Maquiavelo en Andalucía

Por Javier ARISTU

Si nos atenemos a lo publicado por los medios hasta ahora, Susana Díaz no será investida presidenta de la Junta en la primera votación dado que ningún partido excepto el PSOE ha declarado su voluntad de  votar afirmativamente en la primera sesión que, como se sabe, requiere de mayoría absoluta. PP e IU declaran su negativa basados en una desconfianza absoluta con la voluntad y acción de la candidata socialista; los nuevos partidos, Podemos y Ciudadanos, ponen condiciones que, como trataré de explicar a continuación, son de difícil encaje en el debate y procedimiento de una normal sesión de investidura. Me refiero a la condición de que, antes de todo, deberían dimitir de sus escaños en el Congreso y en el Senado los anteriores presidentes de la Junta Chaves y Griñán. Otras condiciones tienen que ver, en el caso de Podemos, con la política respecto a desahucios y bancos y otra que tiene que ver con la reducción de altos cargos en la Administración autonómica.

Cada partido y fuerza política parlamentaria es libre de diseñar su estrategia de acuerdo con sus intereses y voluntad pero es bueno también que el ciudadano sepa con precisión y exactitud  que hay condiciones que, como ocurre aquí, o quedan fuera del ámbito de la política o son condiciones de difícil realización por parte de alguno de los protagonistas.

Vayamos con las afirmaciones puestas por PP e IU acerca de la nula confianza o credibilidad que les da el PSOE como para votarle la investidura. Es perfectamente lícito que una fuerza política no se fíe de otra a la hora de establecer su política de acuerdos; es normal que la acción política se base en la confianza de unos  con los otros. Los hechos y las acciones políticas son los que deben marcar dicha actitud y entiendo por ello que en la parte de Izquierda Unida se haya sedimentado una actitud de profunda desconfianza, recelo y desengaño tras la manera en que Susana Díaz disolvió el parlamento y convocó las elecciones del 22 de marzo. Desconfianza es otra palabra que Díaz pronunció cuando tuvo los desencuentros con IU, en el anterior gobierno de coalición, en relación con el asunto de las viviendas ocupadas en Sevilla y la visita al Sahara. Ambas partes no se fían mutuamente. Maquiavelo nos dijo que el Príncipe “debe ser cauto en el creer y en el obrar, no tener miedo de sí mismo y proceder con moderación, prudencia y humanidad, de modo que una excesiva confianza no lo vuelva imprudente, y una desconfianza exagerada, intolerable”. En el caso andaluz, creo que por ambas partes faltó cautela y prudencia y en la actualidad la desconfianza exagerada campa a sus anchas. Lo cual no facilita el diálogo y el encuentro en un terreno además en el que IU ha perdido cualquier posibilidad de condicionar la política andaluza en estos cuatro años que vienen. No va a venir por aquí la solución al problema de la gobernabilidad. Tampoco por el PP que está pasando por una fase de completo desconcierto. Pasar de ser el partido mayoritario de la cámara a quedar el segundo y con muy fuertes pérdidas de votos y escaños lo ha convertido en una fuerza parlamentaria que, a la espera de las elecciones municipales y de las generales, no será capaz de diseñar una estrategia coherente que no sea la de la absoluta oposición. Al PP le va a costar competir en un terreno que ya no es bipartidista y donde, además, deberá lidiar con unos Ciudadanos que le comen terreno. Todo hace indicar, además, que el PP nacional, el presidido por Rajoy, entra en una fase de recomposición si no de crisis profunda. Veremos cómo evoluciona el proceso.

De las otras condiciones puestas por Ciudadanos y Podemos me detengo en la de la dimisión de los ex presidentes Chaves y Griñán. Como se sabe, los líderes andaluces de Podemos y Ciudadanos exigen para negociar cualquier asunto relativo a la investidura que dimitan de sus escaños en el Congreso y en el Senado ambos políticos por su responsabilidad en el caso de los EREs, actualmente en sede judicial. Me parece que, al margen de los aspectos éticos o de coherencia con discursos preelectorales con los que se manejaron estos nuevos partidos que acaban de entrar en el Parlamento andaluz, es una condición, strictu sensu,  de imposible cumplimiento por parte de Susana Díaz. Es una “condición moral” en un terreno donde solo cabe la “condición política”. Susana Díaz puede pedir, rogar, suplicar, incitar a la dimisión a ambos diputado y senador pero en ningún caso les puede “obligar” ya que la condición de miembro de esas cámaras solo puede anularse mediante procedimientos propios de esas cámaras –congreso y senado, nunca del Parlamento andaluz y mucho menos de la candidata a Presidenta Susana Díaz– o por dimisión voluntaria de sus detentadores. La condición de diputado y senador está ligada a la persona, nunca al partido, como ha venido siendo consagrado por los tribunales desde hace mucho tiempo. Formalmente, el diputado Chaves y el senador Griñán, al margen de la opinión moral que cada uno tenga acerca de que todavía sigan siendo cargos públicos representativos, no tienen nada que ver con los asuntos de esta nueva legislatura que comienza el próximo jueves 16 de abril, son espectros del pasado, fantasmas de una historia lamentable que en su momento ocupó el espacio y el tiempo y que ahora tiene un presente y un futuro estrictamente judicial. Exigirle, por tanto, a la candidata socialista, una acción como la dimisión de ambos es errar el tiro y, en todo caso, disparar con balas de fogueo, sin querer herir. Teresa Rodríguez, por Podemos, y Juan Marín, por Ciudadanos, deben saber que, situados ya en abril de este 2015, las responsabilidades políticas fueron dilucidadas con las elecciones del pasado 22M. Los votantes formalmente cerraron el periodo y abrieron uno nuevo. Otra cosa es que se piense con razón que dichos dirigentes de la Junta no asumieron políticamente en su momento las responsabilidades que se derivaron de aquellas acciones de corrupción y malversación de caudales públicos. Hoy es el ámbito judicial el que tiene que resolver las responsabilidades judiciales y a él se tendrán que subordinar las instancias políticas y parlamentarias. Seguir hablando en el parlamento de Andalucía de Chaves y Griñán es seguir viviendo en el pasado. Y los andaluces queremos que estos nuevos partidos nos hablen del futuro, de sus programas, de sus planes, de sus proyectos.

¿Y el PSOE? ¿Ha tomado nota de lo ocurrido el pasado 22 de marzo? Es evidente que puede tener moral de victoria ya que conserva los mismos escaños que tuvo en la pasada legislatura pero es igualmente cierto que tiene más dificultades que antes para gobernar ya que, en principio, no tiene un socio estable sino que, al contrario, puede tener enfrente a todo el resto de grupos políticos. Debería dejar de hablar de “la pinza”, como aquella del PP/IU, como si fuera un talismán que lo inocula de todo mal; la oposición a su forma de gobernar es tan perfectamente legítima como la de gobernar con él. Cuanto antes deje atrás su psicología hegemonista, que todo lo devora, todo lo absorbe, como si Andalucía fuera su patio de juego, antes podremos creernos lo del nuevo tiempo que anuncia Pedro Sánchez. Esta nueva fase que se abre debería ser una fase nueva también para los socialistas andaluces, más dialogante, más abierta a los otros partidos, más centrada en el encuentro que en la cerrazón autoritaria. Uno no termina de entender cómo este partido es capaz de entenderse en ciertos asuntos con el PP pero se cierra a cualquier posibilidad de encuentro con Podemos. ¿Temor o desprecio?

Por eso, cuanto antes se sitúen los actuales representantes políticos en el nuevo tiempo, en la nueva legislatura, antes podrá seguramente Andalucía superar colectivamente un periodo nefasto y negativo para nuestra convivencia y nuestra imagen. El pasado es necesario para aprender de él, para no repetir sus errores. A los nuevos partidos, jóvenes y con algo de fresca inocencia,  y a los viejos partidos, resabiados y duchos en manuales ya amarillentos, habría que recordarles una vez más al maestro florentino: “Aunque no es posible seguir exactamente el mismo camino [de los anteriores] ni alcanzar la perfección del modelo, todo hombre prudente debe entrar en el camino seguido por los grandes e imitar a los que han sido excelsos, para que, si no los iguala en virtud, por lo menos se les acerque”. Maquiavelo, pura política.

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