Andalucía 2015: Que 33 años no son nada…

Foto Phillip Capper

Por Javier ARISTU

Los datos son tercos…hasta cuando dejen de serlo. Lo interesante que tiene la política, la acción política, es que puede demostrar que la capacidad de los hombres y mujeres puede imponerse por encima de las cifras y las estadísticas. Pero todo dentro de un orden, que las matemáticas son una ciencia, exacta además. Me explico.

Tras la convocatoria para el próximo 22 de marzo de próximas elecciones autonómicas en Andalucía, las décimas desde 1982, me he puesto a repasar los datos que tenía de los resultados obtenidos por los partidos presentes en todas las legislaturas —que me perdonen los otros que solo han estado en algunas de ellas— y me gustaría compartir con los lectores de este blog las reflexiones a las que he llegado. Simple y sencillo análisis electoral a partir de cifras globales; no pretendo entrar en más detalles —provincial, de distrito urbano, de capas sociales, etc. que seguro que hay estudios sociológicos donde se precise más—; intento sacar alguna deducción que pueda ayudar a entender lo que está pasando y lo que puede pasar. Aunque, como siempre, la única verdad será la que se desvele el día 22 de febrero a partir de las 20:00 horas.

Vayamos a los datos estadísticos del pasado y saquemos conclusiones. [Todos los resultados desde 1982 aquí]

  1. El mapa electoral andaluz está organizado básicamente en torno a una tríada política de la siguiente manera: un PSOE dominante, con porcentajes electorales que han ido desde el 39%, en el peor de los casos, hasta el 49,8%, salvando su mejor resultado de 1982 (52,7), nunca alcanzado después. Su media está en torno al 46%: casi 2 de cada 4 votantes andaluces lo han hecho hasta ahora a este partido. El PP comenzó con cifras del 17 al 22% y es a partir de 1994 —año determinante en la historia política y electoral andaluza y española— cuando se convierte en un partido de mayorías y con vocación de gobierno: sus porcentajes han ido del 34% (1994) al 40,6% en las últimas elecciones de 2012. Una media del 31%, lo que supone que aproximadamente 1 de cada 3 votantes andaluces lo han hecho al PP en estos últimos 20 años. Y la tercera pata del actual sistema político-electoral andaluz ha sido IU. Esta fuerza ha tenido un comportamiento más inestable y espasmódico: sus resultados han ido en el peor de los casos desde el 7,6% (2004), el 8,5% (1982) hasta sus mejores cifras del 19,3% (1994), 17,8%(1986) o las últimas del 11,3% en 2012. Su media es de 11,8%, lo cual quiere decir que casi 2 de cada 10 votantes lo han hecho por IU. Si juntáramos a 10 votantes arquetípicos de estos últimos 35 años su foto electoral sería: 5 lo habrían hecho por el PSOE, 3 por el PP y 2 por IU. ¿Cómo denominaríamos a este modelo político-electoral? ¿Régimen? ¿Bipartidismo? ¿Tripartidismo? Desde luego no se parece a un sistema de multipartidismo clásico aunque se escora más hacia un “bipartidismo de tres patas” donde la tercera es flexible, es decir, se usa o no según la estabilidad del modelo. Durante treinta años ha podido el PSOE gobernar en solitario, el PP no ha sido capaz de ser una alternativa de gobierno (solo lo podía ser con mayoría absoluta)  e IU ha sido, salvo en estos tres últimos años, una fuerza sistemática de oposición al PSOE pero sin poder ser  alternativa de nada.Junta-Andalucia-Susana-Diego-Valderas_ECDIMA20140410_0003_16
  2. 1994, decíamos antes, fue un año significativo para romper las dinámicas de años anteriores. En las elecciones de ese año el PSOE pierde su hiperfortaleza, su dominio absoluto, y del 50% que tenía llega a descender hasta el 39%. Por el contrario, ese año marca la ruptura positiva para el PP: pasa del 22,2% al 34% y a partir de entonces no ha dejado de estar en las cifras del 30. Hace veinte años se produjo la mayor modificación del mapa electoral andaluz desde 1982. Con la entrada en el Parlamento andaluz del PP, con cifras del 35%, esta institución ha tenido una dinámica parlamentaria más agitada y convulsa aunque todo ello no supuso nunca la posibilidad de que cuajase una alternativa de gobierno al PSOE: éste ha gobernado ininterrumpidamente desde 1982 con gobiernos de mayoría absoluta, de acuerdos parlamentarios o de coalición, como en esta última que acaba de culminar. Muchos elementos indican que a lo mejor este año de 2015 puede marcar una nueva etapa en esa geografía política y electoral andaluza. Veinte años después de aquel para algunos “inolvidable 1994” a lo mejor se avecina una nueva tormenta. Veamos por qué.
  3. Una serie de elementos están coincidiendo a fin de propiciar esa borrasca. Detallemos algunos, sin orden jerárquico o de importancia política: a) las elecciones griegas han visualizado, por primera vez en la historia de los últimos decenios, que es posible derribar murallas inexpugnables y que la paciencia de la gente tiene un límite. El cansancio social, el sufrimiento de la gente tiene límites y los datos de la crisis social en Andalucía no son precisamente positivos. Aquí también se pueden derrumbar murallas inexpugnables, ¿por qué no? b) La irrupción de Podemos en las elecciones europeas de 2014 se ha producido para quedarse. En Andalucía Podemos —y no descartemos otras fuerzas políticas nuevas aunque más débiles— va a entrar en el parlamento, no sabemos todavía con qué fuerza, pero su presencia va a marcar un antes y un después. Y ese simple hecho transforma el mapa, modifica el teatro de actuación. La cuestión está en saber cuánto le va a quitar Podemos al PSOE, cuánto le va a arañar a IU y cuánto a la tradicional abstención pero todo indica que las tres patas de la mesa se van a convertir en cuatro o más. c) El PP en Andalucía, al margen de representar a un electorado conservador, ha sido también el ariete para intentar hacer caer el poder socialista, lo cual ha significado que una parte de su voto no era o es estrictamente de derechas sino de gente con ganas de echar al PSOE del poder. Todo eso me lleva a pensar que a lo mejor 2015 sea un año donde muchos de esos votantes “anti-PSOE” se van a pensar dónde depositar su voto, cuál es la mejor opción para conseguir ese objetivo de apartar del gobierno y del poder de Andalucía a la fuerza política que lo viene ejerciendo desde hace 33 años. 2015 ya no es 2012, cuando el peligro PP hizo que muchos votaran al PSOE para evitar —tras la constitución del gobierno Rajoy— la llegada del PP al poder en Andalucía. Hoy puede haber gente pensando que hay otras maneras de castigar al PSOE sin dar el poder al PP: Podemos y otras fuerzas recién llegadas. Y sin descartar que otros voten a IU, molestos tras disolución forzada e interesada del parlamento por una Susana Díaz que aparece demasiado ambiciosa y en exceso prepotente.

Pero hay todavía mucha tela por cortar. Seguiremos cosiendo e hilando.