Import – Export

Foto Flickr Asteris Masouras

Por Javier ARISTU

Viene siendo ya un latiguillo de estos últimos días: “¡Nos hace falta una Syriza en Andalucía, en España…!”. Son ya muchos los que a través de las redes sociales difunden esa idea para que la firmemos y, de esa manera, se logre convencer a no sé quién de Podemos y a no sé cuántos de IU para formar una candidatura única de la izquierda en las próximas elecciones andaluzas del 22 de marzo que, supongo, sería precedente de la gran eclosión “syriziana” de las elecciones generales de este 2015. Fiat voluntas tua, [hágase tu voluntad] dice el verbo latino. Sin embargo, creo que el devenir del futuro de la izquierda en nuestro país no es cosa de voluntades sino de situaciones, sintonías y procesos; y de intelecto común, vamos.

Veamos antes de todo el proceso de Syriza, cómo y por qué ha llegado a donde está, desplazando al Pasok de “la centralidad de la izquierda” y construyendo una fuerza política capaz de representar a una gran mayoría nacional griega. Para ello, y entre otras apuestas, tuvo que desprenderse y enfrentarse en su momento con el partido comunista griego (KKE, prosoviético en la jerga de entonces), dominante en la izquierda griega durante muchos años. El proceso de Syriza ha pasado por muchas y diversas vicisitudes. Desde los años 80 del pasado siglo ha habido la coalición Synapismos —que reunía a los dos partidos comunistas existentes más otros grupos— y otras fórmulas electorales. Solo a principios de este siglo se conforma la coalición Syriza que reunió a la mayoría de los partidos de Synapismos (excepto el ortodoxo KKE) y que se ha presentado a todas las convocatorias electorales, locales, regionales y generales como tal coalición. 2004 es el año de su irrupción en la escena política griega y 2012 supone la consagración de Syriza como una auténtica alternativa al gobierno de la derecha. Solo hace pocos meses se convirtió en partido político unitario, desprendiéndose de cualquier forma de coalición electoral. A su lado, como un muerto viviente, ha quedado aquel en otro tiempo glorioso KKE, convertido hoy en una sombra y en una repetición de aquellos PC de los años 20 y 30 del pasado siglo que apostaban “por la revolución de los soviets despreciando la república burguesa”. Leer hoy la página web del KKE es constatar la esclerosis de un pensamiento y confirmar que la historia siempre se puede repetir, cada vez más grotesca. Pongo esta cita como ejemplo, tomada del sitio web del KKE en el momento en que escribo esta entrada: “El nuevo gobierno de SYRIZA no significa un cambio político a favor del pueblo. El gobierno de coalición de SYRIZA de “izquierda” y el partido derechista nacionalista de los Griegos Independientes (ANEL), que estaba siendo preparado desde hace tiempo (antes de las elecciones), mantendrá los compromisos antipopulares del país con la Unión Europea y los acreedores, así como con la OTAN y servirá al gran capital.” Y se quedan así, tan panchos.

Sin duda desde los pasados años 80 y 90 han ocurrido acontecimientos y procesos sociales y políticos que han provocado esta llegada impetuosa pero no imprevista del partido de Tsipras. No es este el lugar de comentarlos ni soy yo persona ducha en el griego ni en la política griega pero hay algo para lo que no hace falta saber la lengua de Homero: a) que cada país tiene una realidad intransferible, que no se puede trasladar mecánicamente a otro; b) que la Syriza de 2015 no es resultado de un acelerado proceso de negociaciones preelectorales ni de aisladas reuniones de dirigentes en una mesa. Syriza es resultado del peculiar proceso griego, de su historia, de sus circunstancias. Y en ese peculiar proceso histórico los conflictos sociales, las luchas de los trabajadores griegos y de las capas sociales más castigadas, además de la política concreta llevada a cabo por el Pasok, han jugado un papel determinante. Hablando en plata: Syriza es resultado de un proceso social histórico, no de un calentón coyuntural de sus líderes. Detrás del éxito de Syriza hay toda una previa crónica de agrupamientos sociales, batallas sindicales, conflictos populares contra la reconversión económica, iniciativas cooperativas y mutualistas, creación de redes estables de agrupación y cooperación sociales, y muchas más como nos dice claramente el profesor Rodotà en una reciente entrevista publicada en este blog [leer entrevista]. Y, además y de forma no menos importante, ha habido una excelente lectura de esos hechos por parte de los núcleos dirigentes de Syriza que en vez de enrocarse en actitudes defensivas, doctrinarias o resistenciales han sido capaces de construir un verdadero programa de unidad social y nacional a la vez que no perdían nervio movilizador.

Por todo ello, propugnar en estos momentos la configuración de una “Syriza española” o una “Syriza andaluza” es una formulación anti histórica y el reflejo de la confusión del deseo con la realidad, cosa que nunca es deseable en política. No es que no haya habido “nervio social” o movilizaciones en nuestro país: el 15M nace en España, ha sido un acontecimiento decisivo en la vida social, las mareas, las huelgas y conflictos laborales han sido numerosos y han recorrido toda la piel de toro; la sensibilidad social ha estado a flor de piel en asuntos como los desahucios, las preferentes,etc. En España se ha respondido con movilización y con nervio social a la ofensiva neoliberal. Hay incluso conflictos sociales que se han saldado con éxito para los trabajadores. ¿Qué ha pasado para que aquí no haya una Syriza, confluencia de la mayoría de la izquierda? Es posible que desde las organizaciones españolas de izquierda no se haya sido capaz de responder con la claridad de ideas, el dinamismo y la perspectiva de futuro que ha tenido Syriza. Ha faltado seguramente inteligencia política en la dirección de los diversos círculos que hoy conforman la izquierda española y ha habido carencias para generar alianzas. Hay una imagen que he visto de nuevo recientemente en algún programa de televisión y que me ha resumido lo que ha estado pasando: en esa escena vemos a Cayo Lara en un mitin donde, ante la demanda expresada por algunos de dentro y de fuera de su partido, exclama que “aquí no hace falta una Syriza, Syriza en España somos nosotros, somos IU”. He aquí el gran error. Syriza era ya IU…y sin embargo todos sabemos que no era así. IU no hizo el camino que recorrió el partido de Tsipras, se quedó a medias. Por eso tuvo que salir por su flanco  Podemos para recoger toda la energía social que se había venido acumulando desde años ante la ignorancia, pasividad o ceguera estratégica del partido de Cayo Lara. Y ahora nos encontramos a Podemos y no sabemos qué va a quedar de IU tras estas elecciones andaluzas y tras este histórico año electoral de 2015.

Una lección tendrán que sacar de todo esto quienes están o van a estar al frente (y entre ellos obviamente los líderes de Podemos): no hay procesos políticos con viabilidad y con capacidad de ser hegemónicos al margen de los procesos sociales y, entre ellos, los procesos productivos y económicos especialmente. En España asistimos desde hace varios años a un profundo, consistente y duro proceso de reconversión de nuestro marco social y económico. No hablamos solo del “derrumbe del estado del bienestar” que es solo una faceta de algo más serio; hablamos de una transformación histórica que se está llevando por delante medio siglo de “cultura industrial y social” y con ella todo el entramado de redes de solidaridad que se había construido durante la dictadura y los años de la democracia. No hablamos de recuperar un modelo industrial fordista, fabril, de industrias clásicas; hablamos de que se está acabando con las posibilidades de que este país puede producir algo en el futuro (y en el presente ya está ocurriendo), de que seamos un país productivo y creativo, pasando a ser solo un país de consumidores, dependientes de comercio, repartidores de paquetería y de camareros. Con trabajadores que han hecho cuatro años de carrera universitaria (o tres, según el nuevo proyecto Wert) pero que no van a tener un contrato fijo en su vida o el que tengan lo será precario y en sectores como los antes citados. Ese es el auténtico problema —seguramente no el único pero sí uno de los más importantes— al que la izquierda tendrá que dar respuesta. Llámese nuevo modelo productivo, llámese nuevo modelo de solidaridad, bienestar y convivencia, como queráis; lo que es obvio es que no vamos a volver a tiempos pasados y no parece tan evidente que nuestras izquierdas, la política, la cultural y la social, estén leyendo con rapidez y sintonía estos tiempos de cambio. Sí, se rebelan, protestan, se enfrentan al modelo neoliberal, pero falta que nos presenten una nueva utopía posible capaz de ilusionar y reunir a las fuerzas de las clases trabajadoras y de otros segmentos sociales agredidos por esta crisis más allá de la protesta. Esto ha ocurrido en Grecia, ¿por qué no en España?

Nos interesa trasladar el debate político —cada vez más televisivo y de plató cinematográfico— al debate social. Lo que tendría que ser un debate de la sociedad y de sus representantes e interlocutores a todos los niveles se está planteando solo por arriba, por las envolturas más institucionales y mediáticas. ¿Cuántos líderes sindicales o sociales, cuántos exponentes de la cultura, cuántos creadores solventes de opinión salen en nuestras cadenas de televisión, en nuestros medios opinando sobre los hechos en curso? ¿Quiénes son los que monopolizan hoy la palabra en un pretendido debate político sobre el futuro de España? Políticos profesionales y periodistas, al mismo nivel. Es verdad que vemos, sobre todo en medios escritos, a personas que están aportando claridad, ideas y reflexiones indispensables para el futuro; pero los que domina el medio global de comunicación en nuestro país son los exponentes de esa “lengua de palo” de la actual escena política. En la presente confrontación —silenciosa o ruidosa, es igual— entre Podemos e IU aparecen muy destacados los personalismos, los nombres y apellidos de sus dirigentes, las estructuras de poder, las referencias a una misma y poco identificable jerga oficialista y política que privilegia precisamente a los políticos respecto del resto de los ciudadanos. La izquierda política, con su argot, su vocabulario y sus tics también se manifiesta como una cierta “casta” que no está planteando con prioridad los aspectos decisivos de nuestra vida colectiva. Quizá antes que hablar de una “coalición electoral” de las izquierdas habría que ponerse de acuerdo en si nos interesa discutir mejor sobre una “coalición social” —como plantean Landini y Rodotà en Italia— capaz de poner en activo a todo el conjunto más potente de la sociedad progresista, a sus organizaciones sociales, donde los sindicatos siguen siendo decisivos, repito, decisivos, afrontando los debates fundamentales que tenemos como sociedad y como país (que no tienen por qué coincidir con el tempo de la política) y, posteriormente, tratar de construir la alternativa político-electoral desde la izquierda. A lo mejor se trata, de verdad, de arrancar con un nuevo inicio. Con los mimbres existentes, sí, pero además con otros nuevos. Y en esos mimbres están evidentemente las experiencias de nuestro pasado y las actuales de Grecia y de Syriza.


Sobre la naturaleza de Syriza y su evolución acabo de leer este interesante artículo de Gerassimos Moschonas, profesor de la universidad Panteion deAtenas, publicado en el diario Le Monde el pasado 29 de enero.

Sobre el  tema de la “coalición social”  pero con variaciones en Mi bemol y Re sostenido pueden leerse:

José Luis López Bulla, La izquierda social de Maurizio Landini

Paco Rodríguez de Lecea, Izquierda social, instrucciones de uso