El fracaso europeo. Seis lecciones del choque entre Atenas y Bruselas

Por Enrico GRAZZINI

Las negociaciones entre el gobierno griego dirigido por Alexis Tsipras y el Eurogrupo, que reúne a los 19 países del euro a cuya cabeza está el gobierno de Berlín, continúan todavía y el resultado está todavía abierto; sin embargo, se pueden sacar ya algunas lecciones.

La primera lección es que Alemania está decidida como siempre, y más que nunca, a imponer su rígida austeridad, y no se desvía ni un centímetro de su política. Reclama todos sus créditos, concedidos irresponsablemente a los países en crisis, incluso a costa de liquidar al deudor. Pero la cuestión griega, sin embargo, es sobre todo  política. Si concediese crédito a la Grecia de Tsipras tendría que dejar de imponer a todos los países europeos su insensata política de austeridad: reducción acelerada de la deuda pública, recortes en el estado de bienestar y en los costes de trabajo, privatizaciones. La Europa de los ideales y de la cooperación, de la paz entre los pueblos está ya enterrada, existe solo una Unión Europea que se alinea con los bancos acreedores del norte en contra de los pueblos y la naciones deudoras del sur. Europa es ya solo una cuestión de créditos y de deudas. Un asunto de dinero. Incluso la piedad ha muerto.

La segunda lección es que ningún país europeo, ni siquiera los que tienen gobiernos de “izquierda”, como Italia y Francia, ha ayudado al gobierno socialista radical de Tsipras. España, Portugal y las demás naciones europeas han seguido sin más la línea alemana contra la Grecia de Tsipras, y han tratado incluso de endurecer aún más las condiciones teutonas. Lo han hecho para demostrar que la izquierda consecuente y radical no puede nunca vencer a la Europa bajo guía alemana, y para no tener que justificar ante sus pueblos las maniobras antipopulares y suicidas que están llevando a cabo. Para demostrar que, si fuerzas como Podemos alcanzasen el poder, no habría vías de escape, tendrían que continuar con la insensata austeridad o correrían el riesgo de ser expulsados de la Eurozona, incluso de la Unión Europea, y marginados de las instituciones y finanzas internacionales.

Grecia se ha encontrado completamente aislada frente a los otros 18 países del euro. ¡Hay que avergonzarse de esos gobiernos que no han osado rechistar ante el diktat de Merkel y Schauble contra Tsipras y el pueblo griego! Ningún gobierno, ni siquiera los que se declaran de izquierda, han tratado de imponer un giro a la Unión Europea aprovechando el hecho de que la trágica crisis griega marca el fracaso evidente de las políticas europeas. De hecho, Grecia tiene una deuda del 175% del PIB, frente al 130% que registraba al comienzo de la cura de austeridad. Matteo Renzi se ha mantenido en silencio, igual que el “gigante político” de Hollande. Ninguno ha tenido la valentía de enfrentarse a Merkel. Todos, al contrario, han garantizado su conformidad con las desquiciadas reglas de la austeridad a fin de complacer al gobierno alemán, al Banco central y a la UE. ¡Y pensábamos que el “frente unido” de Italia, Francia y España iban a refundar Europa! El centroizquierda y los socialistas europeos son cómplices de la política de Merkel, y sufren en silencio, o a lo máximo con algún débil lamento, la posible salida de Grecia del euro.

La tercera lección es que la UE está completamente subordinada a Alemania y que es necesario recuperar la autonomía nacional. Alemania no tiene miedo de enfrentarse con la Comisión europea para confirmar su supremacía en la UE. Es sabido que Jean-Claude Juncker, presidente de la Comisión, es más blando que la Merkel en relación con Grecia. Quizás porque, si Grecia saliese del euro, la UE, y por tanto el mismo Juncker, serían mucho más débiles. Pero la Merkel prevalece netamente sobre Juncker. Así lo dice la revista alemana Spiegel:

“Aunque Merkel es democristiana como lo era Kohl, ha roto con la línea (fuertemente europeísta) de Helmut Kohl. Para ella, Europa no es ya una cuestión de guerra y paz sino de euros y de céntimos de euro. Merkel utilizado la crisis del euro para reducir el poder de la Comisión europea y devolver poder a los estados nacionales. Desde este punto de vista, se la puede considerar como el De Gaulle (ex presidente francés que quería una Europa débil frente a la afirmación de la soberanía nacional) del siglo XXI” [1]

La gran estudiosa de la relaciones internacionales Susan Strange explicó que todas las organizaciones internacionales (como la ONU, por ejemplo), por su naturaleza, están siempre dominadas por uno o más gobiernos [2]. A la vista de nuestros propios “europeístas”, está claro que los organismos internacionales son siempre débiles frente a los gobiernos dominantes, simplemente porque dependen de ellos, tanto a nivel financiero como político. A nivel administrativo mandan los grandes tecnócratas seleccionados por los políticos de las naciones dominantes. Solo a nivel nacional existe la democracia: los ciudadanos, los electores pueden hacer oír sus voces, nombrar y controlar a sus representantes y mandarlos a casa si lo hacen mal. A nivel nacional pueden surgir formaciones como Syriza, Podemos o, en otros aspectos, el Movimiento 5 Estrellas. A nivel europeo, sin  embargo, no existen movimientos significativos. Domina la política alemana. La experiencia de Syriza en Grecia y de Podemos en España nos enseñan que las luchas son ante todo nacionales. El nacionalismo democrático no es por tanto retrógrado: es una vuelta al futuro. El estado democrático nacional no es una chatarra que haya que tirar como sugiere la ideología liberal de la globalización. La política se hace sobre todo a nivel nacional porque las sociedades son nacionales. A pesar de la ilusión de los Estados Unidos de Europa.

La cuarta lección es que no existe posibilidad alguna de rediscutir la deuda europea. Es bastante improbable que Alemania y el Eurogrupo concedan aplazamientos a Grecia que precisamente tiene una deuda de “solo” 320.000 millones. Una deuda que está, entre otras, en manos de instituciones públicas (UE, BCE, FMI), las cuales podrían fácilmente hacerla desaparecer en sus balances. La pequeña Grecia ya ni siquiera pide la reestructuración de la deuda. Si países como Italia, que tiene 2,3 billones de deuda en manos de bancas comerciales privadas, pidiesen una disolución de la deuda serían inmediatamente acosados por la UE y por la comunidad internacional. El camino marcado por Syriza y retomado por otras izquierdas alternativas —pedir una Conferencia europea para discutir las deudas intraeuropeas—  se muestra por tanto completamente equivocado. Alemania no discutirá nunca sobre los créditos que quiere recuperar. Antes renunciará al euro.

La quinta lección es que…es muy difícil salir del euro. Lo es para Grecia porque más del 70% de los electores no quiere salir, a pesar de que… más del 70% aprueba el modo aparentemente jactancioso con el que Tsipras ha dirigido las negociaciones con el Eurogrupo y la Troika. Es difícil salir del euro porque gran parte de los capitales ha huido al exterior; porque es difícil controlar la fuga de capitales. Porque el país se dividiría entre favorables y contrarios. Y porque el BCE, como ha dicho Mario Draghi a propósito del Quantitative Easing, “ha aislado la infección griega”. La caída de la prima de riesgo ligada a la relajación monetaria del BCE, a la compra de títulos europeos por valor de 60.000 millones al mes, demuestra que los mercados financieros, al menos por ahora, no ven con preocupación el Grexit. Mientras el BCE consiga garantizar “cuanto sea necesario” (whatever it takes) para sostener el euro, el euro permanecerá. Mientras a Alemania le convenga sostener el euro, el euro permanecerá. Salir del euro es muy difícil, pero permanecer así en el euro significa desangrarse.

La sexta lección es que probablemente Grecia tendrá que recurrir a una moneda paralela al euro para conseguir sobrevivir. Incluso lo recomienda el Financial Times: la moneda fiscal se ha convertido en necesaria para volver a dar oxígeno a la economía, para dar liquidez al sistema [3]. Si el BCE y la UE no dan euros a Grecia, el estado griego estará obligado a emitir una nueva moneda paralela, posiblemente garantizada por el pago fiscal. Ya escribió de esto hace un año el ministro Yanis Varoufakis en su blog: hace falta una nueva moneda estatal para Grecia. Otros en Italia, entre ellos Luciano Gallino,  van por el mismo camino (a pesar de que la moneda fiscal proyectada en Italia es distinta de las versiones griegas y, según quien esto escribe, más eficaz) [4]. El problema es que los bancos no conceden crédito a la economía real. El QE de Draghi da dinero a los bancos y a los estados, bombea los mercados financieros. En esta situación solo el estado puede y debe intervenir emitiendo títulos fiscales gratuitos con valor de moneda para volver a dar liquidez a la economía real, rentas a los trabajadores y a las familias. Y para cubrir las necesarias inversiones públicas. Una moneda fiscal (necesariamente) dentro del euro pero también más allá del euro. Esta parece ser la única vía de salida practicable tanto en Grecia como en Italia. Con una diferencia importante: en Grecia la emisión de una moneda fiscal paralela al euro es una maniobra desesperada y podría ser el preludio de la vuelta al dracma. En Italia, la moneda fiscal convertible en euros podría, al contrario, funcionar bien para la economía sin estar obligados a salir de la moneda única.

No se puede prever si Grecia será obligada por Alemania a abandonar el euro. Y si Tsipras deberá abandonar, al menos en gran parte, sus objetivos reformistas. No obstante, el problema de la deuda o el de la salida del euro siempre  será un problema para Grecia. Grecia es un país arruinado y la situación es trágica en el plano humanitario. Sin cambios radicales no se podrá recuperar (e Italia se halla en no mejores condiciones aunque, a diferencia de Grecia, no es todavía un país arruinado). El caso griego confirma, si es que hacía falta, que la política alemana (y a continuación la europea) se opone a cualquier intento de reforma de la eurozona y de la UE. La miope rigidez alemana y la de los tratados europeos anuncian catástrofes y el caos ruinoso del euro. Con esta UE y con este euro no se saldrá nunca del túnel de la crisis. Sería ridículo afirmar que todos los problemas de la eurozona pueden resolverse con la moneda fiscal pero esta parece ser la vía necesaria para desengancharse lo más posible de la hegemonía alemana, para retornar a la democracia, a la autonomía nacional, a la posibilidad de intervenir de manera democrática y finalmente expansiva en la política económica. La alternativa es solo la inacción, el ir tirando.

Notas

[1] Spiegel on line versión inglesa 14 marzo 2015 “Endgame: Power Struggle in Brussels and Berlin over Fate of Greece”

[2] Susan Strange, Chi governa l’economia mondiale? Crisi dello stato e dispersione del potere, Il Mulino.

[3] Wolfganf Munchau, Athens must stand firm against the eurozone’s failed policies, Financial Times, 15 febrero 2015.

[4] http://monetafiscale.it/: Per Una Moneta Fiscale Gratuita: Uscire Dall’austerità Senza Spaccare L’euro, Manifesto elaborato da: Biagio Bossone, Marco Cattaneo, Luciano Gallino, Enrico Grazzini, Stefano Sylos Labini

Enrico Grazzini es periodista económico y ensayista. Publica sus artículos en Micromega, Sbilanciamoci, Il Manifesto y otros medios. Este fue publicado el pasado 2 abril  2015 en Micromega. Traducido por Javier Aristu

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