Todos en bici

Foto: Jaume Julià

Por Carlos ARENAS POSADAS

Nuestra consejera Cortés ha manifestado, o así se recoge en los periódicos, que la construcción de carriles bici en toda Andalucía será la clave para el cambio del modelo productivo en la comunidad.

Dicho así, tal cual, a palo seco, la cosa no deja de ser chocante. No ha pasado mucho tiempo hasta que, desde el propio gobierno andaluz, de parte del mismo consejero que hace días agradecía el “gesto” de los quinientos millones al señorito Botín, se ha minimizado la iniciativa o, mejor dicho, se la ha ridiculizado.

Uno, que tiene que creer en algo y en alguien para no tirarse a un pozo, piensa más bien que la señora Cortés no ha sido entendida en todos sus términos o se le ha mutilado la opinión.

Lo que habrá querido decir es que la bicicleta es un ejercicio muy saludable para todos y todas, chicos y mayores, con el consiguiente ahorro en gastos sanitarios y hospitalarios. Los pedales, por otra parte, no necesitan otro combustible que un poco de fuerza física, de donde se deduce un importante recorte del petróleo que resulta tan caro a los bolsillos y tan costoso al medioambiente.

Detrás de la estrategia ciclista hay toda una filosofía distinta de la obra pública. Adiós a los “cacerolos” y a las grandes constructoras que se han llevado el manso en autopistas y megaproyectos durante los últimos veinte años; los carriles bicis serán adjudicados a modestos constructores locales que darán empleo, dicen que a quince mil, a trabajadores de la tierra.

El carril bici identificará aún más a la gente con su entorno por algo que no sea necesariamente el cristo o la virgen milagrosa con el cura y el sahumerio por delante y la banda de corneta y tambores por detrás. Servirá para alimentar la identificación de la ciudadanía con su tierra y alimentará las ganas de seguir haciendo algo distinto por ella.

Lo más importante, creo, es que se dan pasos en el sentido de pensar y conceder protagonismo a los “tiesos”, lo que no viene mal a una tierra donde las jerarquías están tan bien trazadas e instaladas desde tiempos inmemoriales. Todavía hay a quien repele el ciclista porque ve en él al jornalero del canasto que volvía fatigado por caminos de tierras desde el cortijo al pueblo al acabar la faena. El carril para la bicicleta es un desafío a la ocupación del espacio por parte de cuatro por cuatros, carretas rocieras y caballos jerezanos.

Sin embargo, y por mucho que queramos hinchar su contenido, la idea de llenar Andalucía de carriles bici no deja de ser una anécdota, como anecdótico es que se derramen unos miles de euros para salvar de la indigencia a los más pobres. A menos que sean estas las primeras piezas de un metaproyecto aún no desvelado, ni los carriles bici van a cambiar algo tan arraigado como un modelo productivo ni la beneficencia pública va a conseguir que el diferencial creciente entre ricos y pobres deje de ampliarse, como ha venido ocurriendo en los últimos treinta años.

Confiemos un poco más en que Izquierda Unida sepa valorar correctamente en qué está gastando/malgastando su tiempo de gobierno. No sea que por valorar en exceso la gestión de unos pocos cientos de millones aparezcan ante los electores como unos mojigatos.

Mientras tanto, a la espera de que se aclaren qué significa realmente un modelo productivo y de que tracen una estrategia, aunque sea a medio o largo plazo, a favor de cambiarlo, todos en bici.