Elecciones municipales en Francia y Países Bajos: una advertencia europea

Foto Flick Pollobarba

Por Nicolas Leron y Joël Le Deroff

Dos elecciones municipales han tenido lugar recientemente en Europa: en los Países Bajos el 19 de marzo y en Francia los pasados 23 y 29 de marzo. El paralelismo de los resultados de estas elecciones es rico en enseñanzas: socialistas y socialdemócratas, en el poder, pierden electores tradicionales mientras que el centro derecha cristiano-demócrata y conservador (UMP en Francia, CDA en los Países Bajos) consigue avances significativos que pueden ser cuantitativamente importantes (en Francia, con más de 150 ciudades de más de 9.000 habitantes que se escoran hacia la derecha), pero sin convencer, mientras la extrema derecha progresa de forma neta (en Francia conquista 10 ciudades y consigue que sean elegidos 1.200 concejales cuando tenía 80 en 2008). Son resultados que resuenan como una advertencia, a dos meses de las elecciones europeas.

Una izquierda sin proyecto, una derecha sin ideas, una extrema derecha sin barrera

A pesar de que la situación política de los Países Bajos y Francia es diferente (alianza liberales y socialdemócratas en los Países Bajos, gobierno de izquierda en Francia; papel más importante de los liberales en los Países Bajos, modelo republicano y bipolar en Francia contra el modelo de polders y comunidades en los Países Bajos), las reformas siguen la misma dirección (reforma del mercado de trabajo, recortes presupuestarios, subida de impuestos). Los resultados parecen dramáticamente similares: un voto de castigo hacia la política gubernamental, especialmente por parte de los electores de izquierda. De esta forma, es posible comparar los resultados electorales en Marsella y Rotterdam, bastiones populares y tradicionalmente abiertos a las influencias multiculturales y a los intercambios internacionales:  una derecha que se mantiene (aunque en Marsella la base de Jean-Paul Gaudin, alcalde desde 1995, es fuerte), una izquierda aquí en Francia socialista, allá en los Países Bajos socialdemócrata, que se derrumba, y una extrema derecha que da la sorpresa, ganando incluso en Marsella un alcalde de distrito.

Es sorprendente ver cómo se parecen estas dos elecciones. Pero comparación no es razón: factores específicos en Francia (multiplicación de escándalos, ausencia de líder a la derecha) y en los Países Bajos (tasa de endeudamiento privado muy elevada, recortes presupuestarios muy visibles)  o particularidades locales (en Grenoble o Burdeos, en Francia) deben ser tenidos en cuenta a la hora de hacer un riguroso análisis de los resultados. El cotejo de estos resultados no puede llevar tampoco a quitar toda responsabilidad a los derrotados.

No obstante, es posible sacar conclusiones comunes: primeras víctimas de los escrutinios, los socialdemócratas holandeses y franceses sufren por primera vez tras su gran éxito de 2012. Enfrentados al descontento de sus electores respecto de los partidos de gobierno en general y del suyo en particular, carentes de un verdadero proyecto transformador y faltos de una eficaz pedagogía de las reformas que han puesto en marcha, ven cómo sus electores les repudian.

La derecha, a pesar de estar dividida entre cristiano-demócratas conservadores (UMP en Francia, CDA en los Países Bajos) y liberales (Modem/UDI en Francia, VVD en los Países Bajos) y a pesar de no aportar ideas nuevas, permanece fuerte y obtiene éxitos significativos. Los electores conservadores franceses y holandeses se han movilizado. Frente a los grandes partidos en declive, la extrema derecha juega el papel de outsider y víctima del sistema político. Llevando un mensaje anti inmigración, anti europeo, anti partidos tradicionales y anti impuestos, llega no sólo a imponerse en las preocupaciones actuales de los electores sino que ha sido capaz  igualmente de asimilar a la derecha y a la izquierda en un mismo saco, para de esa forma desmarcarse mejor. En Francia, la extrema derecha avanza de forma neta en el sureste, el este y el norte, pero asimismo en las pequeñas poblaciones donde la tasa de paro es elevada. De este modo, a nivel político, no tiene ya serias barreras ni una clara oposición. De forma sorprendente, tanto en los Países Bajos como en Francia, son los medios intelectuales y artísticos los que han expresado esa oposición: por ejemplo, el periodista de la RTL Pieter Klein, al tomar la pluma contra el líder xenófobo Geert Wilders, y el dramaturgo Olivier Py cuando advirtió acerca de la amenaza de un alcalde del Frente Nacional para el Festival de Avignon.

En Francia, como en los Países Bajos, los partidos ecologistas y la izquierda de la izquierda avanzan, pero débilmente. En ambos países, los Verdes ganan concejales (e incluso la alcaldía de Grenoble) y la extrema izquierda consigue muy buenos resultados en los Países Bajos. En Francia, es menos claro: si la izquierda de la izquierda (PG, PCF, NPA) pierde no alcanza los resultados de 2012, pero está presente en un cierto número de ayuntamientos.

El primer partido de Francia y de los Países Bajos de todas formas es la abstención, histórica en Francia en un escrutinio municipal. Los abstencionistas transmiten un mensaje claro: cansancio democrático, territorios en recesión, desconfianza generalizada, voluntad de castigo.

Una seria advertencia para las elecciones europeas

Estas elecciones municipales deben ser una seria advertencia para todas las fuerzas políticas europeas.

Para la extrema derecha está claro que los Países Bajos y Francia (junto con Austria) constituyen dos cabezas de puente. En esos dos países, todo (la ideología, la personalidad, los programas) acerca a los dirigentes de la extrema derecha que se han puesto de acuerdo ya para constituir un grupo político en el Parlamento europeo, en caso de victoria en las elecciones europeas. En estos dos países se esperan los mejores logros. Más allá de estos dos países, la extrema derecha parece tener el viento en popa las próximas elecciones europeas, situando de esta forma a los partidos en el gobierno ante un desafío considerable.

A la derecha, los partidos conservadores deberán contener la atracción de parte de sus electores hacia la extrema derecha populista. Tendrán por ello que elaborar nuevos proyectos que puedan responder punto por punto al discurso de esta nueva derecha extremista. Esta última supone un verdadero desafío estructural para la derecha en el gobierno, que parece profundamente dividida. Por un lado, la tentación de ir a coger votos a los territorios de la extrema derecha y, por otro, un ala más liberal, es decir centrista, que rechaza esto. Igual que los socialdemócratas, esta derecha atraviesa una crisis ideológica.

Pero el desafío es especialmente inmenso para los socialistas y socialdemócratas europeos. Si estos últimos son incapaces de explicar sus reformas, bien estén solos en el poder o con aliados, si no llegan a articular su proyecto europeo y sus políticas, a nivel nacional como europeo, pagarán el precio en las urnas (en Francia, la hipótesis de ver acabar al PS como cuarto partido parece creíble). Tanto en los Países Bajos como en Francia, los partidos socialdemócratas y socialistas han configurado sus listas para las elecciones europeas en medio del dolor.

En esos dos países, los socialdemócratas están hoy a la defensiva. Tendrán que recuperar los escaños que los Verdes les arrebataron en las elecciones europeas de 2009. Tendrán que responder a la cólera de sus electores tradicionales. Pero los partidos socialdemócratas deben no solamente responder a a las expectativas de sus electores perdidos sino que de la misma manera se tienen que oponer frontalmente a la amenaza de la extrema derecha europea. Para ello y para disminuir la abstención tienen que movilizar a sus militantes, sus redes, y proponer políticas y mensajes claros y coherentes relacionados con las ideas e intereses que defienden; tienen que hacer una campaña verdaderamente europea.

Artículo publicado en Le Monde el 1 de abril. Traducido por J. Aristu

Nicolas Leron y Joël Le Deroff  son respectivamente Presidente y co-responsable de EuroCité, un centro de reflexión progresista dedicado a cuestiones europeas. Tiene por objetivo producir un pensamiento político y programático de izquierda a nivel europeo, en una perspectiva de politización de la Unión europea.

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