Pensar una reconquista cultural desde la izquierda

Por Gaël Brustier

El balance de las últimas elecciones municipales en Francia es catastrófico para la izquierda. Se desprende de ellas la evidencia siguiente: cada vez es mayor la impotencia de las izquierdas para hacerse elegir, y todavía más para imponer una agenda propia o para luchar contra las representaciones colectivas de la derecha. Los resultados de las elecciones municipales francesas (¡y de las holandesas!) de este mes de marzo lo demuestran.

 Las izquierdas francesas y europeas – radicales o socialdemócratas – hablan de políticas públicas y de buena gestión, mientras las derechas recurren a un universo propio de imágenes, símbolos y representaciones. A nadie puede sorprender, por tanto, que el «socialismo municipal» haya sido laminado por la ola derechista del pasado domingo. Aunque la actividad económica sigue presente en el núcleo de las recomposiciones del imaginario colectivo, éste integra muchas otras dimensiones, incluidas cuestiones cívicas y culturales. Estas dimensiones trascienden la oposición entre lo social y lo societario.

 IDEAS PERSISTENTES Y ERRÓNEAS

Es hora de tomar conciencia de la multiplicidad de los campos de batalla en los que debe implicarse la izquierda. Urgen nuevas respuestas, que no pueden limitarse a la simple negación o réplica a las tesis de las derechas. Ahí está la clave de las zozobras de la izquierda. Si no reacciona, corre el riesgo de desaparecer.

 Una de las ideas persistentes y erróneas que emanan de una parte de la izquierda consiste en un análisis de la derecha como representante exclusiva de las clases dominantes. Esta tesis choca con la realidad de los datos y con la complejidad de las mutaciones culturales. Si examinamos el thatcherismo, el berlusconismo o el sarkozismo – tres de las expresiones que ha encarnado la derecha en nuestro continente –, constatamos de inmediato que ninguna de esas formas políticas se ocupó de promover u organizar políticas públicas, ni de introducir mejoras evidentes en la política económica. ¡Muy al contrario!

 Si las derechas, en su diversidad, han sabido adaptarse al mundo actual, es porque han utilizado un universo de imágenes que conecta con la experiencia cotidiana de nuestros conciudadanos y que es mucho más potente que el enunciado de medidas técnicas o la descripción de políticas públicas, por buenas que sean. Las derechas han combinado lo viejo y lo nuevo, la nostalgia y la adaptación al mundo que nace…

 La actual mutación mundial, y en particular el aumento de las interdependencias entre los Estados y los individuos, está haciendo crecer en nuestras sociedades la idea de una decadencia. La mutación del mundo corresponde a la nueva fase de mundialización de los intercambios, al desafío energético y medioambiental, y a la agudización dramática de las migraciones. Son, todas ellas, mutaciones que refuerzan la idea de decadencia.

 LOS CONSENSOS HEREDADOS DEL PASADO

Ese pesimismo creciente encuentra una expresión esporádica en los pánicos morales que actúan como el verdadero y poderoso acelerador de la recomposición ideológica, social y cultural de nuestros países. El pánico moral contribuye a liquidar los consensos heredados del pasado – en primer lugar, el consenso socialdemócrata – y desemboca en el espontaneísmo derechizado que con tanta violencia está socavando a la izquierda gubernamental. Es lo que acaba de producirse, lo que ha provocado la pérdida para la izquierda de cientos de ciudades y aglomeraciones.

 El centro de gravedad mundial ha basculado desde el Atlántico hacia el Pacífico, y ese hecho ha generado un cataclismo ideológico. En este contexto, las llamadas a la vuelta a una situación anterior no bastan. El consenso socialdemócrata, basado sobre todo en el pleno empleo y en la cogestión con los sindicatos, ha muerto y no resucitará… No se puede hacer abstracción de la poderosa matriz ideológica derechista que está funcionando a pleno rendimiento y ha dado un nuevo sentido en el ámbito local (de Hayange a Béziers, de Bobigny a Montceau-les-Mines) a un mundo en plena mutación.

 El éxito de las derechas no se debe a otra cosa que a la anemia de los proyectos y los imaginarios de la izquierda. Salmodiar recetas de 1981 en el mundo de 2014 es un gesto de impotencia tan grande como la sumisión a las ideas económicas liberales en boga. Situarse más a la izquierda sólo por estar más a la izquierda, resultaría inoperante.

 Por el contrario, lo urgente es definir otro proyecto, otra respuesta, dar una explicación del mundo diferente de la que están vehiculando las derechas. El interés de las clases populares no puede darse por descontado. Se construye desde la cultura, la ideología, la socialidad. Ese trabajo ha sido abandonado. Las izquierdas tienen su proyecto averiado, y su optimismo también.

 CAPTAR EL IMAGINARIO COLECTIVO

La idea de que la mutación actual del mundo va a llevar de forma casi mecánica a un retorno de las recetas anteriores, es un freno poderoso a la renovación ideológica de la izquierda. La ideología de la crisis – la ideología de la decadencia – implica a proyectos, intereses y anhelos diferentes. Gentes de condición material radicalmente distinta coinciden a pesar de ello en una misma visión del mundo.

 En cada ocasión que se ha presentado, la fuerza de las derechas ha consistido en saber introducirse en el ámbito de la experiencia de las personas y contribuir a darle un sentido nuevo. Desde las derechas conservadoras hasta las nuevas derechas populistas, todas las familias de la derecha han conseguido captar el imaginario colectivo y manipularlo, o sacar provecho de él. Y lo han vuelto a demostrar en estas últimas elecciones municipales.

 Pensar la hegemonía se ha convertido en un imperativo vital para las izquierdas. Tanto la socialdemocracia como la izquierda radical se ven en la necesidad de repensar su proyecto y el imaginario que pretenden construir en el mundo que viene. Que nadie se equivoque, el problema no es el Frente nacional ni el retorno de Nicolas Sarkozy, el problema es la capacidad de la izquierda para ganar, mañana, la guerra cultural en curso… Para cambiar el mundo.

   Gaël Brustier  es investigador asociado al Centro de estudio de la vida política, de la Universidad Libre de Bruselas.

Publicado en Le Monde, 1.4.2014. Traducción: Paco Rodríguez de Lecea.