Otras utopías

Foto por Landahlauts

Por Carlos ARENAS

La coalición de “izquierdas” que gobierna en Andalucía está en un tris de romperse. La derecha, sin comillas, se frota las manos y ya anuncia como inevitable elecciones anticipadas en octubre. Las razones del encontronazo, el asunto de la corrala “la utopía”, me parecen, sin embargo, un burdo pretexto; una ocasión pintiparada de la presidencia de la Junta para no cumplir definitivamente lo que no se está cumpliendo desde hace dos años: un programa político que se proponía, si mal no recuerdo, avanzar hacia un cambio en el modelo productivo en Andalucía.

 La señora Díaz, y a los hechos me remito, parece estar más a gusto entre los parientes de Arias Cañete en Jerez y saludando al señor Botín que entre desahuciados ocupas. El argumento de de que hay que respetar las listas de espera de los que necesitan una vivienda oficial debería avergonzarla, primero porque su gobierno no ha resuelto el problema de la vivienda, segundo porque se han construido viviendas de protección para clases medias que son rechazadas porque los beneficiarios no pueden pagarlas y, tercero, porque atufa escrúpulos pequeño-burgueses de quienes abominan más del pícaro que hurta una gallina que del ratero de guante blanco que roba masivamente con la ley en la mano.

En cuanto a Izquierda Unida, sería triste que su trayectoria en el gobierno en estos dos años se recuerde solo por sus obras de misericordia. Se vaya o no se vaya a romper la coalición creo que Izquierda Unida tiene la obligación de aclararnos si va a obligar a Díaz a cumplir el programa acordado, si está dispuesta a pelear por otras utopías mucho más trascendentes que las corralas.

Siempre me ha parecido sintomática la afinidad de los presidentes autonómicos con los herederos de quienes han mangoneado Andalucía a lo largo de la historia. Bajo la etiqueta de “izquierda”, todo ha quedado atado y bien atado. Viendo a Díaz con el “sherry party” y con Botín, la impunidad con que las grandes distribuidoras acogotan a los agricultores, la impudicia con la que se ha entregado el sistema financiero a la Caixa y al BBK, la impasibilidad con la que se va a entregar la riqueza olivarera a los especuladores británicos del CVC, me recuerda lo que ha sido la historia andaluza desde la conquista castellana del siglo XIII: una tierra para provecho de señores.

Mientras, en la otra cara de la moneda, cientos de miles de pequeñas empresas autóctonas que se esfuerzan con el único objetivo de sobrevivir, sin poder capitalizarse, coordinarse, crear estrategias comunes porque no han tenido el pedigrí suficiente para generar una voz política autónoma. Pensé que generar esas sinergias endógenas sería la labor del vicepresidente de relaciones institucionales Diego Valderas, pero me parece que ha fallado aunque todavía está a tiempo de intentarlo.

En cualquier caso, la utopía que se necesita no es obra solo de políticos; es obra de todos y cada uno de nosotros. No les podemos exigir lo que no queremos darnos nosotros mismos. Si queremos utopía propongo una: ignorar como consumidores todo negocio que cotice en bolsa, negándonos a engordar los dividendos de señores, señoritos, “ahorradores” y especuladores como los que han mangoneado Andalucía desde siempre.

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