Lujos de la izquierda

Por Javier ARISTU

Carlos París falleció el pasado fin de semana. Con él desaparece una figura muy importante de la filosofía española y de la generación de intelectuales españoles que desde el temprano franquismo intentaron reencontrar zonas de contacto con  el pensamiento anterior, el de la república, y con  el europeo. Carlos París, nacido en 1925, vive sus primeros años escolares en la II República pero tendrá que pasar por la universidad franquista, por aquella facultad de Filosofía y letras donde, según nos cuenta, el escolasticismo y el dogmatismo anacrónico debían campar por sus respetos. París simboliza, como otras figuras ya muertas y otras todavía afortunadamente en nuestra presencia, esa generación, o esas generaciones, que no tuvieron la posibilidad de crear su pensamiento en plena libertad y democracia. Fueron generaciones de resistencia, de dura resistencia frente a la intolerancia, la dictadura y la represión. Y así y todo crearon pensamiento que permanecerá por mucho tiempo.

Hace un año desde este blog tratamos que Carlos París bajara por el sur para presentar su libro recién publicado (Ética radical. Los abismos de la actual civilización, ed. Tecnos)  y comentar los acontecimientos que estaban discurriendo y que en dicho libro él analizaba e interpretaba. No pudo ser. Primero, un viaje que él debía realizar por América y luego razones organizativas lo frustraron. Nos perdimos escuchar aquella voz ya gastada pero sabia y experimentada debatir sobre la crisis de civilización de la que él venía hablándonos desde hace tiempo; de esa sociedad tecnológica donde el ser humano ha ido perdiendo autonomía y libertad.

Durante los primeros años de la democracia tuve ocasión de escucharle contadas ocasiones en las reuniones del PCE. Para nosotros, jóvenes treintañeros de la política, era un lujo escuchar aquellas reflexiones en medio de la vorágine de decenas de opiniones, de exaltaciones ante la coyuntura, de argumentos que al día siguiente dejaban de tener virtualidad. Carlos siempre hablaba desde una profunda reflexión política, y por tanto siempre ética, sobre el qué hacer. Las sucesivas crisis, las mareas profundísimas de nuestra historia del final del siglo pasado, borraron muchas cosas pero no han podido con el pensamiento vigilante y cabal de Carlos París.

Siguió, desde sus clases en la universidad, su presidencia en el Ateneo de Madrid y sus libros y artículos exponiendo un pensamiento radical y nada contemporizador con  esta crisis de civilización. Carlos no se plegó nunca a las corrientes light del pensamiento, no fue un filósofo à la mode aunque es evidente que fue un profesor seguido por muchos discípulos y se constituyó como persona de autoridad en el pensamiento español de los últimos cincuenta años. Se encontró siempre incómodo con el poder y prefirió ser precisamente una voz crítica del mismo, no solo del político sino especialmente del económico y del poder expresado a través de los nuevos instrumentos técnicos de esta moderna civilización. Y la crítica la realizó desde la perspectiva de una filosofía ética comprometida con el ser humano, con la vida. Cito un breve fragmento de su pluma:

La súbita aparición de la moral en el análisis del proceso económico [se refiere al “hemos vivido por encima de nuestra posibilidades”] parece el gesto desesperado de aquel que en medio del naufragio, se agarra a una frágil tabla. Su sentido es claro. Pretende… eludir la discusión del capitalismo, considerándolo como algo en sí intocable. Pero, además, contradice, toda la mitología que se ha impuesto a nuestra sociedad, con arreglo a la cual, precisamente el afán de enriquecerse en un mundo libre, solo regulado por la mano mágica del mercado, representa el mejor motor del desarrollo y del bien común. Supuestos claramente ideológicos que han tratado de imponerse a la humanidad en el “pensamiento único”.

Carlos París fue un lujo para el pensamiento español y para la izquierda española. Ojalá no se olvide su testimonio y su ejemplo.

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