamiento, de defensa numantina de unos supuestos principios inmutables que puede derivar, como comentaba en estas mismas páginas Paco Rodríguez de Lecea, en permanecer eternamente en la oposición renunciando a la acción política en favor de la propaganda. Hace tres años en Andalucía pareció que IU tomaba el camino de “arremangarse”, de correr el riesgo de mancharse de barro entrando en el Gobierno. La mala manera en que terminó esta coalición, bien es verdad que por causas sobre todo atribuibles a la Presidenta, me temo que va a contribuir a que IU se resguarde definitivamente tras la barrera de la oposición. Las declaraciones de Garzón e incluso de Maíllo atribuyendo los malos resultados electorales a un castigo de sus electores por haber participado en el Gobierno, son un síntoma de este encastillamiento que, a mi juicio, va a contribuir a ir cercenando y desmembrando la fuerza que aún conserva IU.

Lo contrario de la actuación de IU observamos en Podemos. De unos inicios en los que proyectaba una imagen radical, de romper con todo lo establecido, con la “casta”, de abrir un proceso constituyente… hemos pasado a una proyección cada vez más moderada, a un “aparente” deseo de diálogo con las demás fuerzas en las que ya no se excluye al PSOE, como al inicio cuando se abominaba de cualquier transacción con la “casta”.  Este cambio es consciente, fruto de la idea de “centrar” a Podemos esbozada por Pablo Iglesias cuyo papel en las últimas semanas, tras lograr dotar al partido de una estructura bastante centralizada, parece ser el de “moderar” a sus correligionarios más radicales. Salvando las distancias me recuerda en parte al PCE de la época de Carrillo del que se decía que tenía una “teoría revolucionaria” y una “práctica socialdemócrata”. Porque Podemos sigue manteniendo la idea de “proceso constituyente” si bien otros aspectos del programa como la renta básica están en proceso de revisión. Habrá que esperar a la redacción concreta del programa para ver hasta qué punto se produce también una renovación en el mismo. Esta ambigüedad no deja de suscitar dudas. ¿Le ocurrirá a Podemos lo que al PCE de finales de los 60 y 70, que la práctica democrática y antifascista acabó modificando también el marco teórico, a  través del Eurocomunismo, jugando un papel de moderación en la Transición y los inicios de la Democracia? Dicho de otra forma, esa centralidad que busca Podemos ¿le llevará a pactar con otras fuerzas de Izquierda, incluido el PSOE para reformular un programa socialdemócrata … o todo esto será más bien cuestión de imagen electoral, emergiendo en cualquier momento el perfil más o menos bolivariano de sus orígenes? Imagino que los dirigentes de Podemos estarán analizando sesudamente las alternativas. Porque esa búsqueda de la centralidad, unida probablemente a la imagen no ciertamente ejemplar que se traduce de la actuación de Monedero y, en menor medida, de Errejón, le está constando un pequeña sangría de votantes indignados. Así lo reflejan las últimas encuestas que viene a añadirse al pequeño jarro de agua fría que supuso para Podemos el resultado de las elecciones andaluzas menos positivo de lo que algunos esperaban.

Y… que ocurre con el PSOE? A Pedro Sánchez pareció salirle bien la operación Gabilondo. La presencia de intelectuales a los que la población en general ve como menos sectarios, más sinceros que los dirigentes procedentes del “aparato” prestigia a los partidos que lo hacen. Y este efecto positivo no se limita a Madrid sino que se extiende al resto del territorio. Pero esto no parece ser suficiente. El PSOE no despega a pesar de que el PP lo está poniendo bastante fácil. Una parte del electorado de Izquierdas no acaba de creerse la “tolerancia cero” hacia la corrupción predicado por Pedro Sánchez. Quizá injustamente porque se han hecho esfuerzos encomiables pero es así. Pero sobre todo creo que la desconfianza mayor es política. No acaba de concretarse un programa creíble que de confianza a la ciudadanía como alternativa real a la política del PP. Y luego tenemos el eterno cainismo de la Izquierda. Los barones territoriales, encabezados por Susana Díaz, no acaban de apoyar definitivamente a Sánchez. Siguen esperando al resultado de las municipales y autonómicas para afilar las navajas… o guardarlas definitivamente según sea el resultado electoral. Desde luego lo peor que le puede ocurrir a un equipo cuando está terminando la Liga es cambiar de entrenador. Los dirigentes del PSOE se dispararían en el pie si cambian de líder a tres o cuatro meses de las elecciones. La única con ciertas posibilidades sería Susana Díaz que por activa y por pasiva ha reiterado que su objetivo es Andalucía a la que sería lamentable que abandonara en una situación de inestabilidad como la que se augura por bastante tiempo. El mejor servicio que puede prestar Susana Díaz a su propio partido y al cambio político es abandonar las posturas de prepotencia y negociar seriamente  la investidura para que haya pronto un nuevo Gobierno. Últimamente el rumor va en esa dirección pero existe una corriente en el PSOE de Andalucía que no le hace ascos a unas nuevas elecciones pensando (ignoro con qué fundamento) que si se repitiera la convocatoria Susana arrasaría consiguiendo mayoría absoluta. Yo creo muy dudoso ese resultado electoral; en todo caso, de lo que estoy seguro es de la irritación que produciría en gran parte del electorado contra los políticos en general, irritación que, como mínimo, se traduciría en un fuerte aumento de la abstención.  Más le valdría llegar pronto a un acuerdo que podría ser la base y el impulso de nuevos acuerdos en otras Autonomías y en el Estado. Porque si las encuestas no yerran la única forma de acabar con el gobierno del PP sería mediante una coalición amplia del PSOE y las demás fuerzas de izquierdas. Gabilondo ha sido uno de los primeros dirigentes de izquierdas en defender una negociación amplia sin exclusiones. El propio Pedro Sánchez no lo excluye en sus declaraciones más recientes.  La renovación política pasa por que los partidos de Izquierda abandonen su sectarismo y sean capaces de pactar medidas que permitan ir saliendo de la crisis, recuperando y ampliando los elementos del estado de bienestar que el PP se ha encargado de ir recortando estos últimos años.

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