¿Cambio de ciclo?

Foto Flickr por Bourguiboeuf

Por Javier ARISTU

Tras los resultados de las elecciones europeas del pasado domingo un auténtico vendaval de comentarios y análisis en los medios y blogs han mostrado la importancia de las mismas. Ya en una entrada de este blog, Y después del 25 de Mayo ¿qué?, escrito antes de las elecciones, comencé a hablar de sus posibles resultados y consecuencias. Algún conocido amigo me comentó que tenía que haber esperado al domingo, que no me debía adelantar a los acontecimientos. El lector, si lee esa entrada del pasado 20 de mayo, juzgará si me equivoqué o no. Por si acaso, hoy ya apunto mi modesto comentario postelectoral.

 Si asistimos a una campaña electoral casi oculta, desaparecida de las calles y de los medios más importantes como la televisión —que hacía presagiar una apatía y absentismo masivo—, los resultados, aun siendo preocupantes respecto a la participación ciudadana en las urnas, han mostrado que la ola iba por abajo, que era una marea, y que ha traído consecuencias de gran envergadura para Europa y para España. Algunos han llegado hablar de un tsunami en el caso español.

No voy a entrar a comentar con detalle los resultados electorales; ya se han hecho por gente que conoce el paño, y seguirán apareciendo en los próximos días análisis más meditados y con la frialdad que da el alejamiento de la noche electoral. Solo quisiera hacer algunas apostillas o breves notas que me vienen a la cabeza tras aguantar durante estas últimas cuarenta y ocho horas el torbellino de impulsos y sensaciones que me han asaltado el cerebro. Y las haré de momento refiriéndome solo a los resultados en España; tiempo hay para comentar los de Europa que, sin duda, me parecen más importantes y decisivos en su conjunto que los nacionales.

Nadie, ninguna fuerza política, se va quedar quieto en sus posiciones previas a las elecciones del 25M. Para casi todas, de derecha o de izquierda, exceptuando algunas como podrían ser Esquerra Republicana o Bildu (que consolidan sus estrategias) el resultado del domingo las obliga a mover ficha, a modificar estrategias, a modular acciones de gobierno.

  • El PP, sin duda, creo que está obligado a cambiar algunas políticas si no quiere seguir perdiendo votos en las próximas autonómicas y municipales. Podría perder gran cantidad de gobiernos locales y regionales si se articulan de otra manera las demás fuerzas a su izquierda. Ha sido sin duda un punto de inflexión desde las elecciones de 2011. Y lo que va a producirse en Europa en relación con el papel de la Comisión, la necesidad de reaccionar ante la irrupción de la extrema derecha y la posible modulación de la política de austeridad, influirá obligadamente en el gobierno del PP. No me gustaría equivocarme.
  • El PSOE: ¿Qué quieren que les diga? Se venía anunciando esta tragedia. Su acción parlamentaria ha sido modestísima, su intervención social nula y su incapacidad para reelaborar un nuevo discurso estratégico ha sido manifiesta. Pienso que este partido tiene por delante no sólo un cambio generacional o un nuevo equipo renovado: demanda un repensamiento de la estrategia general del partido como depositario de un indudable (aunque disminuido) voto popular. El próximo tiempo, más allá del Congreso y las primarias, debería ser de refundación y replanteamiento. No sé si serán capaces de hacerlo, pero a todos nos interesa que lo hagan.
  • Izquierda Unida ha consolidado una posición estable en el panorama político pero al mismo tiempo ha mostrado una dificultad estratégica para acompasarse a los nuevos tiempos. Quizá pensaban que sus acciones parlamentarias se traducirían necesariamente en votos o que la presencia de una atractiva figura como la de Tsipras les iba a compensar los déficits de una candidatura que en su conjunto ha sido muy deficiente en atractivo social. Ahora se estarán arrepintiendo —¿o no?— de no haber sido más decididos y generosos a la hora de pactar con Pablo Iglesias y su gente. Sin embargo, tras las elecciones, están obligados a dar pasos, a proponer iniciativas… solo que ahora Pablo iglesias no va solo sino que tiene detrás un millón y pico de electores.
  • En los márgenes, o en la misma ribera, de IU han surgido con voluntad de estar presentes en el estado fuerzas como Podemos o Primavera Europa. Ambas recogen mucho del descontento social horizontal y trasversal que ha recorrido el país a lo largo de estos últimos años y tendrán que formar parte, seguro, de futuras recomposiciones y gobiernos en País Valenciano, en Aragón, en otras Comunidades autónomas pero también en el conjunto del estado.
  • Podemos, especialmente, es un movimiento que irrumpe con una fuerza electoral desconocida en nuestra historia reciente. Creo que no se conoce ninguna experiencia de este tipo, la de que en solo 12 semanas se organice una plataforma capaz de reunir un 8% del voto, 1.245.948 personas. Me acuerdo de Obama y las primeras acciones en su primera campaña electoral (precisamente la del We can do it, Podemos) cuando irrumpió y comenzó a desbancar a Hillary Clinton; o las de Syriza en Grecia. Ambos casos sin embargo están ligados a estructuras más o menos consolidadas de partido: en el caso de Obama, los comités del partido Demócrata, en el de Syriza, el proceso de convergencia de los partidos que la fundaron primero como coalición y luego como partido. Podemos surge de una estrategia comunicativa muy inteligente [Véase el artículo de Eduardo Muriel en La Marea], donde la presencia en ciertos medios televisivos y en las redes sociales (igual que Obama) es decisiva, y que a la vez  explota al máximo la personalización de su televisivo dirigente que llega a convertirse en un líder directamente relacionado con el elector, pasando por encima de cualquier (inexistente) organización o estructura partidaria. Porque esos llamados “círculos de Podemos” no forman una estructura partidaria u organizativa de masas como para orientar el voto ante un millón de personas. Sí es evidente que las redes sociales en internet, así como la capacidad de penetrar en el tejido social difuso y extenso que ha permanecido tras las movilizaciones del 15M ha permitido que esta población, joven y no tan joven, pero urbana y profesional, apueste claramente por esta bocanada de aire que ha sido la candidatura encabezada por Pablo Iglesias.
  • Lo cual me lleva a apuntar, simplemente esbozar, algo que puede estar ya ocurriendo en nuestro país y que antes se ha producido en otros cercanos, especialmente Italia, primero con Berlusconi y luego con Grillo y el Movimiento Cinco estrellas: lo que se comienza a llamar la democracia en directo [término acuñado por Nadia Urbinati] , es decir, con la participación via Internet, sin partidos y con la red, que se hace medio directo de información, desmontando todo el complejo institucional que la democracia parlamentaria y representativa ha venido construyendo en las últimas décadas: las instituciones representativas, los partidos, los órganos intermedios. De ahí que las primarias, mecanismo interesante y refrescante, si no se insertan en un proceso más complejo y unificador, pueden sin embargo pasar a ser medio anónimo, impersonal y masificador de consensos creados a través de Internet, desde un centro que emite mensajes distribuidos a través de Facebook o Twiter, sustituyendo a las clásicas mediaciones que han venido dando cohesión a la sociedad democrática. Grillo, en Italia, es exponente máximo de esto; Pablo Iglesias, desde otra perspectiva alejada del cómico italiano, a lo mejor ha usado ciertos mecanismos similares.

 Como primera conclusión de esta reflexión que nos va a llevar, creo, un cierto tiempo es que las cosas han empezado a cambiar. No podía ser de otra manera. La agresión social demoledora que ha venido llevando la derecha en estos años no podía dejar alelados al cuerpo social afectado. Todavía no estamos noqueados. Se ha producido una reacción, existe la constancia de que se pueden cambiar las cosas y los gobiernos autoritarios. Pero para ello, entre otras cosas, hará falta continuar la movilización, organizar a la ciudadanía, reforzar las organizaciones sociales, quitar de la mesa viejas recetas que ya no son soluciones, profundizar en la búsqueda de nuevos discursos y, también, recomponer el mapa de partidos políticos de la izquierda. A la inversa de lo que decía en mi anterior entrada, se trata posiblemente ahora de ir “de la dispersión de siglas y candidatos… a una formulación política y orgánica unitaria”.

Hay mucho retal que componer así que estoy seguro de que seguiremos con otros comentarios en este blog. Mientras, pueden leer otras sagaces aportaciones de amigos en estos enlaces:

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