Que vuelva el Comité Central

Por Juan PRECIADO

En los viejos tiempos a los dirigentes más valiosos del partido vanguardia de la clase obrera se los metía en el Comité Central; unos pocos entraban en el selecto Buró Político y  por encima del bien y del mal estaba el Secretario General, que era un órgano en si mismo. Después la cosa fue evolucionando, o degenerando;  al buró le cambiaron el nombre (que olía al soviético Politburó) y pasó a llamarse Secretariado u otro nombre insípido  y mucho mas tarde al Central lo renombraron Federal.

Después de democratizadoras ampliaciones de dichos órganos estatales y de nacionalidad histórica (o de nueva planta) en ellos entraba ya cualquiera o al menos tenía un pariente. Mientras tanto  las bases,  a sensu contrario, empezaban a disminuir por la falta de perspectiva revolucionaria o  electoral o a causa de la chunga ley de vida.

Muchas organizaciones cuando decaen se cambian de nombre  o bautizan de otra manera a sus juntas de gobierno creyendo inocentemente que lo que les aleja del triunfo son los rótulos cuando no es eso. Incluso puede  que sea  perjudicial la pérdida de  solera  y de resonancia poética de alguno de los antiguos dominios.

A un socialcristiano que ingresó en el PDS italiano (heredero del Partido Comunista) lo sentaron en la presidencia al lado de D’Alema, pero se sentía decepcionado: “A mi lo que me hacía ilusión era ser del Comité Central y ahora que entro yo, van y le ponen Consejo Nacional, y  no es lo mismo”.

No le faltaba razón, y si yo estuviera tentado de hacer carrera política en el PNV (Dios me libre) en gran parte lo haría hechizado por el  Euskadi Buru Batzar,  pero si me dicen que van a llamarlo Consejo Ejecutivo entonces la cosa pierde misterio y para eso mejor me quedo en la  herriko taberna de al lado.

La degradación nominativa empezó por los camaradas, que en la clandestinidad se encuadraban en Células dirigidas por una Troika y después, en vísperas del Segundo Régimen, (al que algunos seguimos llamando democracia parlamentaria) lo cambiaron por Agrupación; mas tarde al diluirse el Partido en una coalición-movimiento  a los militantes se los encuadró en Asambleas que suena bien pero ya sin el gustillo a logia  fraterna de antaño.

Los nuevos partidos tampoco son muy originales en sus organigramas estatutarios y por ejemplo, el de los politólogos  tiene Círculos. Así,  a secas,  para diferenciarse del libresco Círculo de Lectores y para no parecerse del todo a los Círculos Bolivarianos,  algo sabiamente desaconsejado por algún estudio de los suyos.

Allá por los primeros años ochenta en el Partido hubo un intento de subdividir a los  afiliados en militantes y adherentes, pero bastó que corriera la voz de que a estos últimos se les llamaría pegatinas para que se abortara el invento, cuyo único objetivo era que los que ya no iban a las latosas reuniones mantuvieran la cuota o al menos dieran algún escote.

He leído que en el partido casto tienen 9.300 afiliados a los que llaman Colaboradores Económicos y que cada uno de ellos aporta 9.38 euros mensuales. En los tiempos que corren diez eurazos es un serio compromiso que merecería un nombre más rotundo  y despojado de alusión  pesetera tan directa. Yo  les daría un título en consonancia con los discursos de su Líder, por ejemplo Especialistas Ferreteros (abre candado del 78) o Asaltadores del Cielo,  por el sendero luminoso.

Es políticamente correcto cambiar nombres antiguos por otros nuevos para dejar las cosas tal y como estaban, pero eso se ha hecho siempre. Un ilustre inquilino, cuasi fijo, de Carabanchel (rojo y aristócrata para más señas) comentaba así los cambios del  reglamento de  prisiones de Su Excelencia: “Ahora la cárcel se llama centro de detención de adultos; el carcelero, funcionario;  la celda, habitación; pero en definitiva yo sigo en chirona”.

Con la que se avecina, los partidos van a ser muchos más y se van a entender peor, por lo cual convendría que al menos se pusieran de acuerdo en llamar a sus máximas jerarquías de la misma manera para que la prensa y la opinión pública no se hagan un lío mayúsculo. Podrían hacer juntos una de esas consultas de moda, aunque fuera por internet, donde se pidiera a los afiliados, militantes, colaboradores económicos, etc., que decidan como llamar en todos los grupos al órgano directivo. Por favor que figure en las casillas la opción Comité Central, que es mi preferida.

(Publicado en Nueva Tribuna)

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