¿Dónde está Ítaca?

Foto: Juan Verni

Por Javier ARISTU

Lo que parece que no aciertan a comprender los responsables políticos europeos y de los gobiernos nacionales de las dos principales corrientes políticas es que si finalmente logran derrotar las muy justas pretensiones del gobierno de Alexis Tsipras, para muchos europeos europeístas empezaría a carecer de sentido seguir apoyando la existencia de una UE tan antisocial y poco solidaria.”. Así se expresaba hace unos días Javier Doz, presidente de la Fundación 1 de Mayo, en su blog. Efectivamente, sin caer en lamentos apocalípticos ni en himnos fúnebres, da la impresión de que el proceso abierto a partir de la constitución del gobierno de Tsipras ha adquirido matices y contenidos completamente nuevos que nos obligan a afirmar que, esta vez sí, pasamos por momentos políticos decisivos.

La Unión Europa, el proceso de construcción de un modelo político completamente innovador en la historia de las naciones y de los sistemas políticos, puede encallar según y cómo se resuelva el contencioso griego. La pretensión de zanjar –de forma autoritaria- la cuestión griega a partir de un diktat, no admitiendo ni un cambio de ritmo, ni un aplazamiento de pagos, ni asumiendo el estado de necesidad de una mayoría de la sociedad griega, puede llevar, precisamente, a que una parte muy importante de europeos se planteen si este modelo de UE, esta gobernanza de la Unión, merece ser apoyada y nos trae algún beneficio.

Se ha aludido reiteradamente, desde hace muchos años, al estilo de gobierno y resolución de problemas que se ha venido practicando en Europa. Un estilo basado en el riesgo del precipicio, en llegar hasta el filo del mismo para, en una noche de tensiones y de insomnio, llegar a un acuerdo, el mínimo para poder continuar el trayecto. Los grandes acuerdos que han jalonado la historia de la UE están repletos de esas noches de duermevela, cargadas de negociadores, repletas de peligros de ruptura pero donde, al final, se llegaba al ansiado acuerdo. Europa ha venido avanzando en su cohesión, cooperación y diseños de políticas comunes a través de una permanente carrera de obstáculos. Pero siempre, salvo excepciones, se alcanzaba al final de la maratón el acuerdo de sus participantes.

Esta vez puede que no sea así, puede que de tanto jugar con fuego, la Unión europea acabe achicharrada.

Aparte de la inmensa injusticia que se está cometiendo apretando la soga sobre el cuello de la víctima más débil de la Unión, uno se queda asombrado al no saber si el resto de los países que forman esa “Unión” son conscientes de que el problema no es que se hunda Grecia –a qué profundidad llegaría más de lo que está-, sino que se hunda Europa, sometida a la inconsciente y brutal presión de una Alemania con superávit, incapaz de entender el lenguaje de la flexibilidad y los intereses superiores que no pueden ser otros sino los de la solidaridad europea.

Y en toda esta maléfica fiesta de los números y las apuestas destaca de forma clamorosa la inacción, el absoluto desarme (ideológico, político y programático) de la socialdemocracia europea. ¿Dónde están los socialistas europeos? ¿Cuáles son sus cálculos y sus intereses en esta navegación hacia no se sabe qué puerto? Es triste, muy triste, ver cómo desde el PSOE no ha salido ni una sola voz, ni opinión, ni cobertura de ningún tipo a favor del cambio de ritmo en el proceso griego. Desde ciertos ámbitos del socialismo español se le ha criticado a Tsipras, de forma despiadada en algunos twits, que no incluyera a ninguna mujer en su gobierno –obviando o desconociendo que, entre otros numerosos casos de mujeres en el gobierno, cuenta con una Presidenta de la región de la Ática, la más importante de Grecia-, y acusándole con cierto desprecio de una actitud machista. Son legítimas las críticas a la ausencia de mujeres en el gobierno griego; lo que no es legítimo es que a su vez no se haya reconocido desde esos ámbitos el valor que tiene para toda Europa el triunfo de Syriza, que haya sido capaz de frenar a Amanecer Dorado y levantar una mayoría de la nación contra la política de austeridad guiada por Merkel y a favor de una Europa de progreso. Esas actitudes residentes en el socialismo español tienen que ver con el sectarismo y desprecio por el otro, aunque sea de izquierda, que históricamente han atenazado y bloqueado a nuestra española izquierda. ¿Con quién está el socialismo europeo? ¿Con quién va a construir el nuevo programa europeo el PSOE? ¿Prefiere a la CDU de Merkel o a la Syriza de Tsipras?

Una importante brecha se está produciendo dentro de lo que podríamos denominar la cultura y el ámbito socialdemócrata europeo. Si antes fue la ruptura con el movimiento obrero, con los trabajadores del modelo fordista, ahora se puede estar produciendo una segunda igual de importante. Es una ruptura que viene gestándose desde hace algunos años y que se concreta entre lo que podríamos denominar una parte consistente de la intelligentsia socialista, instalada en revistas, fundaciones, universidades, centros de pensamiento social, y los políticos socialistas “funcionarios” de partido, que gobiernan o hacen oposición. Es la racionalidad frente al poder. Hoy constatamos que muchos destacados intelectuales y exponentes del pensamiento socialista están por un cambio de rumbo en el proyecto europeo…mientras los apparatchiks del socialismo europeo están colaborando en gobiernos con la derecha neoliberal (léase la gran coalición en Alemania) o siguen puntualmente las orientaciones de Frankfurt o Berlín (léase Renzi en Italia). ¿Cómo si no entender la profunda divergencia entre lo que dice Henning Meyer, editor de la revista Social Europe, en un artículo donde elogia «la política de  convicciones» de Yannis Varoufakis, con las posiciones del SPD en el asunto de la deuda griega? ¿Cómo conciliar la determinación de un Thomas Piketty a la hora de plantear un impuesto sobre los ingresos y capitales con la política de un François Hollande en Francia y en Europa? ¿Qué ha provocado que Anna Diamantopoulou, ex ministra del PASOK griego, y ex comisaria europea en el equipo de Romano Prodi, apoye nítidamente [leer artículo] al gobierno y el programa de Tsipras y Syriza? Que en cierta forma se está produciendo un choque entre la racionalidad de la política y el poder de unos pocos. Ni más ni menos. Continuar con la senda de la austeridad y el dogal presupuestario hoy interesa y sirve solo a unos intereses bancarios y financieros muy minoritarios, sí, pero que han sido capaces de rodearse de una amplia y extensa cobertura de tecnócratas, políticos, ejecutivos y propagandistas de esas ideas donde en muchas ocasiones políticos socialistas no dejan de aportar su granito de arena. Frente a esa tropa se alza un cada vez más harto conjunto de ciudadanos y fuerzas que son los que de verdad están defendiendo la Europa de los pueblos, de los ciudadanos, de la igualdad, la libertad y la solidaridad, pensando en hacer efectiva la realización de la primera línea de la Carta europea de Derechos: Los pueblos de Europa, al crear entre sí una unión cada vez más estrecha, han decidido compartir un porvenir pacífico basado en valores comunes.

Por eso es necesario ver la cuestión de Grecia como algo que nos compete a todos. No es solo solidaridad con la víctima, es también decidir si queremos una Europa de los pueblos libres o un conglomerado de intereses corporativos y financieros. De ahí la importancia de que las fuerzas sociales progresistas, partidos de izquierda y personalidades referentes se unan hoy en torno a la defensa de Grecia. Eso es hoy defender Europa.