La Europa del trabajo

Sciopero: huelga

Por Javier ARISTU

El trabajo sigue siendo protagonista en nuestra vieja Europa. A pesar de su oscurecimiento, de que cada vez más es ocultado, apartado de la superficie de nuestros medios y del interés de nuestros empresarios, sigue provocando tensión y latido. En estas vísperas navideñas (“la crisis ha quedado atrás”, dice nuestro locuaz presidente) algunos países europeos asisten a jornadas de movilización y protesta contra medidas sociales y económicas tomadas por gobiernos de derecha… y de izquierda.

Los tres sindicatos confederales de Bélgica —lo que es lo mismo que decir toda la representación sindical de ese país, sea de la comunicad valona o de la flamenca— convocan una huelga general para el próximo 15 de este mes en contra de las medidas fiscales y económicas del gobierno de derecha (flamenca y valona juntas en el gobierno federal, ahí no hay diferencias). “Tenemos el deber moral de resistir”, dice Rudy De Leeuw, presidente de la FGTB. Y añade: Nos van a robar el dinero de los trabajadores para dárselo a los accionistas de las empresas. Este acuerdo es un trofeo para la patronal”. Más claro, el agua.

Italia. Hoy, 12 de diciembre, una huelga general es la noticia del día. La convocan dos de los tres sindicatos italianos, Cgil, Uil, quedándose desmarcada la Cisl. Las noticias apuntan a que más del 70% del país está paralizado. Las razones de la huelga: protestar contra el Jobs Act, la legislación sociolaboral promovida por el gobierno Renzi, que reduce derechos laborales históricamente consolidados.

En Francia ya veremos cómo evolucionan los acontecimientos tras las medidas del nuevo gobierno de Hollande-Valls, donde el ministro de economía destaca por sus posicionamientos pro-patronal y desregulación de las condiciones de trabajo. De momento, los problemas también los tiene dentro de su propio partido: Véase la respuesta que Martine Aubry, destacada socialista y ex ministra de Trabajo con Jospin, da a las medidas del gobierno a propósito de la liberalización de la jornada de trabajo los domingos. En una perspectiva cuasi filosófica, que va más allá de la estrictamente laboral dice: “No reduzcamos nuestra existencia a ser consumidores” (leer artículo en Le Monde).

El trabajo, por tanto, está ahí, no ha desaparecido de la faz de la tierra; los trabajadores son, existen, están. Han cambiado de máquina, ahora cada vez más es un ordenador su instrumento de trabajo, pero la dialéctica del que trabaja para ganar un sustento sigue. Lo que se trata es pasar del “deber moral de resistir” al compromiso por “cambiar el mundo”, es decir, hacer que el trabajo humano cambie también con la facilidad y versatilidad con que lo hace la tecnología, pero no para ser más esclavo sino precisamente para ser más liberador. Sobre esto, en próximos días, prometemos un acercamiento más ajustado a partir de un libro del que se empieza a hablar mucho y que posiblemente ocupe algunas secuencias del debate sobre este asunto. Sus autores son Erik Brynjolfsson y Andrew Mcafee, y el título: The Second Machine Age: [La Segunda Era de la máquina: Trabajo, progreso y prosperidad en una época de flamantes tecnologías]. Confiemos en que alguien esté ya traduciéndolo al español como hizo la editorial Antoni Bosch con su anterior La carrera contra la máquina.

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