Angela Merkel, «La sonámbula» de la austeridad

Merkel Foto: Consejo de la Unión Europea

Por Alexis TSIPRAS

Las amenazas de la canciller Angela Merkel y de su aliados acerca de una eventual expulsión de Grecia de la zona euro, si SYRIZA hubiera alcanzado el poder en 2012, resuenan todavía en nuestros oídos. ¿Era una falsa alarma o un bluf? No sé con qué nos deberíamos quedar. Sin embargo, sé que una de las conclusiones principales del libro Los sonámbulos de Christopher Clark,[1] que la canciller está a punto de leer, como ha revelado Le Monde, es que el uso habitual de la amenaza con disyuntivas extremas como instrumento de la política podría entenderse como una profecía auto realizadora.

Un suceso aleatorio, en alguna parte de la periferia del sur de Europa, o el hecho de persistir en el chantaje podría conllevar efectos dramáticos e imprevisibles para el conjunto del continente.

En todo caso, una de las conclusiones más evidentes de las declaraciones de la señora Merkel en el reunión del Consejo europeo del pasado 19 de  diciembre de 2013, igualmente leídas en Le Monde, es que la zona euro sigue siendo demasiado importante como para abandonarla. Y que todos los eslabones son importantes para su mantenimiento. Si uno de ellos, aun el más débil, se rompiera, la zona euro de hoy día correría inmediatamente el riesgo de desaparecer.

Indirectamente, pero con la misma claridad, la señora Merkel acaba de confirmar con su reciente declaración el análisis ya señalado por la Izquierda europea sobre este asunto desde el comienzo de la crisis. La canciller ha dado por otra parte una explicación basada en la inquietud que compartía con Nicolas Sarkozy en Cannes (en 2011) frente a la eventualidad de la convocatoria de un referéndum en Grecia. Cortó de raíz los rumores sobre el Grexit (la salida de Grecia del euro), humillando ante los ojos del pueblo griego a los escasos, aislados y pretendidos «defensores del euro», considerándolos como socios no fiables y políticamente poco creíbles. También humilló a los sucesivos gobiernos griegos: desde el de Georges Papandreu en 2010 hasta el de Antonis Samaras, que obedecieron dócilmente —y continúan obedeciendo— sus órdenes en lugar de negociar a favor de su país.

Si la moneda única no es objeto de negociación, las políticas económicas de los países de la Unión monetaria sí lo pueden ser, sobre todo si se miran los resultados obtenidos. Ni la austeridad, ni los Memoranda son criterios de las convenciones europeas para la entrada o el mantenimiento de un país en la zona euro. Es simplemente el resultado de una relación de fuerzas negativa para los pueblos de Europa. Una relación de fuerzas creada sobre todo por la adhesión de la socialdemocracia al consenso neoliberal desde mitad de los años 90. Una elección que hoy resulta haber llevado a Europa a un punto muerto Y es también la consecuencia de la presencia en el sur de Europa de gobiernos que no están a la altura de las circunstancias.

Hay un libro que recomiendo con mucho gusto a la señora Merkel después de Los sonámbulos. Tras su accidente de esquí tendrá naturalmente más tiempo libre. Se trata del clásico La historia monetaria de los Estados Unidos, 1867-1960, de Milton Friedman y Anna Schwartz.[2] Podría darse cuenta que la señora Merkel supera, por su persistencia deflacionista, a los propios padres espirituales de la política de deflación.

Al imponer su obsesión en el caso del Banco central europeo, encierra al conjunto de la zona euro en un frágil equilibrio, con tasas de crecimiento muy débiles, casi nulas o incluso negativas, y lanza al mismo tiempo a los países del sur de Europa a una espiral aún más profunda, lo que es peligroso para todos los socios de la moneda única e incluso para su país, Alemania. Es un círculo vicioso de recesión y de desarrollo frágil, incluso negativo.

Puede ser que la señora Merkel se asombre de constatar que Milton Friedman y Anna Schwartz imputasen la responsabilidad de la intensidad de la Gran depresión de 1929-1933 a las decisiones de la Reserva federal de los Estados Unidos.

Y es que ella ha evitado actuar como prestamista de última instancia en el mercado de obligaciones del Estado. Como un  moderno sonámbulo de Europa, permanece ciega y sorda a los hechos:

–          La austeridad agrava la crisis y por tanto no es la solución al problema.

–          Incluso el gobierno de los Estados Unidos ha optado por combatir la crisis preconizando políticas expansivas en vez de una austeridad sin fin.

–          En mi propio país, en Grecia, la demostración es irrefutable: la austeridad ha fracasado, dando lugar a una crisis humanitaria sin precedentes para un país europeo en tiempos de paz. Es una verdad embarazosa para toda Europa.

Si igual que la Izquierda europea otras fuerzas políticas del sur y norte de Europa, y los ciudadanos europeos —cualquiera que sea su país o su voto— comparten el análisis contenido en esta declaración de Merkel que dice en sustancia:« la zona euro significa todos juntos o nadie», esto significaría el comienzo del fin de la austeridad.

Las mentiras y chantajes ya no valen: o bien tratamos todos juntos de cambiar la orientación global de la política económica y monetaria de Europa o bien tendremos que decir  adiós a la idea de Europa en medio de la polvareda del derrumbe de la moneda única. Es hora ya de que los sonámbulos se despierten porque el sueño europeo está ya a punto de convertirse en pesadilla.

***

Alexis TSIPRAS es el líder del partido unitario de izquierda Syriza (Grecia). Tsipras acaba de ser elegido por el Partido de la Izquierda europea como su candidato para presidir la Comisión europea tras las próximas elecciones de mayo de este año.

Artículo publicado en Le Monde el 17 de enero. Traducido por J. Aristu


[1] Christopher Clark, The sleepwalkers: How Europe went to war in 1914, Allen Lane, 697 pp, 2013, ISBN 978 0 7139 9942 6

[2] A Monetary History of the United States, 1867-1960 (National Bureau of Economic Research Publications), 1963.

Anuncios