¿Es Podemos el big-bang?

Por Javier ARISTU

¿Será este fin de semana la fecha de Navidad para Podemos? ¿Nacerá el nuevo dios este domingo otoñal de octubre? No sabemos si asistiremos a la llegada de un nuevo mesías pero sin duda es evidente que la Asamblea Ciudadana de Podemos supone un acontecimiento político de primer orden en nuestro país. Ya veremos si, como algunos se ilusionan, tiene dimensión europea e incluso cósmica. No sabemos tampoco si la plataforma de Pablo Iglesias titulada Claro que Podemos se impondrá a la de Pablo Echenique y Teresa Rodríguez Sumando Podemos, cosa que de producirse sería, sin duda, otro acontecimiento de gran importancia; entre otras cosas porque el mismo Iglesias ha anunciado que, de ser así, dejaría la primera línea de la formación recién estrenada.

A la espera de la conclusión de esta asamblea ciudadana me detengo en un artículo que publica el diario El País hoy viernes, firmado por Juan Carlos Monedero, teórico e inspirador de Podemos, y Jesús Montero, viejo conocido, entrañable compañero de causas perdidas en otros tiempos y miembro del equipo técnico de la Asamblea. He leído su reflexión muy de mañana, bien despierto tras el café, y me han sorprendido algunas de las afirmaciones vertidas en la misma. Vayamos por partes.

No deja de ser obvio lo que se dice al principio: La movilización electoral promovida por esta candidatura popular y ciudadana ha contribuido a reconstruir la ilusión perdida por la política. El voto a Podemos es resultado de la indignación social de las plazas, de las reivindicaciones de las mareas y las marchas contra “el estado real de la nación”. Indignación e ilusión es lo que está expresando sin ninguna duda la salida al ruedo político de dicha formación. Y lo comparto. Como me ha dicho algún veterano de luchas sindicales “mejor Podemos que Grillo o Le Pen”; es decir, mejor una formación iconoclasta y rebelde pero que surge de las raíces de la izquierda que formaciones populistas con una fuerte carga de derecha o incluso fascistas. Sin duda que Podemos ha logrado eso que IU lo intentó y nunca lo consiguió: catalizar global y masivamente la indignación popular. A la formación de Cayo Lara le pasó lo que dice el bolero: No puedo comprender que cosa es el amor, si lo que más quería, si el alma mía me abandonó.

Pero a partir de aquí se puede comenzar a discrepar de algunas afirmaciones que estos dos dirigentes de Podemos realizan en su artículo de prensa. Por ejemplo, esta: «Estamos ante una quiebra de la confianza en las formas del “régimen del 78” que vuelven a poner de actualidad el Oligarquía y caciquismo de Costa publicado en 1901». ¡Regeneracionismo! ¡Otra vez! Es decir, tras cien años de historia, de batallas sociales, de construcciones simbólicas de todo tipo, regresamos a Joaquín Costa como ideólogo de un renacer nacional. Nuestro problema —según Monedero y Montero—, el de nación y el de sociedad, no es el hundimiento de las formas productivas que han venido dando sentido a nuestro país desde hace más de cincuenta años, el hundimiento de un sistema industrial basado en los clásicos sectores (metalurgia, siderurgia, naval y construcción); no es el fin de una era productiva basada en unos niveles de consumo financiados a partir del endeudamiento masivo de la población; no es que nuestros propios capitales hayan huido de la patria para incrementar las rentas especulativas a través de fondos internacionales. No; nuestro problema, nos dicen los líderes de Podemos, es una oligarquía y unos caciques a la manera de la monarquía de Alfonso XIII. Es fácil, así, establecer el eslogan: ¡Fuera la casta!

Dicen, además: « Un siglo tirado por la borda. Es tiempo de echar el cierre a un habitus político caduco y abrir un tiempo nuevo en nuestra democracia». Pero ¿no quedamos en que esta no es vuestra democracia? ¿Por qué decís nuestra democracia? No podemos estar de acuerdo con esa concepción de continuo adanismo, de reinvención permanente de las cosas, de pretender inventar el mundo a partir de un acto único, un big bang de la política. La historia de nuestro país es más compleja, diversa y dinámica que la que se condensa en el viejo adagio del líder aragonés.

Insisto en ese sentido genético (de génesis, el principio) que impregna el discurso retórico de los líderes de Podemos. Dicen: « Se está construyendo una formación política de nuevo tipo —para una revolución ciudadana— y ex novo, desde cero y por el principio […] con la Asamblea Ciudadana Sí se Puede. No termina nada. Muy al contrario, con ella, “empieza todo”». Vamos a ver: ¿No decíais en otras ocasiones que sois herederos del 15M? ¿No es evidente que sois resultado de unas movilizaciones cívicas que estallaron en 2011 y llenaron gran parte de las plazas y ciudades españolas? Nada es ex novo; muchos líderes de Podemos proceden de Izquierda Unida, del Partido Anticapitalista, de otras formaciones,  mareas y asambleas ciudadanas; en fin, son herederos de una historia que guste o no guste está detrás de ellos.

Dicen en otro pasaje del artículo: «La forma es la idea. Más aún en democracia. Hemos venido para remoralizar la vida pública, democratizar los poderes y recuperar el deseo de felicidad que como pueblo y como personas nos merecemos.» ¿Por qué la forma es la idea? ¿Por qué apartan del debate los contenidos? ¿Qué expresa esa obsesión por la forma en clave de democracia web, voto a través de internet? ¿Cuándo los líderes, o cualquier otro ámbito de Podemos, nos va a decir algo sustancial sobre los verdaderos problemas de la sociedad española, que no se reducen a una casta que oprime a un pueblo inteligente? ¿Por qué tienen esa obsesión con la moral (necesaria, sí) y bastante menos con la política (más necesaria aún si queremos salir del foso en el que estamos)? Permítanme que les recuerde que la cuestión moral era para Berlinguer (¿también fue miembro de la casta?) una cuestión política de primer orden: salir de la inmoralidad italiana era proyectar una alternativa política a la Italia de los años 80. Hoy se trata de lo mismo, ofrecer contenidos capaces de reunir un amplio acuerdo social y ciudadano que posibilite un cambio de fondo.

Querido Jesús, me dirijo a ti porque te conozco y tengo muy buenos recuerdos de tu época de líder comunista juvenil (de Monedero solo he leído su libro sobre la transición y no es que me haya entusiasmado, la verdad): sois bienvenidos, creo, a esta plaza pública de la vida nacional. Creo que erais, y lo seguís siendo, necesarios; hacíais falta porque el resto de las fuerzas políticas estaban bloqueadas, noqueadas. Muchos de mis amigos os votaron el 25M; yo no, pero estoy dispuesto a pensármelo… si me ofrecéis algo más que discursos ético-retóricos. Decís en un momento de vuestro artículo: «es necesario hoy un cambio constitucional, y para lograrlo es necesario transformar la mayoría social en una nueva mayoría política. Sólo así la indignación social se convierte en impulso político. Visión de ruptura y esperanza en una vida mejor y una política decente.» Esto es el abc de la política de progreso, así podemos coincidir muchos con vosotros, siempre que también vosotros seáis capaces de coincidir con los demás, de hacer unidad, de construir y no tanto descalificar a los que no son como vosotros. Este país, España, es una sociedad muy plural y diversa: no cabe toda en Podemos ni sois los únicos que quieren transformarla. Insisto, querido Jesús, en algo que ya comentaba hace unos días en un blog de Público y del que tú te hiciste eco en Facebook: hay que mirar más a la sociedad, creo que tenéis que mejorar en el lenguaje social. Tiráis mucho por lo institucional, por la comunicación de masas (sin duda necesaria y en esto estáis demostrando lo experto que sois) pero estáis olvidando que este país está sustentado en un concepto: el trabajo. Los países lo hacen los que trabajan, (y ahora también los que están fuera del trabajo, los precarios, los parados) y para ellos hasta ahora habéis dicho bien poco. No tratéis de inventar el mundo en este terreno; tras vosotros hay muchas generaciones y bastante energía social acumulada que ha fraguado en instituciones sociales y sindicales que, al margen del deterioro particular que algunas tengan o de ciertos escándalos puntuales, son indispensables para acometer un cambio en este país. Como siempre ha ocurrido, podéis-podemos innovar, renovar, incluso inventar nuevas formas…pero sin echar al niño con el agua sucia.

Espero, Jesús, que culminéis con éxito la asamblea de este fin de semana para que comencéis a construir un verdadero discurso con contenidos políticos, con elementos de un programa que vaya más allá de la casta, del régimen y de la moral. Pero asumid que no sois los profetas venidos del Monte Sinaí con las tablas de la ley dispuestos a conducir al pueblo perdido hacia la tierra prometida; sois como todos nosotros, gente con vicios y virtudes, con defectos y con valores. Sois hijos de la tierra, ni más ni menos, a la manera del poeta:

¿Quién no tiene su vestido azul?

¿Quién no almuerza y no toma el tranvía,

con su cigarrillo contratado y su dolor de bolsillo?

¡Yo que tan sólo he nacido!

¡Yo que tan sólo he nacido!

(César Vallejo)


Véase también el artículo del company López Bulla, El color de Podemos

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