Una estrategia industrial y energética europeas

Foto flickr: Laurent Jégou

Por Manuel GÓMEZ ACOSTA

Este artículo hace referencia a la necesidad de la construcción de una estrategia industrial común a nivel europeo, que actúe como instrumento de planificación democrática, factor de innovación competitiva, motor de generación de empleo y de creación de capital humano. Es decir internacionalizar la economía europea para aumentar su presencia en la economía global. Por otra parte considera que el futuro de Europa es irrelevante desde la vertiente económica sin una estrategia energética basada en la seguridad energética, el combate contra el cambio climático y la competitividad económica. Por último, pero no lo menos importante, la construcción de Europa social debe hacerse desde el desarrollo económico y medioambiental sostenible, la oposición frontal al crecimiento desordenado y especulativo, que genera cada vez más costes sociales insoportables, en el combate contra la desigualdad y con el soporte de todos los ciudadanos europeos a partir de su participación a través de los diferentes grupos y organizaciones sociales y políticas involucrados.

 ¿Existe Europa? ¿Es posible una estrategia  industrial y energética  común?

 Mientras tanto, Europa se debate en un confuso movimiento de reconstrucción política, digestión del resultado de las últimas elecciones, nuevo Parlamento, incremento de las corrientes euroescépticas, tensiones nacionales, crecimiento de grupos anti sistemas, reivindicaciones de cambio y transparencia. Se han producido fuertes movimientos telúricos en el ámbito industrial y energético, dos vectores determinantes del escenario económico, que en muchos casos no han merecido la atención que requerían.

Durante el presente año, Europa ha sido “invadida” a través de fuertes flujos de capital de “megaempresas” transacionales que se han situado en posición de dominio en diferentes sectores estratégicos del continente, vinculados a las infraestructuras del transporte y de la energía, sectores farmacéuticos, telecomunicaciones…. Pero Europa no solo tiene la urgente necesidad de elaborar una estrategia industrial común para poder competir con los centros de poder económico exógenos a nuestro continente, sino un grave problema de seguridad energética que está condicionando su desarrollo futuro. A ello habría que añadir las repercusiones del conflicto ruso-ucraniano, que presenta dos elementos diferenciados y complementarios. Por una parte la necesidad de EE.UU. de seguir controlando Europa dificultando que la Federación Rusia pueda asumir un rol europeo; y por otra su repercusión en un área de gran trascendencia estratégica como es la geopolítica energética.

 Las corporaciones transnacionales: una estrategia de penetración

 Las grandes mega empresas multinacionales con fuertes excedentes de liquidez deciden trasladar sus inversiones desde sectores financieros de gran rentabilidad pero con altos riesgos hacia a sectores industriales donde la rentabilidad es menor, pero los riesgos están. Al mismo tiempo estos sectores industriales tienen un carácter estratégico que les permite intervenir en el diseño de la economía europea cada vez más global, cada vez más dependiente. La globalización es una realidad del presente económico, a la que es inútil oponerse, lo que significa la urgente necesidad de ejercer un control democrático sobre ella y regularla para que pueda desarrollarse a en beneficio de todos y no de unos pocos.

Según un estudio publicado por Credit Suisse en mayo del presente año existen 2,3 billones de € (2.300.000 M€) disponibles en la economía global para efectuar compras en sectores estratégicos: energía (Alstom Power vendida GE), telecomunicaciones (Vivendi/SFR a Numericable), farmacéuticos (la estadounidense Pfizer vs británica AstraZeneca …), fusión de cementeras Lafarge con Holcim… todo ello genera pingües plusvalías como consecuencia de las batallas empresariales por el control de sectores estratégicos. En ocasiones aparecen los llamados caballos blancos, empresas que salen al rescate de otra que ha sido objeto de una OPA, que suelen estar impulsadas por poderes políticos de los Estados cuyas empresas están afectadas.

En mi modesta opinión, la oposición frontal a la globalización es una batalla perdida; se trataría de intentar intervenir en su regulación para que los beneficios que se produzcan puedan repartirse de forma que motoricen el desarrollo sostenible y no el crecimiento desordenado a costa de producir aún más costes sociales e incrementar la brecha de la desigualdad Sería pues necesaria una estrategia industrial europea compartida, vinculada a la competitividad, la innovación, la eficiencia energética pero al mismo tiempo no intervencionista. Europa debe buscar sus “armas” en la batalla global de la industria.

Desde el entorno sindical es digna de resaltar la propuesta de la Confederación de Sindicatos alemanes (DGB) para un programa de coyuntura , inversión y desarrollo para Europa, titulado Un Plan Marshall para Europa” de diciembre del 2012, que sitúa las inversiones en la generación sostenible de energía, en la eficiencia energética, en la formación de capital humano, en el I+D, en el desarrollo de infraestructuras “inteligentes” y “sostenibles”, en la mejora de la eficiencia de las administraciones públicas, todo ello con el soporte de la participación de todos los grupos sociales involucrados.

Resumiendo: apuntamos la necesidad de la motorización de unas líneas maestras de una estrategia industrial europea común y compartida, basada en la capacidad de innovación , la obtención de recursos de I+D, inversión en capital humano, desarrollo de las nuevas tecnologías vinculadas a las TIC, los nuevos materiales… Una apuesta inequívoca por la industria como factor de crecimiento, factor de innovación (el 80% de toda la actividad de I+D se produce en la industria) y progreso, de generación de empleo, de creación de capital humano, de estabilidad económica

Estamos obligados a reflexionar sobre el mantenimiento de los centros de decisión estratégica dentro de la UE, la necesidad de elegir mercados, productos y servicios donde crecer y que incorporen valor añadido, la potenciación de las sinergias y complementariedades de las industrias “nacionales”, evitar solapamientos perversos, potenciar modelos de “partenariado” tecnológico (modelo Airbus); en resumen no se trata de impedir la entrada de las transnacionales extra-europeas en nuestro continente, sino de aprovechar esa oportunidad para internacionalizar la economía europea , es decir para aumentar nuestra presencia en la “economía global”.

4897729445_b5581b7125_b“Globalización” vs “Patriotismo económico”

 Oponerse a la globalización es tarea inútil, las organizaciones políticas y sindicales progresistas y de izquierda deben intervenir en el proceso y participar en su control.

Permitidme que me detenga en un proceso “transnacional” que me ha tocado vivir de cerca por motivos profesionales. La compra de las actividades energéticas del grupo Alstom (generación convencional, renovables y redes eléctricas de transporte y distribución) por la multinacional americana GE, nos exige reflexionar y analizar dónde se ubican los centros de decisión estratégica, condicionarlo a la creación de empleo de calidad, a la creación de centros de innovación, a la apuesta por el capital humano, la inversión productiva, la localización competitiva, evitar las plataformas subordinadas de exportación basadas en la devaluación de las condiciones de trabajo, estrategias sindicales compartidas, solidaridad desde las sinergias generadores de empleo.

La “globalización controlada” que propongo, exige la necesidad de una Gobernanza del capital financiero internacional, que evite la máxima “mandan las corporaciones, obedecen los Gobiernos”. Sería bueno desarrollar mecanismos como los existentes en EE.UU. que incrementan la imposición fiscal a las inversiones que se realizan fuera del país. Invertir el perverso mecanismo que supedita la demanda (binomio: consumidor-comprador) a la imposición de la oferta (productos).

La globalización controlada puede ser un elemento de motorización de la economía, un vector de crecimiento económico supeditado a mecanismos de control introducidos por los Estados, frente a la “desregulación” globalizadora. Citemos algunos ejemplos: la CFIUS ( Committee on Foreign Investment in United States ), comisión federal norteamericana, que asegura que todos los proyectos de inversión extranjera en EE.UU. están condicionados por su posible impacto sobre la seguridad nacional; el Building USA Act que exige que los fondos federales se apliquen a fabricaciones con contenido local (norte- americano); la última ley Montebourg (Francia) que amplía los sectores estratégicos que no pueden ser controlados por capital foráneo.

El llamado “patriotismo económico” es, en mi opinión una desafortunada expresión, como todo aquello que hace referencia al patriotismo. Pero podría ser, sin duda, un factor dinamizador en la medida que situaría en línea de salida la necesidad de potenciar una política industrial a nivel europeo que actúe como instrumento de planificación democrática, por una estrategia de innovación competitiva, de generación de empleo, de creación de capital humano. Lo que en estos últimos tiempos se ha dado en llamar una “nueva política industrial activa” (PIA) como la denomina el economista y profesor de la Universidad de Harvard Dani Rodrik.

Factores de competitividad vinculados al tamaño de las empresasLas medianas y, sobre todo, las grandes empresas son capaces de generar economías de escala, tienen más fácil acceso a la financiación, mayor capacidad para realizar inversiones en I+D+i.

Incremento de la inversión en programas de I+D+i, como vector de arrastre de una nueva economía. La mejora de la productividad de nuestra economía pasa por la apuesta por la innovación y la creación de procesos con alto valor añadido y no por el empeoramiento de las condiciones de trabajo e incremento de la flexibilidad e inseguridad laboral.

Estrategia de producto “cuando no puedas fabricar más barato, fabrica productos con más calidad y, si no, innova y fabrica productos nuevos”. Inventar nuevas actividades en nuevos sectores de la producción y los servicios. El desarrollo de los nuevos materiales será determinante a la hora de definir nuevos escenarios industriales, a través de los nuevos materiales se puede describir la nueva industria.

La localización competitiva. Favorecida por las ventajas logísticas de un territorio y sus sinergias (cadenas y redes productivas, redes de proveedores), el atractivo del entorno investigador sobre los profesionales del I+D, la convergencia entre las estrategias de las empresas transnacionales y los territorios nacionales donde operan.

 Europa mercado energético común.

Finalizábamos nuestra disquisición sobre la Europa industrial apelando a la competitividad como factor crecimiento económico y ello nos obliga a analizar con más detalle uno de sus principales componentes: la eficiencia energética y la lucha contra el cambio climático.

Foto: José María Moreno
Foto: José María Moreno

Europa no tiene un mercado común de la energía, los intereses nacionales lo condicionan y reducen su eficiencia y eficacia. Al mismo tiempo compartimos gravísimos problemas de dependencia energética, según el informe de la Comisión titulado: “European Energy Security Strategy” del 28.05.2014, hoy día la UE importa el 53% de la energía que consume. Su dependencia exterior es casi del 90% en hidrocarburos y del 66% en el gas natural.

La dependencia energética de Europa nos debilita como potencia económica y política, nos aleja de los centros de decisión estratégicos y nos hace cada día más vulnerables. La factura energética a pagar por la EU representa más de 1.000 M€ por día (400.000M€) al año. En el 2013 ascendió a 300.000M€ el importe de la factura en hidrocarburos, de los cuales un tercio procedían de Rusia.

Según datos de la Comisión Europea, de no ponerse en marcha medidas urgentes para reducir esta dependencia, ésta aún seria mayor en 2030, cuando el suministro del gas foráneo podría alcanzar el 84% y en el caso del petróleo llegar hasta el 93%, lo que supondría un grave problema de seguridad energética.

 Consideraciones de carácter geopolítico y global

 A la hora de definir con rigor el escenario energético europeo, cabe situar no solamente el factor de la dependencia energética del exterior, sino otras consideraciones de carácter más geopolítico y global. Permítaseme una referencia a la teoría desarrollada por algunos analistas y expertos europeos, que trabajan en el prestigioso Instituto Neerlandés de Relaciones Internacionales Clingendael, que en su informe: “Europa, la UE y sus tesis sobre energía en 2050”, publicado en el 2008 pero que conserva rabiosa actualidad , desarrollan una lúcida reflexión sobre el nuevo escenario energético europeo. El informe desarrolla la tesis sobre la teoría de las cuatro Europas:

  • La Europa de las patrias, dónde el protagonismo nacional es un factor determinante.
  • La Europa fortaleza, que pone el énfasis en la cooperación y las relaciones intra europeas.
  • La Europa confiada, participante activa en el sistema internacional global.
  • La Europa competitiva, que acepta las fuerzas del mercado a escala global.

Dentro de estas cuatro Europas subyacen dos dimensiones diferenciadas. Una dimensión caracterizada por dos ejes. Uno horizontal: nacionalismo versus globalismo y bilateralismo versus multilateralismo, y otro eje vertical: gobierno intervencionista frente a no intervencionista. En nuestra exposición nos interesa destacar la dimensión horizontal de este escenario, en la que predomina el enfoque multilateral a la hora de encontrar soluciones y lograr acuerdos, como sería, por ejemplo, el cambio climático, frente a una actuación que podríamos calificar como bilateral a la hora de garantizar el suministro de energías.

Es en este escenario en el que la teoría de las cuatro tesis anteriormente enunciadas nos ayuda a situar elementos de reflexión y análisis. En mi opinión sólo son posibles dos alternativas: o elaborar una estrategia común de todos los países comunitarios (Europa fortaleza) o el egoísmo-suicida de búsqueda de estrategias bilaterales al margen del proyecto común europeo (Europa de las patrias/Nacionalismo)

 Necesidad de una estrategia común

 Ante la gravedad del escenario descrito,  la Comisión Europea elaboró en enero de 2007 un informe-comunicación al Consejo Europeo y al Parlamento Europeo, titulado Una política energética para Europa.

Europa-creara-una-red-descentralizada-para-conectar-las-renovablesEl informe sitúa los retos de futuro y plantea que Europa debe actuar conjuntamente, para generar una energía sostenible, segura -garantía de suministro- y competitiva. Al mismo tiempo plantea un plan de acción: mercado interior de la energía, reducción de gases efecto invernadero, medidas para incrementar la eficiencia energética, potenciación de renovables, utilización de combustible fósiles de baja emisión de CO2, plan estratégico europeo para el desarrollo de tecnología energética avanzada, debate sobre el futuro de la energía nuclear.

Posteriormente en el Consejo Europeo del 8 y 9 de marzo de 2007, se decidió la creación de un observatorio europeo y un plan de medidas que fija cuales son los compromisos que obligan a todos los Estados miembros, para abordar una estrategia energética solidaria y posible. Es el acuerdo conocido como 3/20, que fija como objetivos obligatorios para el año 2020 cubrir el 20% del consumo energético con energías renovables, la reducción de un 20% de emisiones de CO2 y lograrlo mediante un incremento del 20% de la eficiencia energética.

Esta estrategia energética tiene como objetivo garantizar el suministro, combatir el cambio climático y asegurar la competitividad económica. La Unión Europea cuenta con un gran activo, el potencial económico de un mercado de 500 millones de consumidores, lo que representa sin duda un poder de negociación impresionante, si se supera la debilidad de los 28 mercados actuales fragmentados y divididos

Los pasados 23 y 24 de octubre del 2014, el Consejo de Europa plantea una serie de conclusiones en el campo energético que se plasman en tres objetivos : los que atañen a la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero por lo menos en un 40% para 2030 con relación a los valores de 1990, fijar la cuota de energía renovables dentro del total del consumo de energía en un mínimo del 27% para el 2030 y una eficiencia energética que alcance el 30% en ese mismo año.

 El conflicto Rusia-Ucrania. Un nuevo escenario energético, la geoestrategia de la energía

 No voy a analizar el conflicto Rusia-Ucrania desde una perspectiva política, no es el objeto de este artículo; solo intentaré una aproximación desde el punto de vista geoestratégico de la energía. Recordemos los acontecimientos derivados de la grave crisis de abastecimiento de gas, conflicto Rusia con Ucrania, repetidos en diferentes años: 2005, 2006, 2009 y 2014.

En mi modesta opinión, al margen de la fuerte carga histórica del conflicto, es claro que la estrategia exterior de los EE.UU., siguiendo viejas inercias imperiales y de la “guerra fría”, hará todo lo posible para evitar una alianza Europa-Rusia que conceda a la Federación Rusa protagonismo europeo. Las relaciones ruso-europeas son vitales para la construcción de una Europa fuerte y económicamente potente. Europa necesita de las materias primas energéticas rusas y Rusia de la tecnología europea para desarrollar su economía y modernizar sus infraestructuras.

No es posible construir una Europa fuerte enfrentada con Rusia, la cooperación es absolutamente necesaria para el futuro y la autonomía europea. “Europa es menos Europa sin Rusia“. Es absolutamente necesario integrar a Rusia en un proyecto común europeo, al margen de los intereses estratégicos, comerciales y financieros nacionales.

No es mi intención juzgar el pedigrí democrático de la Federación Rusa. Europa debe facilitar todas las acciones que mejoren el nivel de calidad democrática de este país, y la mejor manera de facilitarlo es desde la cooperación, no desde las sanciones y desde una cierta agresividad más vinculada a los intereses extra europeos de la “Foreign Affairs” americana. A veces da la sensación de que Europa quiere expulsar a Rusia de un continente en el que habitan millones de rusos y que tanto contribuyó a la Historia común europea y a su acervo cultural.

Si no generamos políticas de acercamiento, estamos obligando a Rusia a darnos la espalda y a generar tipos de alianzas que no ayudan a las empresas europeas ni facilitan el dialogo.

Apuntemos algunos datos de cómo pueden evolucionar los acontecimientos. El pasado mes de mayo se anunciaban acuerdos entre el gigante Gazprom (ruso) y la china CNPC para el suministro de gas natural e hidrocarburos, a través del “gasoducto de oriente”, por valor de 400.00M€ durante un periodo de 30 años.

En el marco del Foro de Cooperación Asia-Pacifico(APEC) el pasado 9/11/2014 se celebró la cumbre ruso-china que confirmaba este acuerdo energético , apuntaba un nuevo gasoducto occidental y analizaba la posibilidad de utilizar el yuan (moneda china) en las transacciones entre ambos países.

Por otra parte desde el punto de vista industrial, China estaría dispuesta a reemplazar a los inversores de la UE en Rusia, como la prensa económica europea recoge “entre 30 y 60 compañías chinas de alta tecnología, que estarían preparadas para reemplazar a empresas europeas como BASF, Bayer, Alstom, Siemens… en el mercado ruso”

Todo lo descrito ¿es bueno para Europa? A quién beneficia el enfrentamiento Europa-Rusia? A los europeos seguro que no.

Una Europa unida y solidaria

 Es imprescindible que la UE se exprese con una sola voz en las relaciones exteriores en materia de energía, aunque la realidad es que hasta el momento presente sólo ha funcionado el nacionalismo energético.

  • Kyoto, el “desarrollo sostenible”, supone la búsqueda de la eficiencia energética, el comercio de emisiones y la potenciación y el desarrollo de las tecnologías en el ámbito de las energías renovables y bajos contenidos de CO2.
  • Lisboa, la “competitividad”, supone el desarrollo del mercado interior, la potenciación de las interconexiones, la construcción de la red europea de electricidad y gas, la apuesta inequívoca y decidida por la investigación y la innovación en el campo de las tecnologías energéticas.
  • Moscú, la garantía del suministro energético. Rusia debe ser un aliado estratégico de la Unión Europa, tanto desde el punto de vista político, lo que sin duda podría ayudar a la democratización y modernización de ese gran país, como desde la vertiente energética, al ser nuestro principal suministrador de productos energéticos. El gas y el crudo ruso seguirán siendo un elemento básico del “mix” energético europeo. Por todo ello, el diálogo y la cooperación entre ambas partes es absolutamente necesaria e imprescindible. Europa no debe renunciar a la diversificación y a una gestión optimizada y solidaria de sus reservas energéticas.

       Reflexión final

 “El reto de la energía nos va acompañar durante los próximos 30 años, como uno de los mayores desafíos que enfrentamos, sea por razones de insuficiencia de oferta, y por tanto de tensiones internacionales añadidas, sea por razones de impacto ambiental. Todo ello exige centrar en estas cuestiones parte del liderazgo político y de la reflexión global”

Anuncios