Ganemos

Puente de Triana, Sevilla. Foto Flickr de José Manuel Calvo

Por Carlos ARENAS POSADAS

 El pasado miércoles día 3 asistí, junto a mi amigo Lorenzo Cabrera, a la asamblea constituyente de Ganemos, la nueva oferta política que intenta, siguiendo los pasos del Guanyem Barcelona, hacerse con el gobierno municipal en Sevilla. En un ambiente caldeado por el intenso calor y la pasión de las palabras, el desarrollo de la sesión me resultó, a la postre, un tanto decepcionante.

Quizás fue el procedimiento: el modelo asambleario de toma de decisiones  tiene virtudes reconocidas porque acrecienta el compromiso de los presentes y les permite manifestar sus opiniones, tanto más cuando el uso  de la palabra, como allí ocurrió, se organiza de forma ordenada y equitativa. Tiene un defecto en cambio: suele hacer difícil la síntesis porque las intervenciones suelen ser una mezcla de asuntos y perspectivas dispersas y confusas. En este caso, se mezclaron las buenas intenciones, las dudas sobre la urgencia o la necesidad del proyecto o el origen de la iniciativa, el ámbito espacial de actuación o las opiniones de quienes ya proponían actuaciones prioritarias a acometer.

                Dejé la asamblea con el sentimiento de decepción ya mencionado. No había oído, o no con suficiente rotundidad, las cosas que esperaba oír. Podría haberlas dicho yo, pero temía sumarme a la lista de monólogos sucesivos a los que había asistido. Ahora tengo la ocasión de pronunciarme en En Campo Abierto. Eché en falta, por ejemplo, que nos hiciéramos algunas preguntas: la primera era ¿ganemos a quién? Mi respuesta es muy simple: a la coalición buscadora de rentas que domina políticamente la ciudad desde hace décadas y que conocemos con el nombre de la “sevillanía” -es decir, a los “nacionalistas” locales-.

¿Por qué? Porque sostienen un modelo productivo y de recompensas basadas en el privilegio, la desigualdad de oportunidades y en el 35 por ciento de parados.

¿Para qué? Para bastante más que para gestionar decentemente los recursos municipales y  atender a las necesidades de los que sufren tal y como se repite en el manifiesto seminal de la organización. Se trataría, además, de revertir la situación actual arriba descrita en la convicción de que la igualdad es sinónimo de desarrollo, empleo y bienestar. Por otra parte, no se llegaría muy lejos al respecto tomando Sevilla como un islote separado de otras iniciativas locales y regionales: la articulación de externalidades andaluzas es fundamental en la consecución de este propósito.

                La siguiente pregunta hubiera sido ¿quiénes somos? ¿A quién representamos o aspiramos a representar? ¿Qué de original y de nuevo aportamos respecto a otras ofertas políticas de nuestro espectro ideológico? Me hubiera gustado oír con mayor rotundidad que Ganemos nace desde la ciudadanía, que su objetivo es activar al ciudadano y aglutinar a los colectivos sociales, sindicales, vecinales, culturales, no gubernamentales, de microempresarios, de consumidores, etc., en los que los ciudadanos están insertos, para cohesionarlos, empoderarlos y sumarlos a los partidos o coaliciones políticas que asuman sus necesidades y proyectos.  Porque esa es otra: no oí con la suficiente nitidez que Ganemos no nace con una voluntad fraccional, ni que renuncie a participar en elecciones al margen de otras fuerzas de izquierdas. Creo que es imprescindible aclarar que Ganemos viene a sumar y no a dividir.

                Una última pregunta sería: ¿cómo ganar no ya unas elecciones sino el futuro? Para ello se necesitaría trabajar para arbitrar una coalición de fuerzas económicas, sociales y políticas que tengan en el bienestar colectivo la recompensa de su bienestar particular. Solo con una ciudadanía real, y no sobre el papel, activa política y económicamente, superadora del clima institucional de fatalismo, clientelismo y fanatismo “sevillanista” en la que se le ha obligado a moverse, es posible el cambio que nos proponemos.

 

 

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