Sindicato y política: un debate

Imagen: Aleksandr Deineka

Acabamos de editar y colgar, en documento PDF, el debate    mantenido en el blog Metiendo bulla en torno a la cuestión, ya vieja, de las relaciones entre el sindicato y la política. Tal discusión abierta y pública se desarrolló a lo largo del mes de diciembre del pasado año y principios de este. El debate se plantea a partir de un texto de Riccardo Terzi, sindicalista italiano, y pensado, lógicamente, en clave de lo que está sucediendo en ese país aunque sugiriendo asuntos que no nos son lejanos en España.  A partir de ahí los participantes en la discusión son todos ellos sindicalistas españoles de larga trayectoria y que en su momento desempeñaron importantes cargos orgánicos. Otros son personas muy relacionadas con el derecho del trabajo y el iuslaboralismo, como es el caso de Antonio Baylos. Hay el caso de un sindicalista peruano, Carlos Mejía, lo cual aporta una visión  “extra-europea” siempre necesaria, y cerramos con un apéndice que incluye un texto de Maurizio Landini, secretario general de la Fiom-Cgil.

En Campo Abierto reproduce tal cual, sin añadir ni quitar nada, lo que fue ese intercambio de pareceres sobre asunto que nos parece muy importante en estos momentos. En época donde atacar al sindicalismo de clase es moneda corriente en medios de la derecha —y entre otros círculos donde se piensa ingenuamente que la intervención sobre las relaciones de trabajo ya no es lo decisivo en esta fase de la historia—  nos parece que hablar de sindicalismo y su relación con la acción política es un asunto de primer orden. Los sindicatos de clase y confederales constituyen, a otro nivel que los partidos, la forma de organización más amplia, extensa e intensa de los ciudadanos en nuestro país. No hay otra organización social que compita en adhesión, afiliación y participación. Hoy siguen siendo decisivos para la constitución de una sociedad cohesionada y democrática. No se trata de hacer pansindicalismo pero tampoco estaremos por el antisindicalismo de principio.

Y sin embargo, es cierto, estas instituciones están sufriendo algunos o muchos de los problemas que también padecen las organizaciones “de la política”: desconfianza ciudadana, desafiliación, incapacidad o dificultad para intervenir en las nuevas formas del trabajo y en las nuevas relaciones sociales a partir de lo anterior, problemas de financiación irregular, burocratización de su actuación y otros síntomas de la crisis general por la que está pasando la sociedad europea occidental y, especialmente, los países del sur.

Los participantes en este interesante intercambio de opiniones son, como decíamos, veteranos militantes del sindicato, saben de lo que están hablando. Algunos de ellos fueron fundadores de aquellas comisiones obreras  que de forma esporádica y a partir de su participación donde había conflicto laboral constituyeron el germen de una acción sindical novedosa. Más tarde fueron dirigentes que—como dice uno de los polemistas— “se esforzaban a finales de los años setenta del siglo pasado por amalgamar en un todo orgánico una miríada de experiencias sindicales en centros de trabajo y en localidades, que poco tenían en común entre ellas a excepción de la etiqueta y de una disposición genérica a la lucha y la reivindicación desde abajo”.  De ahí salió una organización sindical que hoy es determinante en la lucha y en el diálogo social.

También, como entonces, corren tiempos de cambio, de crisis, de recomposición de muchas cosas. No se trata, ni mucho menos, de partir como entonces casi de cero; el proceso constituyente que algunos reclaman no puede surgir de la nada, no puede ser “puro adanismo”. Los cambios y las reestructuraciones que tengan que darse en nuestro sistema social y político sólo tendrán éxito si se fundan a partir de lo hecho hasta ahora, a partir de la experiencia acumulada en treinta años de democracia que, digan lo que digan algunos nuevos “teóricos de la transición a medida”, ni ha sido una democracia otorgada ni ha sido una democracia hecha de traiciones. Nuestra actual Constitución costó enormes sacrificios humanos y sociales y es fórmula para una  democracia  de todos, enunciación que casi nunca ha sido posible en la historia española. Y en esa fórmula el movimiento obrero tuvo, aunque cueste a algunos reconocerlo, un papel fundamental y decisivo.

Hoy, como ayer, tenemos que pedir a los representantes de la clase trabajadora que pongan en movimiento todo su capital social, todo su saber, toda su experiencia a fin de combatir de la manera más inteligente y más eficaz los actuales embates del capital. Porque, como dice Maurizio Landini en el apéndice de estas páginas, el sindicato , a través del trabajo y de sus derechos trata[ba] de abrir la posibilidad de transformar el país y llegar a una completa puesta en práctica de los valores de la Constitución.

Agradecemos a José Luis López Bulla la generosidad para permitirnos agrupar y publicar el debate que él gestionó en vivo y en directo desde su blog.

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