Feliz Nabidad

Calcetos. Foto Flickr de Tunelko

Por Pablo del BARCO

Nabidad, de nabo, que con él delante, colgado de una caña, nos llevan, como a pobres  burros, en la noria que creen inagotable, con las orejeras puestas para no ver otros caminos ni horizontes, tirando del carro dorado en el que asientan sus satisfechas posaderas los dueños del cotarro, risueños y felices, diciendo sus frases  favoritas sobre la pujanza de la economía española. El Gran PPadre Mariano lleva la mano dentro del traje, como si nuevo napoleón fuera, recibiendo los aplausos de sus corifeos, con el portavoz Hernando que mueve la cabeza de arriba  a abajo servilmente como perro de banqueta trasera de coche. El Gran PPadre esá satisfecho porque cree haber engañado de nuevo al pueblo tras el nabo de papel machéy color festivo. La devota almonteña ministra Báñez sonríe satisfecha pensando la fórmula para incluir al acémila en la lista de nuevos trabajadores y engordar el resultado a su favor. El rey joven, tan sosito él, saca pecho después de haber pronunciado un discurso anodino, aunque vitoreado, más propio de un predicador a sueldo. Los ppoderosos de la pppatria se sienten magnánimos tras haber aumentado el salario mínimo tres euros y dos la colación a los pensionistas, sin dase cuenta de lo ridículo del hecho y de la cantidad, que ellos no lo distinguen porque han podido pronunciar la palabra “aumento” y “beneficio para los españoles”, ignorando, por supuesto lo que cuesta un rollo  papel higiénico. Se jactan de lo bien que marcha el país al tiempo que arbitran un subsidio para españoles pobres que no tienen para cubrir  sus necesidades mínimas.

 Al rey joven le asedia Esperanza Aguirre, que se muere por estar ceca del poder, y más ahora que estos divertidos muchachos ppoderosos se celebran y reparten dádivas a troches y moche y a la chita callando, temiendo el fin de sus desafueros. A la comandante Aguirre el ministro Wer-tigo, que aún existe, le ha concedido la medalla de Isabel la Católica; se supone que por sus méritos deportivos en rallyes  automovilísticos urbanos, o por estar al lado de figuras notables de la corrupción española, a las que asegura no conocer, que no aparecen en el dietario ni en el discurso de Ppappá ppresidente ni del joven rey, que tiene un ejemplo bien cerca, y que nos quieren hacer pensar que aún son intocables y nosotros pobres pecadores. El ministro de Interior, sentado sobre las espaldas de cuatro norteafricanos clase patera,  lleva la casulla de los días festivos puesta para conjurar a Alá y sus malignos. La Mato va también en el carro, seguro que para huir de la promesa de facilitar el medicamento a los enfermos de hepatitis C, que mueren como chinches, en lo que me parece un crimen de Estado sin paliativos; con lo que se supone que algunos trincaron y se gastaron en alcohol del bueno, habría medicina para todos.

Lo de las dos Españas que decía Antonio Machado sigue en vigor, con la diferencia de que estos cachorros del rey Midas quieren las dos para ellos: una para disfrutarla en exclusiva, la otra para que les llene el pandero, la pandorga o las cuentas corrientes allende nuestras fronteras. Ya se sabe: aquí nadie devuelve lo robado; algunas economías van viento en popa.