Rumba catalana

Picaporte barrio de Gracia. Foto Flickr de Antonio Gil

Por Javier ARISTU

Un fin de semana en Barcelona da para poco, o para mucho; depende de cómo lo veas. Si eres capaz de no recorrer la ruta turística de las Ramblas, plaza de Cataluña, el Born y otros enclaves inundados de nórdicos y europeos rubios puedes disfrutar de los barrios barceloneses de toda la vida. Yo, cada vez que voy por razones familiares, he fondeado mi barco en Gracia, el tranquilo, genuino y algo chic distrito de una Barcelona muy diferente a las anteriores.

Ya sabíamos que Gracia es barrio cercano al mundo de ficción y no tan de ficción de Juan Marsé. Es una zona de la Barcelona alta en sentido geográfico, en transición a las calles del Carmel y el Guinardó, barrios emblemáticos de una ciudad mestiza, dotada de diferentes culturas sureñas muy bien armonizadas con la original a lo largo del siglo XX.  En este último viaje  me he enterado de cosas muy peculiares relacionadas con este barrio de Gracia. Una, que contiene, o contenía hasta ahora,  dentro de sí una comunidad gitana trilingüe (ya saben, castellano, catalán y caló) que dio personalidad a la zona. Otra, la más curiosa: aquí nació la rumba catalana de la mano del patriarca de los Pescadillas, Onelo González, padre de Antonio González, el Pescaílla, marido de Lola Flores. La rumba: el himno nacional de una parte de Barcelona tras la difusión mundial obtenida con los discos de Gato Pérez, Los Chichos, Los Chuinguitos y el inolvidable y eterno Peret.

Todo esto lo he aprendido un libro que descubrí leyendo un reciente artículo de Sergi Pamies. Su autor es Ricardo Fernández Aguilà y su título Un Fernandes entre banderas (ed. Península) y trata, cómo no, de la actual situación catalana. Es un canto a la tolerancia, a la comprensión del otro, al respeto —que no quiere decir identificación— por las ideas del contrario. No es, por tanto, libro para calentar la guerra entre catalanes y españoles, todo lo contrario. Fernández Aguilà ha sido profesor de secundaria durante más de treinta años, ha enseñado lengua y literatura a varias generaciones de catalanes, seguramente muchos inmigrantes de segunda generación entre ellos, es un perfecto catalanoparlante y un perfecto hablante en castellano. Sus orígenes familiares por parte de padre están en Madrid, los de la madre en Cataluña. Es el ejemplo vivo y real de un fenómeno de extraordinaria riqueza cultural que ha tenido Cataluña los años del pasado siglo XX, fenómeno de aglutinación, inculturación y síntesis de libro; como la rumba catalana.

Un Fernandes entre banderasFernández Aguilà desarrolla a lo largo de solo 180 páginas la tesis del encuentro, no la del choque de trenes. No es el autor un ejemplo de lo que al parecer predomina hoy en una parte importante de los medios de comunicación catalanes… y madrileños. Frente a las llamadas a la ruptura o al “que se vayan” apuesta por un nuevo país o estado capaz de reconocer la diversidad y la identidad de cada comunidad. Y, a su vez, reclama desde la propia Cataluña, lo cual le enorgullece como intelectual comprometido, una moderación y mayor mesura en una espiral que es injusta en lo fundamental: España nos roba.

No verán en este librito una magnífica y novedosa teoría política constitucional superadora del actual conflicto; no está escrito desde el estudio académico o desde la doctrina política. El texto surge de la meditación serena y ponderada que da la experiencia de un profesor jubilado con muchos años de contacto con jóvenes que luego serán adultos con responsabilidades. Es un libro resultado de una vida de lecturas al atardecer, tras las clases y las correcciones de exámenes; no es casualidad que dos de los autores citados o reclamados sean Montaigne y Antonio Machado, además de otros. Es un libro producto de un ciudadano responsable y crítico pero que sin embargo no comparte en absoluto la dinámica de la mayoría de la clase política catalanpunto,española) ni la de gran parte de sus medios de comunicación. Sin ironías (a veces, un punto, si se quiere ser justo), sin sarcasmos, sin acritud pero con profunda carga crítica contra el discurrir de los acontecimientos.

¿Por qué, se pregunta uno, no serán capaces los actuales políticos con responsabilidades de gobierno o de oposición de incorporar a su discurso este tipo de alforjas con actitudes e ideas sensatas como las que aporta Fernández Aguilà? ¿Tan difícil es combinar la crítica con el diálogo? ¿Tan complejo es que la política se cargue de sensatez?

Les recomiendo la lectura de este corto pero consistente libro. Creo que, como decía Sergi Pamies, cuando un nuevo Ministerio de Educación (o Departament de Ensenyament) reponga la asignatura de Educación para la Ciudadanía, el Fernandes entre banderas será libro de texto. Que así sea.

Si leen hasta el final el libro sabrán que la rumba nació en el barrio de Gracia, en la misma calle Fraternidad. Todo un símbolo.