Tarjetas negras

Foto flickr Håkan Dahlström

Por Francisco FLORES TRISTÁN

El caso de las tarjetas negras de Bankia, supone, por el tipo de personajes implicados, saltar un escalón en el barrizal de los casos de corrupción  que han ido enfangando la vida política de este país  La corrupción en los partidos de la Derecha no es novedad; viene de muy atrás, desde el siglo XIX. Por desgracia, desde los años 90 empezaron a ser frecuentes los escándalos de corrupción en el PSOE; más recientemente en la UGT. Pero el asunto de las “tarjetas negras” ha implicado el estallido por primera vez  de un escándalo grave de corrupción que afecta a IU y CCOO.

La mayoría de los compañeros y compañeras que he conocido y conozco en el Sindicato en mis 38 años de militancia en CCOO, (6 de ellos como liberado sindical ocupando cargos de dirección en la Federación de Enseñanza), han sido personas con una gran capacidad de entrega y disponibilidad al servicio del Sindicato y de los trabajadores, muchas de ellas renunciando a un puesto de trabajo con “horario fijo”  para trabajar en el Sindicato las tardes, muchos fines de semana y a veces también por la noche en las grandes jornadas de negociación. Y esto lo hemos hecho porque creíamos (y creemos) que el Sindicato es una fuerza útil al servicio de los trabajadores,  que ha prestado, y creo que puede seguir prestando, grandes servicios a los trabajadores mejorando sus  condiciones laborales y más recientemente, parando o atenuando las medidas más lesivas que se están tomando contra ellos por los sucesivos Gobiernos. Por otra parte siempre nos animó el ejemplo de los viejos dirigentes que en la Dictadura de Franco sacrificaron su libertad afrontando largos años de cárcel e incluso en algún caso, la propia vida.

Creo que, como yo, muchos miles de afiliados se habrán quedado perplejos ante la noticia de que hay compañeros que presuntamente han utilizado su condición de representantes de CCOO para lucrarse mediante el uso de estas ya famosas tarjetas. Mientras algunos comían un bocadillo, pagado a menudo de su bolsillo, renunciando a las dietas por comida para no ser gravosos al Sindicato (lo he visto hacer muchas veces) otros, al parecer, han utilizado su cargo en un Consejo de Administración , al que acceden como representantes de CCOO, para pagar gastos personales de ropa, comidas, viajes…

La indignación que muchos sentimos no es envidia. Para la mayoría de los compañeros/as que yo conozco es preferible poder ir con la cabeza alta a la satisfacción que reporten unos miles de euros ganados de esta manera. La indignación se produce porque el esfuerzo que miles de militantes han hecho y hacen por convencer a los trabajadores, por afiliarlos al Sindicato, por animarlos a participar en las luchas, todo este esfuerzo se viene abajo, se dilapida por un caso como éste.

Estos casos de corrupción traen además otros dos tipos de consecuencias muy negativas desde una perspectiva de Izquierdas. Una es la contribución a extender la idea de que “todos son iguales”, todos los “políticos” y también los “sindicalistas”, lo que deriva en un desinterés  y desprestigio de la política que, en el pasado, ha sido siempre el mejor caldo de cultivo para que aparezca algún “salvador  de la patria”, por supuesto “apolítico”, con soluciones expeditivas. Y la otra es el desprestigio en que han quedado las Cajas de Ahorro, las únicas instituciones financieras que hipotéticamente tenían una finalidad social y que estaban gestionadas por una representación de las entidades sociales.  La desastrosa gestión de Caja Madrid y Bankia culminada en el caso de las tarjetas suministra abundante munición a los que abominan de la gestión pública en general y de las Cajas de Ahorro en particular justificando así la práctica desaparición de las mismas.

Hace muy bien la dirección confederal de CCOO en investigar a fondo el asunto y suspender de militancia a los afectados, al igual que ha hecho también el PSOE. El asunto tiene muchas derivaciones porque no se trata solo de personas que han defraudado la confianza puesta en ellas por las Organizaciones; se trata también de la falta de control de la Organización sobre la labor de estos representantes, teniendo en cuenta además que sus decisiones, apoyando por ejemplo a Blesa  en connivencia con el PP, han sido públicas y polémicas y el origen de la crisis de Bankia y de los perjuicios causados a los depositantes y a los titulares de preferentes.

Los casos de corrupción han sido tan abundantes en los últimos tiempos que hay quien se ha apresurado a hablar de “Democracia corrupta” llegando a atribuir la corrupción al antes tan alabado y ahora tan denostado modelo de Transición política. Yo no creo que la corrupción sea fruto de un “sistema” o de una “casta”. Ni siquiera creo que exista una “casta política” formada por los partidos y sindicatos tradicionales (se supone que corrompidos) frente a los nuevos grupos renovadores. Quien no ha accedido al poder se puede presentar como virgen y limpio de toda impureza, pero la virginidad, como la juventud, se curan con el tiempo. También los Sindicatos y los partidos de Izquierdas eran perfectamente puros e impolutos hace 35 años y, con el tiempo, algunos de sus militantes han caído en corruptelas.

En mi opinión el exceso de corrupción en España se deriva de dos elementos. Uno es la costumbre social de desprestigiar al Estado y lo público en general. En España siempre ha estado bien visto defraudar a Hacienda, no pagar el IVA o pagar la mitad… Todavía veo caras de perplejidad o conmiseración cuando dices en un taller o una empresa que quieres pagar el IVA completo. Es la misma o parecida costumbre de quien tiene su casa “como los chorros del oro” y convierte el espacio público, sea la calle, el parque o los pasillos del Instituto en un estercolero. Esta sensibilidad va cambiando poco a poco. Se necesita tiempo y Educación (que gran error del PP eliminar “Educación para la Ciudadanía”).

El otro es cierto corporativismo de las organizaciones políticas y sociales que les ha llevado ante los casos de corrupción propios a hablar poco del asunto, pasar página rápido o mirar para otro lado, cuando no poner el ventilador para airear los casos del enemigo (el ya famoso “y tú más”).  Creo que esto ha sido un inmenso error que además se vuelve contra el que lo comete; cuando hay basura en la casa no se la puede echar bajo la alfombra, al contrario, hay que abrir las ventanas y sacudir las alfombras. Los partidos y organizaciones de Izquierdas deberían aprovechar esta ocasión para ejercer una autocrítica, una verdadera catarsis que depure responsabilidades sobre estos y otros casos posibles y defina unas prácticas éticas muy exigentes a la hora de financiarse. Pero sobre todo, el momento exige “luz y taquígrafos”, transparencia. La desmoralización de tantos militantes antes estos hechos no se puede resolver con labores de “fontanería” sino con transparencia y actitudes ejemplarizantes. Sin perjuicio de las actuaciones judiciales a que haya lugar, las organizaciones han de ser  estrictas en sus Estatutos y códigos éticos. Hay cosas que pueden ser legales pero que no son éticamente aceptables en representantes de organizaciones sindicales o políticas.  Me alegra en este sentido la Declaración de la Ejecutiva confederal de CCOO en la que empieza por pedir disculpas a los afiliados, a los trabajadores y a la ciudadanía por no haber sabido detectar estas actuaciones pero creo que debería hacer un esfuerzo por publicitarla, por colocarla en lugar preferente en todas sus publicaciones y por enviarla a todos y cada uno de los afiliados/as.