Ganar una ciudad

Foto Flickr: José Manuel Calvo

Por Javier ARISTU

11 de septiembre de 1973: cae Salvador Allende en La Moneda defendiendo el poder constitucional. ¡Viva Chile!

(Tomo el relevo de Carlos Arenas y continúo hablando de la iniciativa sevillana Ganemos Sevilla)

La primera persona del plural verbal se declina en estos momentos: podemos, ganemos. Es un cambio significativo respecto de las maneras personalistas con que la política se ha venido construyendo en estos últimos años. Frente al “decido” de Rajoy, el “podemos” de la gente anónima. No está mal para comenzar. Solo queda esperar que ese verbo se decline efectivamente en todas sus posibilidades y se pueda articular ese “ganemos” en algo más que un simple deseo de voluntad de cambio.

Acaba de presentarse a la opinión pública una propuesta de cambio para las elecciones de 2015: “Ganemos Sevilla”. De ello quiero hablar; no podría ser de cualquier otra ciudad porque la villa que se moja en la ribera del Guadalquivir es la que conozco (relativamente) y donde habitan mis penas. He asistido hace pocos días a una asamblea de “Guanyem Barcelona” en el barrio de Gracia y tengo que manifestar que salí contento porque lo que vi y escuché allí me sonaba bien, aparecía no solo una ilusión y una voluntad de cambio sino algo más: ideas, proyectos, contenidos capaces de sustanciarse en programa de renovación de la vida barcelonesa. Por eso quiero hablar de “Ganemos de Sevilla”.

De entrada: ¿Hacía falta esta iniciativa? ¿No estábamos bien con la “oferta” del PSOE de Espadas y la de IU de José Manuel Fernández para desbancar la mayoría absoluta de Zoido-PP? Recuerdo que esta mayoría (20 concejales sobre 33) es la más absoluta jamás alcanzada por un partido en el ayuntamiento de Sevilla. Ni en los mejores momentos del PSOE sevillano (1983) se alcanzó esa cifra. Achacar el fracaso de la izquierda sevillana sólo a la gestión del anterior alcalde Monteseirín (PSOE en coalición con IU) es parcial e insuficiente. Algo más ha tenido que ocurrir en estos últimos años para que una mayoría ciudadana considerable, de los barrios de clase media y de los barrios populares, dieran su voto al PP en las pasadas elecciones locales. Centrar todo en la simple cuestión del exceso presupuestario del proyecto “las setas” o en casos de posible corrupción en Mercasevilla —entre otros— no es sino un recurso fácil pero desde luego incapaz de hacer comprensible una derrota tan inmensa como la que sufrió la izquierda municipal sevillana en 2011. Tras las elecciones europeas del pasado 25 de mayo y la irrupción de Podemos parece que comienzan a surgir algunos datos que puedan explicar lo anterior. Por todo ello, después del 25M de 2014 parece que la respuesta a la hegemonía de la derecha española no puede venir ya de la simple baraja de cartas PSOE-IU: o mayoría absoluta del primero o coalición con la segunda. Hace falta un nuevo reparto de cartas y, posiblemente, una nueva baraja. Ahí está el éxito de Podemos (una baraja nueva), pero también ahí puede estar su fracaso, si no es capaz de entender y asumir la historia y a sus protagonistas proponiendo no una mera continuidad pero sí una nueva síntesis. Frente a un nacer de nuevo, que parece ser el frecuente vicio de toda fuerza política nueva,  hace falta más bien una nueva actitud generosa y —subrayo— de mayorías para comprender que hoy día la sociedad de izquierda española es plural, diversa, variada, contradictoria y, por tanto no puede ser sometida a un solo parámetro o una única seña de identidad.

Auguro que posiblemente —expreso una manera de ver las cosas, ni siquiera un convencimiento firme— la franja social sevillana que ha dado consistencia y fuerza al PSOE durante estos últimos veinte años (dos generaciones) se ha resquebrajado: por un lado, ha perdido definitivamente a favor del PP ese sector “sevillanista” que ha dado imagen y tópico a la clásica ciudad (léanse los diarios ABC o Diario de Sevilla) y que nunca vio en peligro sus privilegios por la actuación del partido socialista; por otro ha podido también desprenderse de los sectores sociales ligados al mundo del trabajo y asentados en zonas populares y barrios que en otro tiempo fueron sus feudos; además, creo que también ha mermado sus expectativas en esos nuevos grupos sociales crecidos en torno a la nueva economía, a la modernización y la innovación tecnológica, que o han tenido que salir de la ciudad a la búsqueda de empleo o sobreviven en una ciudad de tópicos e imágenes de vírgenes y santos;  y para colmo, el PSOE no ha ganado, al contrario, se ha hecho incapaz de ganar, los nuevos sectores ingresados a la vida social y política a partir del 11M de 2011 —cada vez más mayoritarios— que han establecido ya como sello lo del “régimen del 78” metiendo de igual manera en el mismo saco al PP y al PSOE como dos caras de la misma moneda. Justo o no, pero esa batalla de monedas la están ganando.

Izquierda Unida intentó, desde un discurso de radicalidad y emergencia, sustraer la energía que había surgido en la sociedad española a partir de 2010 sin posiblemente entender lo que había tras ese remolino, aplicando viejas recetas y arcaicos esquemas de pensamiento a un profundo deseo de innovación y renovación. Además, combatir al PSOE en la calle apuntándose a aquello del “régimen del 78” y gobernar en San Telmo en coalición con ese partido era algo que, se mire como se mire, parece cuando menos incongruente. De una manera distinta que el PSOE, Izquierda Unida ha padecido los efectos del 25M y no parece que por sí sola pueda ser capaz de recoger los efectos benéficos de aquel resultado.

En resumen, y concretando en el ayuntamiento sevillano: el doblete PSOE-IU aparece como parte de “lo viejo”, “del sistema” y, en consecuencia, ha perdido eso que parece decisivo a la hora de conquistar una mayoría para gobernar: afán de cambio, imagen de innovación. Por eso, creo que el nacimiento de la iniciativa “Ganemos Sevilla” puede tener impacto significativo, si concilian tres elementos: contenidos capaces de movilizar a mayorías sociales consistentes, personas con capacidad de liderar a la sociedad sevillana y, además, si su propuesta consigue establecer el adversario principal (PP), incidiendo en una imagen de unidad y de conquista de una mayoría social: no hacer la guerra ni al PSOE ni a IU, al contrario, establecer un discurso de unidad y pluralidad. Difícil empeño que no sé si lo conseguirán.

Ganemos Sevilla se presenta desde el convencimiento de que “llevamos ya demasiados años de políticas al servicio de intereses privados, la especulación urbanística y los grandes proyectos despilfarradores, descuidando así las verdaderas necesidades de la ciudadanía” (del manifiesto de Ganemos Sevilla) y proponiendo el argumento de que ”necesitamos representantes que manden obedeciendo. Obedeciendo a los intereses de toda la sociedad y no a los de unos pocos poderosos. Necesitamos una democracia real”. (idem). Bueno, hasta ahora, frases de buena intención y surgidas de buena voluntad. Falta ahora que eso se rellene de contenidos positivos, es decir, de propuestas, de soluciones, de iniciativas reales capaces de motivar y convencer a los ciudadanos. Por eso, ahora se trata de pasar de las palabras a los contenidos de un programa renovador, socialmente mayoritario y pensando en toda la ciudad.

Seguiremos hablando de este asunto.