Botafumeiros

Foto flickr: Pablo

Por Juan JORGANES

El 10 de septiembre falleció Emilio Botín-Sanz de Santuola García de los Ríos a los 79 años de edad, presidente del Banco Santander. Con la misma edad, cuatro días después moría Isidoro Álvarez Álvarez, presidente de El Corte Inglés.

Los medios de comunicación les han dedicado muchas páginas y minutos durante días con ediciones especiales, editoriales, reportajes y opiniones laudatorias de personalidades diversas. Se les ha considerado unánimemente dignos de grandes palabras encomiásticas.

-Pues he leído a propósito de su entierro este titular: “Botín vuelve al pueblo”.

-¡Halaaaaaaaaaa!

Contó Abc que el expresidente de la CNMV, Manuel Conthe, había afirmado que Botín, siendo un gran hombre negocios, tenía un “escaso rigor ético” por las cesiones de crédito (burla, en favor de sus clientes, de las normas fiscales), el mantenimiento de Sáenz como consejero delegado tras la condena del Tribunal Supremo y la “precipitada” regularización fiscal del dinero que tenía en Suiza. Los Botín (Emilio, Jaime y cinco hijos) pagaron 200 millones por los últimos cinco años no prescritos. Lo contaba, claro, para dar pie a que otro botafumeiro quemara incienso exculpatorio: “Rozó los límites de la legalidad, como consecuencia de su ambición para hacer buenos negocios, pero no traspasó ese límite. Los problemas con la Justicia no fueron tan importantes como para cuestionar su ética”.

La noticia y el reportaje no tienen nada que ver con la oda y el himno (género lírico). Al romper ese canon se corre el riesgo de caer en el ridículo. Por esos suelos anda el establishment de los media con los fallecimientos de Botín y Álvarez. Sólo les ha faltado hacer suyas las palabras de aquel personaje de Unamuno: “También el rico tiene que resignarse a su riqueza, y a la vida, y también el pobre tiene que tener caridad para con el rico”.

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