Una corrala, una crisis

Foto Flickr por Juan Jiménez Martínez

Por Javier ARISTU

Al calor de los sucesos de la corrala La Utopía en Sevilla  se me vienen a la cabeza una serie, desordenada, de reflexiones que expongo públicamente para, por un lado, aclararme yo mismo en esta cuestión, y por otro participar en el debate social que se ha producido tras el desalojo de las familias que ocupaban los pisos de ese inmueble sevillano. A algunos, o no sé si a muchos que me lean, puede que no les gusten estas líneas pero hablar claro es condición para llegar a un acuerdo o, al menos, a una buena razón.

  1. En un principio “el problema de la vivienda social” se nos presenta relacionado con el impago de unas hipotecas por parte de unos vecinos a los promotores y bancos. A consecuencia de aquello un grupo de personas, desahuciadas de sus casas unas y otras con diversos problemas de vivienda, ocupan unos pisos vacíos que, tras lentos y sinuosos procesos mercantiles, habían terminado siendo propiedad de la caja de ahorros Ibercaja. A aquellos vecinos desahuciados se le suman otras familias con distintas problemáticas sociales y en relación con la vivienda, hasta formar un grupo social ocupante de 22 pisos de ese inmueble propiedad de Ibercaja. Me quiero referir, por tanto, a que “el problema de la vivienda social en Sevilla” (como en Andalucía y España) traspasa y supera la anécdota terrible del desalojo de la corrala Utopía. Desde hace años la cuestión de dotar de vivienda a sectores sociales sevillanos (y andaluces y españoles) débiles o con dificultades de recurrir al crédito privado (hipotecas) es sin duda uno de los principales, si no el que más de nuestras urbes. Miles de jóvenes, miles de familias permanecen sin poder disponer de una vivienda ajustadas a sus necesidades y situación. Nos informan —según leo al portavoz del PSOE Juan Espadas— que el Ayuntamiento de Sevilla tiene cientos de pisos vacíos, que no se mueve la lista de futuros inquilinos, que el parque de viviendas públicas está paralizado, que se pretende vender esos pisos de propiedad público en vez de alquilarlos precisamente a estas familias con necesidades sociales evidentes. Un problema que viene de lejos y que demandaba políticas públicas y acciones privadas de largo alcance.
  2. Lo que era una cuestión relacionada con las entidades de crédito privadas —son éstas las que han ocasionado el inmenso problema social de las hipotecas impagadas y de los desahucios— ha pasado a ser un asunto de conflicto cívico contra las instituciones públicas (ayuntamiento y gobierno autonómico) y de profundo enfrentamiento dentro del gobierno de la Junta de Andalucía. ¿Quién ha sido el artífice de esta jugada? ¿Dónde está el genio de la botella que ha convertido el problema de los impagos de hipotecas en un asunto de quiebra de la mayoría social en Andalucía? A ese genio la banca tendrá que darle una medalla ya que ha logrado desplazar el problema del despacho del banquero al despacho de los poderes públicos. De enfrentase contra la banca, la gente que sufre este problema ha pasado a enfrentarse contra sus representantes democráticos.
  3. ¿Gestión de la crisis? Suspenso. En mi modesta opinión ni la consejería de Fomento, responsable hasta hoy de las actuaciones en vivienda, ni la presidenta de la Junta han actuado con cabeza y con frialdad. Gestionar un gobierno de coalición como éste —precisamente con “aliados” hoy que vienen de un profundo enfrentamiento durante más de 25 años— sabíamos que era algo sumamente difícil y delicado. Exige frialdad y saber que  a veces tienes que ceder en lo secundario para que salga adelante lo fundamental. Tengo mis dudas de que por parte de Fomento, es decir de IU, se haya sopesado desde el primer momento las consecuencias sociales, políticas e institucionales de sus primeras decisiones tras el desahucio de la corrala. Pero, del mismo modo, recurrir al “decretazo” por parte de la presidenta, es decir el PSOE, para sustraer las competencias de vivienda a Fomento es, literalmente, no solo un gesto de autoridad como pretende vender su propio partido y la prensa que le apoya en este momento, sino también la muestra de cómo Susana Díaz entiende la coalición y el gobierno en común. Me temo que esto es un adelanto de lo que va a venir: más que una cultura de la negociación, del diálogo, del acuerdo dentro de los constituyentes del gobierno se impondrá una cultura de “la autoridad”, de los personajes firmes, con “un perfil de audacia y autoridad que acrecienta su papel como valor en alza” —dixit El País. Se nos transmite que la sociedad demanda eso, líderes con autoridad, con decisión: Berlusconi antes, Valls ahora en Francia, Renzi en Italia… ¿Susana Díaz en Andalucía? Puede ser que a lo mejor no estemos ante un intento de arreglar un entuerto sino ante la ocasión de construir una líder a golpe de decreto. Y, como casi siempre, pagando los platos rotos la gente sencilla, los invisibles.
  4. Iu ha centrado gran parte de su batalla social y de su acción política e institucional en la corrala la Utopía. Parece como si ahí estuviera el punto de fusión nuclear de sus posteriores acciones sociales masivas. No se ha visualizado —no me atrevo a decir que no la haya— otra política de alianzas sociales más allá del apoyo a las familias de la corrala. ¿Qué movimiento hay tras esas familias? Grupos dispersos que en una parte son precisamente contrarios no solo al PSOE sino a IU y al gobierno de la Junta. Me atrevo a afirmar esto tras ver la respuesta social habida después del desalojo del inmueble. La cuestión de la vivienda es uno de los problemas más sentidos por la ciudadanía pero, precisamente por eso, no puede ser gestionado y vehiculado a través del faro-guía de una ocupación de 22 familias de un inmueble. El problema es mucho mayor y exige de los partidos de gobierno algo más que un  apoyo a las familias ocupantes y luego desahuciadas. A no ser que el programa sea precisamente la ocupación de todo inmueble vacío, convirtiendo la ocupación en una propuesta masiva. Son miles los afectados y eso quiere decir, por tanto, que es necesario organizar a esa ciudadanía golpeada por la carencia de vivienda en un movimiento sólido, masivo, democrático y con un programa reivindicativo capaz de recoger a la inmensa mayoría. ¿Es la ocupación su propuesta clave? Si lo es, hay que decirlo; si no lo es, hay que oponerse a la misma o hay que darle solución. De otro modo se va tras los acontecimientos y simplemente se toca el tambor para que te oigan Y recuerdo que la corrala llevaba ocupada desde hacía dos años, el mismo periodo que el gobierno de izquierdas de la Junta.
  5. No es fácil ni bonito gobernar en estos momentos el asunto de la vivienda desde una instancia pública pero las circunstancias y los votos han colocado en esa tesitura a la izquierda. Los ciudadanos, los que han sido desahuciados y los que están en una lista municipal de espera, los que ocupan y los que no ocupan, esperan actuaciones capaces de resolver o mitigar este agudo problema. Por eso habrá que levantar la vista más allá de la mesa de negociación entre PSOE e IU, más allá de las actuales correlaciones parlamentarias y electorales, y construir un mínimo plan de urgencia que dé salida a las familias desahuciadas y que permanecen en la calle así como a las otras que esperan desde hace años la concesión de un piso. Como ha ocurrido siempre, la esperanza de la izquierda reside especialmente en cómo se es capaz de relacionar a la gente con la acción de gobierno, en su tarea de mediación, de interlocución, sumando fuerzas y no restando. Creo que este problema será resuelto de una forma u otra y el gobierno de coalición va a continuar (a pesar de las presiones que de un lado y otro hay para que salte por los aires). No importa tanto la continuidad o no del mismo como la capacidad que tengan los interlocutores políticos de aprender la lección, de tomar nota de los errores y de reconducir una gestión y, sobre todo, una acción política general que no puede depender de sucesos como este. Los problemas son de una densidad suficiente como para exigirles a la clase política de izquierda que sea capaz de desarrollar una auténtica política de amplios horizontes, de amplia base y de cercanía con los ciudadanos.

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