Primeras y rápidas impresiones del programa económico de Podemos.

Por Javier VELASCO MANCEBO

Creo que Juan Torres y Vicens Navarro no han hecho un buen trabajo. Sobre todo no han hecho un buen diagnóstico de la crisis y se han quedado en la pura protesta macroeconómica. El historial de ambos llevaba a esto, a un discurso de lamentación y a propuestas que intentan enmendar la plana dentro del sistema. Yo no digo que la cosa sea fácil: hacer un cambio sistémico dentro del propio capitalismo es harto complicado y Podemos está muy presionado y tiene que presentar algo. Convendría que en el debate se impusieran cambios radicales prudentes, aunque suene a oxímoron.

Algunas ideas:

  1. Se debe partir de un análisis que ponga en el centro de interés el fin del sistema de crecimiento que ha hecho posible, durante los últimos cuarenta años, la sociedad de consumo de masas. Este análisis debe dejar claro cuáles son los impedimentos para hacer frente a una sociedad (toda la occidental) con paro estructural. Hay que decir la verdad y no refugiarse en la idea de que la causa es la mala política económica del gobierno de turno. Aunque la dinámica política obligue, pero hay que tener un sentido en las réplicas.
  2. Esto supone, que hay que enfrentar a la sociedad con una realidad de cambio civilizatorio en el que la tecnología no está siendo, en su núcleo, una herramienta de mejora global sino un instrumento de concentración del Capital y de destrucción de la vida del trabajo, vía paro, precarización y aumento de la sumisión.
  3. Eso supone que el programa debe señalar una orientación finalista y proponer medidas posibles que vayan en la dirección de un sistema que hay que definir en todos sus términos (política, cultural y material).
  4. Por eso nunca se debe caer en la trampa de plantear aisladamente los problemas económicos dentro del sistema, aunque hay algo que decir. Hay que presentar un Programa Total.
  5. Un método útil podría ser presentar un programa que, basado en un análisis y en objetivos finales, proponga varios niveles de exigencia. Poniendo todo tipo de medidas sobre el tablero, por ejemplo:

 *Medidas posibles que no suponen financiación pero que tienen la ambición de cambiar  hábitos que creen condiciones para el cambio político,  social, económico y medioambiental. Restringir al transporte público el centro de las ciudades; exigir condiciones medioambientales en la construcción; favorecer la producción y consumo local; limitar los sueldos de los directivos,  etc.

*Medidas posibles con aspiración estratégica: Un Gran Contrato Social que establezca una senda del crecimiento sostenible para los próximos veinte años en España. Se crearía una Célula de Prospectiva Estratégica que apoyaría a los grupos negociadores del Contrato. Se fortalecerían las asociaciones que forman parte del entramado social. Se haría un Programa Estratégico para España (dentro de la Unión) 2015-2035. Este programa tendría un Plan de realización en permanente discusión política dentro del Gran Contrato.

*Medidas que suponen costes: fiscales, financieras, sociales. Serían parte del gran cuadro de negociación dentro del Gran Contrato Social. Es evidente que cuando hay recursos escasos, la prioridad es para los problemas vitales como son la pobreza y la vivienda. Trabajar  menos horas con el mismo sueldo es algo que es imprescindible investigar y discutir. No hay que caer en responder a lo que la prensa demanda, hay que dar respuesta de lo que se quiere. El meterse en el tema de la deuda es un marrón. Hay que proponer Un Método Estratégico para Cambiar al País.

*La España Federal debe analizarse en base a la tradición del Federalismo Fiscal y su ambición de Eficacia, Estabilidad y Equidad, en una época de enormes desigualdades y de fuerzas que tienden a la concentración de la riqueza personal y territorial. Dejarse llevar en el debate federalista por la urgencia exclusivamente política es cargarse la equidad. Debe aplicarse a la atribución de funciones a nivel territorial el Principio de Subsidiariedad. Es decir, toda función política, económica y social se realizará al nivel que suponga mayores beneficios para el conjunto y menores costes. Para ello hay que acordar lealtad operativa y evitar la competitividad fiscal o el dumping social

Para terminar: el experto Torreblanca ha escrito un artículo deplorable en El País [leer artículo] que, además de ser poco comprensivo,  hace una crítica que tiene el defecto que achaca a Podemos: es un análisis que está estancado en la referencia de las crisis del pasado. Solo una muestra de lo que dice: “Nuestras sociedades ya no son clasistas sino de clases medias ni tampoco están basadas en la industria, sino en los servicios, especialmente en el conocimiento y la información, y su futuro está en el ámbito digital”.

Esta frase es de una vulgaridad asombrosa y no nos dice nada, además de ser absolutamente inexacta. Esta banalidad y pobreza teórica es la que no debe influir en Podemos y no debe meterse en la discusión de aumento de gasto o austericidio, que está sembrada de minas. En la práctica del método del Gran Contrato Social, se iría viendo los márgenes de maniobra y la potencialidad de una nueva política fiscal. Esto es lo que se ocurre, con toda modestia.

 Bruselas, 28 de noviembre del 2014