La causa general

Foto por Landahlauts

Por Carlos ARENAS POSADAS

Hace unos días la opinión pública se ha desayunado con que Andalucía ocupa el primer lugar en cuanto a la tasa de desempleo de las 272 regiones europeas. El 36 por ciento. A esta merecida distinción debe añadirse otros méritos menos conocidos como el que sea también la primera o una de las primeras en cuanto a los niveles de precariedad laboral, trabajo sumergido, menor cobertura de prestaciones por desempleo, menor cobertura en la negociación colectiva, etc. ¡Cuánto honor!

Los economistas de la casa o de la cosa reducen sus explicaciones al bonito juego del mercado. La responsabilidad del desempleo se debe a un exceso de oferta de mano de obra porque la población en Andalucía crece más rápidamente que en otras regiones y países. Al último que le oí ese razonamiento fue al presidente Griñán que olvidó añadir que el desempleo es alto incluso con tasas de ocupación, masculinas y femeninas, de las más bajas de España. Algún otro ilustrado se refiere a la escasez del capital humano en la comunidad –tenemos una de las mayores tasas de universitarios en paro de España- o  a la tradicional aversión de nuestra fuerza de trabajo a emigrar. Del lado de la demanda, se culpa a la crisis, a la abrumadora amplitud de las pymes en el tejido productivo, etc.

Dejándonos de rodeos: la existencia del paro abrumador en Andalucía –siempre diez puntos porcentuales más que la media española- se debe a la dilatada trayectoria de un modelo de capitalismo que solo ha sido y sigue siendo viable porque cuenta con un exceso de mano de obra, barata, de baja cualificación y, a ser posible, cofrade. Antes eran jornaleros del campo, ahora albañiles, camareros y reponedores de yogures en las estanterías de grandes supermercados.

Por supuesto, ese modelo de capitalismo no ha nacido o crecido espontáneamente. Si ha sobrevivido hasta hoy es porque la clase dirigente andaluza y los que han llegado de fuera han podido conquistar, usar, abusar o concertar el poder político para defenderlo y consolidarlo. Dicho de otra manera, la burguesía andaluza y la foránea ha invertido en Andalucía porque se les  ha asegurado que ese modelo de capitalismo no está en peligro, que se respetará su poder “de iure” o, en su defecto, de “de facto”.

El problema del paro en Andalucía es un problema institucional y político, y subsistirá hasta que, desde un poder democrático, no se cambie ese “capitalismo de compadres” que necesita del paro masivo para  acumular beneficios. El consejero de educación de la Junta de Andalucía ha reprochado al meapilas ministro del interior el abrir una causa general contra Andalucía por el asunto del fraude en los cursos de formación parados. Nadie discute que el PP está interesado en tapar su propia mierda ensuciando a otros. Por supuesto resulta excesivo abrir una causa general a pesar del crecido número de “compadres” que se van conociendo. Sin embargo, si hay una causa general en Andalucía es la vigencia de un modelo productivo recalcitrante en su mediocridad y en su inveterado desprecio el trabajo. Para encontrar una salida, un antiguo apelaría a la regeneración moral y política; un posmoderno diría que hay que jugar a otra cosa.

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