El orden de las cosas

Foto por Sam Saunders (Flickr)

Por Carlos ARENAS POSADAS

La presidenta Susana Díaz está cosechando aplausos por las manifestaciones vertidas en su viaje a Cataluña días pasados respecto al encaje de Cataluña en España. De todas ellas, me quedo con una: Andalucía ha demostrado en toda su historia que ha contribuido a la viabilidad del estado español, a que no parezca, y esto lo añado yo, un estado más fallido de lo que realmente es.

Estoy absolutamente de acuerdo. La contribución viene de lejos: desde que los caballeros castellanos derrotaron a los habitantes de Al Andalus en 1212. Ancha es Castilla….por Andalucía, se solía decir. Todavía hay grandes de España que viven de aquella ocupación, cobrando sus buenas millonadas de la Política Agraria Comunitaria sin sembrar un pimiento. Es comprensible, por tanto, aunque no se compartan argumentos falsarios tan usuales en otros nacionalismos, que los herederos de los reconquistados, los jornaleros que han sufrido la humillación de los señores generación tras generación, tengan la convicción de que Andalucía no es España.

Los señores de la tierra y sus antiguos arrendatarios enriquecidos demostraron su inquebrantable fe en la España liberal durante el siglo XIX, combatiendo y frenando a aquellos protonacionalistas que eran los carlistas. Los ministerios de Madrid estaban llenos de ricos andaluces con un pie en las bancadas de las cortes y otro en el cortijo, en el pescuezo de los de siempre.

Llegaron los nuevos ricos catalanes y vascos adornados con sus propias galas nacionalistas al final del XIX y la oligarquía andaluza les dio el poder por el bien de una España que terminaría partiéndose en dos como decía Machado: la rica al  norte y la pobre al sur.

En manos de fabricantes, ateneístas y menestrales, el Estado se hizo República; una República que osó desafiar el único poder que quedaba por entonces a los terratenientes del sur: el poder de los cortijos. La afrenta les salió cara. De nuevo estos, en nombre de Andalucía, se rebelaron y combatieron para hacer de España “una, grande y libre”, una España más andaluza que nunca. Todavía hay miles de muertos republicanos en las cunetas andaluzas.

De la contribución  de Andalucía a España en los años sesenta hay dos datos relevantes: cientos de miles de emigrantes hambrientos para las industrias del norte y cajas de ahorro vacías por las cuotas de inversión obligatorias en  industrias que aquí no había.

Y llegó la crisis de los setenta, y el desempleo masivo en las industrias, y los jornaleros clamando por la tierra que nunca tuvieron; y con las luchas, la esperanza de obreros, artistas, intelectuales, etc.,  de que los andaluces podían trazar su propio camino para salir de la pobreza. Andalucía era un polvorín que amenazaba con reventar el tradicional papel de fiel componedora del Estado. Había que apagar ese fuego, aunque fuera a golpe de subsidio.

Y luego el referéndum del 28 de febrero de 1980 y el artículo 151 de la constitución y el gobierno de la autoproclamada izquierda y no hubo reforma agraria pero sí Expo del 92, y poco a poco se fueron arriando banderas verdiblancas, se desmantelaron los movimientos ciudadanos, se olvidaron los planes de desarrollo endógeno, volvieron las cuotas  provincianas, se le entregó  el poder económico a los de siempre ahora aferrados al suelo y al ladrillo, y terminaremos teniendo una catástrofe enfrentándonos como animales por  nuestros respectivos equipos de futbol. A cambio de subsidio, el precio pagado por los andaluces ha sido que nada cambiara en la jerarquía económica regional y que el Estado de las autonomías fuera viable.

Ahora, con el 36 por ciento de parados, sin política económica que haga vislumbrar un futuro mejor, doña Susana Díaz sale una vez más al rescate de España, ofreciendo cambios constitucionales al estilo federal y reconociendo desde la pobreza la injusticia que se comete con los ricos. Incluso deja caer el principio de la “ordinalidad”, dejando entrever que en el café para todos, uno será colombiano y otro de pucherete. De acuerdo, por tanto, en que Andalucía o, mejor dicho, las clases dirigentes andaluzas, han hecho mucho desde siempre por la viabilidad del Estado español pero, como he intentado demostrar, cada paso en esa dirección a favor de España hay sido un paso atrás en detrimento de los andaluces. Me parece bien que se renuncie a las compensaciones interesadas y que fomentemos la posibilidad de competir y salir adelante sin falsas muletas, pero para ello, va siendo hora de cambiar el orden de las cosas.