Política industrial

Por Carlos ARENAS POSADAS

Hace unos días asistí invitado por CCOO de Sevilla a unas jornadas de reflexión sobre el estado de un tejido industrial en la provincia, aquejado desde hace décadas de una crisis por consunción traducida en cierre de empresas, fuga de otras y peligrosa dependencia de muchas de las que quedan de decisiones estratégicas que se toman fuera de Andalucía.

Me agradó la frescura con la que algunos delegados sindicales, el de Fasa o el de Mina las Cruces, por ejemplo, enfocaron el problema: vinieron a decir, algo así como que una golondrina no hace verano, que se necesita escapar a la dependencia mencionada y a la maldición de actividades extractivas con fecha de caducidad, insertando lo que hoy son industrias enclaves dentro de un aglomerado industrial capaz de complementarlas, provocar sus externalidades y garantizar su sostenibilidad añadiendo valores al mero aprovechamiento de los recursos naturales.

Me percaté que, casi todos los participantes, pensaban solo en la gran industria y, en concreto, en la industria del metal, en preservar  los restos o resucitar algunas de las grandes empresas que, generalmente, con apoyo público, existieron en Sevilla desde la posguerra civil, a las que he llamado en alguna ocasión la “industria de retaguardia”: industria aeronáutica, naval, militar, etc. Nada o apenas nada se dijo de las pymes industriales o de otros sectores industriales como el agroalimentario –se trataba en otro espacio-, el cerámico o la industria de la cultura, por ejemplo, que necesita tanto de artistas como de técnicos.  Quizás fuera falta de tiempo para exponer el problema, pero me parece que no existía la misma necesidad de reconversión industrial  en la industria que existe en la construcción cuando trata de olvidar los mega-proyectos para alumbrar un espacio más modesto –el de la reparación de viviendas, por ejemplo-, menos ostentoso pero igualmente rentable y socialmente más útil.

Cuando me tocó hablar por espacio de cinco minutos –y por eso escribo esta entrada en el blog-, prescindí de estas observaciones para centrar mi intervención en una cuestión que creo fundamental. Los reunidos en torno a la mesa de trabajo eran todos delegados sindicales de CCOO; faltaban empresarios y representantes cualificados de la administración. Dicho de otra manera, los trabajadores carecían de interlocutores, se lamentaban y hacían propuestas interesantes que caían en el vacío. Los representantes empresariales y autoridades habían tenido su momento de gloria a primera hora de la mañana, habían soltado los lugares comunes habituales, hecho las fotos de rigor, contestado a las preguntas desganadas de la prensa y se marcharon por donde habían venido. La política correcta de estar en la pomada antes que en el tajo, reproducida una vez más.

Hubo referencias en la mesa de debate a la necesidad de cambiar el “modelo productivo”. Insistí en negar que sea lo mismo “modelo productivo” y “estructura productiva” y que no se puede cambiar la segunda sin cambiar antes el primero; es decir, sin cambiar previamente las instituciones y los poderes políticos que defienden a ultranza la permanencia de una estructura de recompensas que en  el caso de Sevilla y de Andalucía pasa por un sector servicios de escasos valores añadidos cimentado sobre el trabajo precario y muy mal pagado. Si acaso, la industria que existe, el i+d que se crea, es una industria buscadora de rentas políticas o que levanta barreras de entrada  para gozar del privilegio de ser interlocutora exclusiva de la administración, el saloncito de la casa que solo se abre para enseñarlo a las visitas.

No habrá industria en Sevilla, en Andalucía, hasta que la Junta de Andalucía respire, como en el País Vasco, por los poros de los empresarios, las cooperativas y los trabajadores industriales, hasta que deje de considerar interlocutores preferentes a los dueños de suelo, los grandes constructores, las multinacionales o la banca. Lamentarse a la espera de que las autoridades y sus socios se apiaden de un sector en franco declive, me parece, además de frustrante, una pérdida de tiempo. Por el contrario hace falta fomentar dese abajo sinergias en el plano institucional que acerquen horizontalmente a empresarios y trabajadores industriales, que posibiliten la concentración empresarial de las pymes, que se trabajen redes y externalidades entre empresas de un mismo sector, que se fomente la articulación del mercado andaluz, etc., pero sobre todo, que se demuestre la potencia suficiente para ser considerado interlocutor preferente por la administración y para que, llegado ese momento, se le obligue a planificar, vertebrar mercados y estimular externalidades, diversificar la oferta, promover la investigación,  facilitar el crédito y crear empleo de calidad.