Un círculo reaccionario

Por Julián ARIZA RICO

Nota de introducción de Francisco ACOSTA ORGE

Aunque más de una vez he manifestado mi parecer sobre artículos vertidos acerca del futuro de la izquierda, española en particular y europea en general, en las páginas de En Campo Abierto, quiero aprovechar la invitación que se me hace  para dar mi opinión sobre el tema, ante la contundencia que sobre este asunto refleja el artículo del histórico sindicalista de Comisiones Obreras, Julián Ariza.

En Campo Abierto y en otros foros de opinión de carácter progresista se teoriza, se aportan argumentos de como dotar a la izquierda política de alternativas creíbles para una gran parte de la sociedad, pero todas o casi todas se olvidan del papel que los trabajadores asalariados pueden jugar en esas nuevas alternativas llamadas de izquierda. La clase trabajadora existe, la lucha de clases también. Aunque la era industrial en Europa y en España pueda estar en un cierto ocaso, debido a los avances tecnológicos y a que las grandes estructuras productivas y de tratamiento de las materias primas han sido trasladados a naciones con sistemas laborales de bajos costes salariales, existen millones y millones de trabajadores que siguen vendiendo su fuerza de trabajo para sobrevivir como se ha venido haciendo desde principios del siglo XIX. Y siguen existiendo en toda Europa y en España organizaciones sindicales de clase que siguen defendiendo y representando los intereses de esta clase y contando con millones de afiliados.

No habrá alternativa de izquierda auténtica para ganar  elecciones políticas y mantenerse en el tiempo, sin los trabajadores y sus sindicatos de clase.
El desprestigio antisindical que puso en marcha el capitalismo financiero y la mayoría de los medios informativos a nivel mundial, ha posibilitado que los que provocaron la gran crisis económica con su métodos de rapiña, inhumanos e injustos, se estén encima enriqueciendo,  con la valiosa ayuda en muchas naciones de gobiernos en el poder de carácter progresista. Pero además en muchos opinantes y elaboradores de proyectos progresistas, algunos de ellos muy radicalizados, olvidan premeditadamente los intereses de quienes tiene que ser los beneficiados de cualquier proyecto de gobierno de progreso y de avances en la Justicia Social y en la igualdad, es decir de los trabajadores asalariados, de los jubilados, que representan a la mayoría de la sociedad.
Hay que elaborar pensando en lo que se puede hacer para neutralizar las grandes e insolidarias ganancias no sólo de la banca, sino también de los grandes, pequeños y medianos empresarios, aprovechándose todos de las reformas laborales puestas en marcha en una gran mayoría de países. 
Si en la caída de la dictadura franquista y el advenimiento de la Democracia, la acción sindical de las Comisiones Obreras desde los años 60 del pasado siglo fue decisiva,¿ por qué no puede suceder lo mismo en esas perspectivas de cambios profundos que una parte de la sociedad española se está planteando en estos momentos?

Un círculo reaccionario

Julián Ariza Rico

Con la llegada de la democracia, concretamente en 1977, se creó en España el Círculo de Empresarios. También por aquel entonces apareció la Confederación Española de Organizaciones Empresariales (CEOE), hechos ambos ilustrativos de las actitudes del mundo empresarial, que a lo largo de los cuarenta años de la Dictadura consideró innecesario organizarse de forma autónoma, dado que para la defensa de sus intereses les bastaban el Sindicato Vertical, las instituciones y el marco de relaciones laborales impuestos por el franquismo. Es sintomático al respecto que, a costa de sacrificios y represión social, laboral y política, fueran los trabajadores quienes tuvieron que organizarse para defender sus derechos y libertades.

Con tales antecedentes no podía extrañar que a lo largo de la Transición el oficio de empresario tuviera poco prestigio social y que, unido a las muchas reivindicaciones pendientes y a la pujanza del movimiento obrero y sindical, la conflictividad social alcanzara cotas bastante altas. Por ejemplo, las horas de huelga a lo largo de 1979 fueron en torno a diez veces más numerosas que las del pasado 2013.

Cabía pensar que, aunque sólo fuera por guardar las apariencias, el Círculo de Empresarios, sin renunciar a su teórica función de promover la libre empresa y la iniciativa privada, mantuviera la suficiente prudencia para no proyectar una imagen tan reaccionaria y derechista como la que a lo largo de los años se ha encargado de potenciar. Pero pensando que desde el principio no tuvo reparo alguno a que incluso entre sus caras visibles estuvieran figuras relevantes del franquismo, resultaba ingenuo esperar una mínima sensibilidad y respeto a las aspiraciones y demandas de los trabajadores.

Hago estos comentarios conociendo algunos hitos de este foro de impartición de ideología depredadora y, sobre todo, tras leer las conclusiones de uno de sus recientes documentos públicos, titulado “reformar para crecer”. No cabe en este espacio hacer una glosa completa de las recomendaciones que plantean; pero que la primera de ellas arranque de la idea -cito textualmente- de que “la evolución del gasto en pensiones y el gasto en desempleo consumen recursos que deberían emplearse en transformar nuestro modelo productivo” sólo es concebible como irresponsable provocación o borrachera de ultraliberalismo. A partir de este tipo de premisas no hace falta calificar el resto de sus recomendaciones: reducir el peso de las Administraciones Públicas, pese a que en estos últimos años se acerca ya al medio millón la disminución del número de sus empleados; reformar el modo de contratación, despido y remuneración de los empleados públicos; reducción de las cotizaciones empresariales a las empresas, a la par de que, bajo el argumento del envejecimiento de la población, demandar que se cambie el modelo de reparto del sistema de pensiones y se vaya a un sistema mixto mediante la obligación de que una parte se financie por un sistema de capitalización; nuevas reformas en Educación y Sanidad; más flexibilidad laboral….En fin, demolición completa del ya bastante hundido sistema público de protección social, de la calidad del empleo, de las condiciones laborales y de vida de los trabajadores y de la propia cohesión social del país.

Imagino que el lector de Sistema Digital no se sentirá sorprendido. Pero que, viniendo de donde viene no cupiera esperar otra cosa, no debiera dejar de lado la conveniencia de reflexionar y actuar en consecuencia ante el dato de que en este Círculo de Empresarios está la flor y nata de las empresas financieras, industriales y de servicios de nuestro país. Dicho de otra forma, están los más genuinos representantes del capitalismo hispano, al que está subordinada la derecha política. No es un panorama cualitativamente distinto al de otros países. Por eso, frente a unos poderes de esta catadura, recuperar con vigor la vocación anticapitalista de la izquierda se convierte en algo que sigue siendo esencial si de verdad se aspira a un mundo mejor. Nos llegan ecos de ahí fuera, donde significados dirigentes de esa izquierda un tanto perpleja hablan de abandonar el término socialismo en su ideario. Tampoco creo que deba sorprender mucho, pues forma parte de las claudicaciones que a modo de “terceras vías” jalonan e ilustran el penoso devenir de la socialdemocracia. Afortunadamente son muchos los que se resisten, convencidos de que el sistema socioeconómico y político que defienden, sin pudor, los Círculos de Empresarios de este mundo no son sólo generadores de injusticia y desigualdad sino que, sin fuerzas que los contrarresten, terminarían dinamitando la democracia.

(Publicado originalmente en la revista Sistema digital.)