¿Frente de izquierdas? No, gracias (y 2)

Por Javier TERRIENTE

En la posibilidad: En el pasado, la propuesta de “unidad de la izquierda” significaba construir una gran alianza estratégica entre el socialismo y el comunismo, que zanjara definitivamente la división histórica entre ambas corrientes, de comienzos de los años 20. Esa propuesta incluía también tender a la constitución de una nueva formación de izquierdas común. Hoy,  dicha eventualidad queda descartada por razones obvias. Al margen del PSOE, lo que hay es un universo heterogéneo de partidos, con diferentes grados de implantación y orientaciones muchas veces enfrentadas. De ahí que sería arriesgado prever las posibilidades de un Frente/Confluencia de izquierdas, más aún si Podemos descarta participar en operaciones frentistas, según declaraciones de sus portavoces reconocibles. Por añadidura, es muy probable que algún partido pretenda capitalizar iniciativas surgidas al calor de Guanyem Barcelona, aunque no tengan nada que ver salvo el nombre, como marca blanca por motivos espurios. Las contundentes declaraciones de Ada Colau (16/9/ 2014) denunciando esa estrategia despejan cualquier duda. Si, además, lo que les uniera fuese una consecuencia directa de un horizonte electoral inmediato, podría ser que lo que nació como un proceso para sumar y multiplicar el protagonismo de los ciudadanos, facilite el retorno de los viejos parámetros de la política y acabe en un pandemonio. Al hilo de experiencias similares en el pasado, un veterano militante de izquierda se lamentaba: “Queríamos lo mejor y pasó lo de siempre”

En la conveniencia: Lo que se juega en las próximas elecciones municipales no es solo desalojar a la derecha de los centros de poder local sino avanzar en la socialización de las distintas realidades del poder, inaugurando una nueva época que ponga las bases de una democracia económica y social avanzada y participativa, de abajo arriba, desde los ayuntamientos al gobierno del Estado. Una dialéctica izquierda/ derecha limitaría extraordinariamente ese horizonte, pues deja fuera de juego a demasiada gente que, si bien no se siente identificada con ese esquema, es decir, que no se define de izquierdas, sí forma parte del victimario de la crisis y aspira a cambiar las cosas valiéndose de instrumentos diferentes. Por otro lado, un Frente/confluencia de izquierdas, cualquiera que sea la marca electoral que le dé soporte, transmitiría una propuesta municipal extremadamente equívoca y vulnerable: Estaría obligada a responder permanentemente a todo género de descalificaciones guerracivilistas y reforzaría la cohesión de las fuerzas bipartidistas, desplazando hacia ellas a sectores ciudadanos víctimas de la crisis y críticos con el bipartidismo, que hoy mantienen una inclinación electoral incierta.

 Y en la estrategia

El futuro inmediato es clave. Lo que anda en juego no es la confrontación izquierda/derecha sino otra que se libra en un tablero diferente: poder autoritario y corrupto de las élites económicas y políticas locales (castas locales) o poder democrático y decente de los ciudadanos. La cuestión central, ahora, es recuperar la democracia municipal y el sentido de lo público, amenazados por grupos corporativos que se han adueñado de una buena parte de los ayuntamientos e imponen sus propias normas de juego. En numerosos casos, el poder no reside en los Plenos sino en los despachos de las empresas, lo que convertiría  la democracia local en un cascarón sin contenido. Por eso, cuando se dice democracia se quiere decir derechos, que en los municipios adquieren una vertiente muy visible y concreta: lucha contra los desahucios, viviendas sociales suficientes, batalla contra la corrupción y el clientelismo, control de la gestión y presupuestos participativos, políticas efectivas de igualdad defensa de los servicios públicos y recuperación de los privatizados, protección del patrimonio urbano y natural, combate contra las desigualdades sociales y territoriales, guarderías municipales, cuentas transparentes, dignificación de los cargos públicos mediante la renuncia a los abusos salariales y privilegios varios, bolsas de trabajo y políticas activas de empleo, creación de empresas, seguridad, defensa del comercio y de los productos locales, adecuación social del IBI, atención a los mayores y a los jóvenes, cultura para todos, deporte de base…..Existen, pues, incontables razones individuales y colectivas que muestran la exigencia de construir un amplísimo consenso social dirigido a reconstruir la ciudad democrática e inclusiva, que abarque por igual a territorios y afinidades ideológicas y políticas diferentes, y hasta contrapuestas. Hay una inmensa tarea por delante, comenzando por poner nombres a las personas anónimas, hacer hablar a los que callan y convertir la resignación en voluntad de combate. Se trataría de sumar a gentes y fuerzas ciertamente comprometidas con los problemas de  las ciudades y pueblos y reflejarlo en una opción electoral que se someta al escrutinio y a la voluntad de procesos democráticos: Nuevos modelos de confección de listas y de elaboración de programas basados en la transparencia y en la participación directa, individual y concreta de los ciudadanos, sistemas de control y seguimiento permanentes…Una apuesta de alto riesgo, que casaría poco con dinámicas que permitan revitalizar, por activa o por pasiva,  antiguos contextos de acuerdos cupulares, que acabarían por expulsar a las mayorías sociales de las grandes decisiones.

Probablemente, si se confirmara la ausencia de candidaturas de Podemos en las municipales, se abrirían hipótesis enfrentadas; una, reforzar el polo innovador de plataformas ciudadanas ya en marcha en las formas y contenidos de la política, pero otra, no descartable, someterse a la paradoja, en el caso de que formara parte de marcas blancas mediatizadas por la izquierda tradicional, de contribuir a su pesar a un frente de izquierdas bajo los parámetros de la vieja política. Esta es otra historia.

 

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