¿Podemos?…Veremos

Foto: José Hermenegildo Álvarez

Por Francisco FLORES TRISTÁN

La aparición de “Podemos” ha zarandeado con fuerza el árbol de la política española despertándolo del sopor con el que la mayor parte de la ciudadanía contemplaba el espectáculo  de las habituales “peleítas” (Chamizo dixit) de los partidos “tradicionales”. El comportamiento de estos partidos con el habitual recurso al  “y tú más” en asuntos de corrupción o la crítica en la oposición de lo que se hace cuando se está en el poder ha justificado el tan socorrido “son todos iguales” tan habitual en cualquier charla de café y que tranquiliza la conciencia de quien prefiere refugiarse en el apoliticismo pasivo antes que hacer algo por cambiar la situación.

Una de las mayores aportaciones positivas de Podemos es sacar del abstencionismo a una masa importante de gentes y llevarlas a participar en política, devolviéndoles a unos la ilusión perdida y a otros quitándoles la coartada de que “no se puede hacer nada” porque, hagas lo que hagas, siempre ganan los mismos. La irrupción de Podemos  está obligando además a mover ficha al resto de partidos metiéndoles el miedo en el cuerpo. En especial en los partidos de izquierda esto está favoreciendo un proceso de renovación, de cuestionar sus propias actuaciones aunque de momento en algún caso tengan la brújula un tanto mareada sin consolidar un modelo de actuación y un programa consistente.

Mucho se ha insistido en la enorme habilidad y capacidad de los dirigentes de Podemos para utilizar los medios de comunicación y las redes sociales lo que explicaría el enorme éxito electoral ya constatado (en las elecciones europeas) y el más importante que auguran todas las encuestas. Yo añadiría otros tres elementos que conjuntamente con el anterior explican este éxito. Uno es la virginidad política; se trata de un partido nuevo, no lastrado por los vicios y los errores que acompañan inevitablemente el ejercicio del poder y dotado además de una estructura más o menos alejada de la asfixiante burocracia de los partidos tradicionales. Otro es la extremada juventud de la mayoría de sus dirigentes. Desde los años veinte del pasado siglo la juventud no ha dejado de ser un valor en alza en la sociedad en general, pero también en política. Y el tercero es la profesión universitaria del núcleo dirigente; a pesar de lo que pudiera parecer los intelectuales siguen teniendo prestigio en España especialmente entre las clases medias, sector de donde creo que se nutre el mayor semillero de votos de Podemos.

Y a estos valores positivos de Podemos tenemos que sumar los valores negativos del resto, el hartazgo de la gente del funcionamiento de los partidos tradicionales, de la corrupción y sobre todo de la crisis económica y de la falta de respuesta de los partidos tradicionales ante la misma. Este conjunto de elementos positivos y negativos puede explicar perfectamente la enorme conmoción que ha supuesto la irrupción de Podemos en la política española hasta el extremo de llegar a situarse como primera fuerza en algunas encuestas.

Sin embargo hay aspectos que me suscitan una gran perplejidad, y creo que no soy el único, en la irrupción de Podemos. Está claro que sus dirigentes han mostrado una enorme habilidad para conseguir votos pero lo verdaderamente importante es la capacidad de administrarlos. ¿Qué va a ocurrir si llegan al Gobierno o si se convierten en la fuerza predominante de la Izquierda o incluso en primera fuerza política, como pronostican algunas encuestas? En primer lugar  resulta chocante una cierta confusión derivada de los  importantes cambios realizados en el programa después de las elecciones europeas.  Estos cambios obedecen a la necesidad de moderar el discurso y ampliar la base electoral; así por ejemplo se ha pasado de defender una renta básica universal para todos los ciudadanos a la idea de una “renta” para las personas que no tengan otros ingresos (lo que se parece bastante a la “ayuda social” que dan ciertas Comunidades Autónomas) y las afirmaciones rotundas de un hipotético impago de la deuda han sido sustituidas por la defensa de una reestructuración de la misma o una quita pactada. En realidad estos cambios parecen bastante sensatos y en principio no habría nada que reprochar sobre todo teniendo en cuenta la juventud del partido. Todo el mundo tiene derecho a rectificar y más si esa rectificación obedece a la necesidad de adoptar posiciones más realistas, más factibles de realizar. En la misma línea de ampliación de la base electoral van las declaraciones de Iglesias en el sentido de situar a Podemos en la  “centralidad política” o evitando la caracterización de esta fuerza como de izquierdas porque “a quien piensa que con izquierda y derecha se puede entender el espacio político nosotros decimos que es un juego de trileros” (declaraciones de P. Iglesias a El País 18.01.2015). Este tipo de afirmaciones se pueden compartir o no pero son perfectamente legítimas. Pero lo que me resulta desconcertante y suscita cierta desconfianza es la combinación de este tipo de gestos de moderación con actitudes muy radicales por ejemplo respecto al papel de los medios de comunicación o en defensa de la apertura de un proceso constituyente. ¿Cómo casan estos dos discursos? ¿Obedecen estos cambios a un puro oportunismo político? ¿O se moderará también el discurso estrictamente político de Podemos?

Esta actitud radical en materia constitucional es lo que suscita mayor desconcierto en la actuación de Podemos. Desde luego parece muy poco razonable rechazar sin más la etapa transcurrida desde la Transición hasta ahora. Es verdad que los 5 o 6 años últimos, los de la crisis, han sido malísimos, pero si repasamos brevemente la historia de España de los últimos 200 años es difícil encontrar una época de mayor progreso social, económico y en materia de libertades y derechos humanos que en el período de vigencia de la actual Constitución. Pero al margen de esto, yendo sencillamente al aspecto puramente práctico y teniendo en cuenta que el art. 168 de la actual Constitución exige una mayoría de 2/3 del Congreso para una revisión total de la misma, que es lo que implicaría abrir un proceso constituyente, ¿cómo espera lograr esto Podemos? ¿Aspira a alcanzar este resultado o es que pretende hacerlo “a las bravas”? El objetivo se me antoja aún más irrealizable teniendo en cuenta la práctica ausencia de una política de alianzas en Podemos. Da a veces la sensación escuchando a sus líderes que ellos plantean la cuestión en términos de “o todo o nada” es decir, o somos los primeros y nos encargamos del Gobierno o no queremos saber nada. Pero es que, por muy favorables que sean las encuestas ninguna da a Podemos no ya los 2/3 sino ni siquiera la mayoría absoluta. Tal cosa parece hoy por hoy muy lejos de la realidad. Parece imposible que Podemos pueda a llegar a plantear no solo el proceso constituyente sino el resto de su programa sin el apoyo como mínimo de las fuerzas de izquierda, IU y PSOE. En el mitin celebrado en Sevilla el pasado 17 de enero oí por primera vez a Iglesias plantear la posibilidad de un acuerdo con el PSOE, eso sí supeditado a un giro de 180º en este partido. Y respecto a IU, teóricamente la fuerza más afín, está siendo permanentemente ninguneada por Podemos. La descalificación permanente que supone englobar despectivamente al resto de partidos, especialmente PP y PSOE en el despectivo término de “la casta” (Esta gentuza” se le llamó también en el mitin de Sevilla) no es una buena carta de presentación de pactar alianzas en el futuro. Me recuerda vagamente esta actitud a la de Anguita en los tiempos del “sorpasso” o más lejanamente a la política bolchevique en los años 30 de absorber a los partidos socialistas ocupando todo el espacio de izquierdas. Por otra parte esa insistencia  en abrir un proceso constituyente recuerda también al proceso realizado en Venezuela por Chávez; aunque los dirigentes de Podemos no dejan de insistir en que su modelo es, más que el venezolano, el de las socialdemocracias del norte de Europa, algunos de sus planteamientos no dejan de recordar a los de la República bolivariana. Espero que el experimento de Podemos no acabe como la actual Venezuela de Maduro.

En el breve lapso de tiempo que queda hasta las elecciones generales se van a producir numerosos acontecimientos relevantes  empezando por las inminentes elecciones griegas y la actuación del más que probable gobierno de Syriza y siguiendo con las elecciones municipales y la evolución de la situación de Cataluña. Estos acontecimientos son tan relevantes que pueden cambiar sustancialmente el tan volátil mapa político español. ¿Se consolidará en Podemos la tendencia moderada que le lleve a buscar pactos con los grupos de  izquierda o se decantará más bien por una actitud similar al Movimiento 5 estrellas en Italia dificultando la formación de un Gobierno estable? …. Veremos

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