Paradojas y desafíos de las primaveras árabes

Foto por marcovdz

Por Bernabé LÓPEZ GARCÍA

¿Inaugura la era Obama una nueva relación con este actor islamista [el fundamentalismo] o es una continuación de la ya emprendida por su predecesor? Se puede evocar el discurso en la Universidad Americana de El Cairo[1] en mayo de 2009 como un punto de inflexión en la normalización con un mundo que hasta ese momento caía casi en bloque del lado de la demonización y del que se salvaban todavía, no lo olvidemos, los guardianes del orden, los dictadores, grandes aliados de las potencias.

Mubarak en aquella ocasión inaugural de 2009 fue el anfitrión que permitió esta escenificación. Líder de un partido dominante, el Partido Nacional Democrático, que aún figuraba entre los observadores de la Internacional Socialista, como lo era el Reagrupamiento Constitucional Democrático del otro dictador caído en enero de 2011, Ben Ali.

Parece una verdad admitida por todo el mundo que la Primavera árabe irrumpe por entonces ante la sorpresa unánime, sin que nadie lo hubiera vaticinado o esperado. Es cierto que no estaba en la agenda de nadie, porque todos los grandes apoyaban a sus dictadores que servían a sus intereses. Y entre estos grandes los hubo que reaccionaron a tiempo, alineándose del lado de los protestatarios, como fue el caso de Estados Unidos, y quienes se resistieron dispuestos incluso a apoyar la represión como el caso de Francia con Túnez, si bien luego fueron de los primeros en querer intervenir en el avispero libio.

Dos factores globalizarán la indignación acumulada en los pueblos árabes en vísperas del estallido: la televisión Al-Jazeera por un lado, que difundirá desde noviembre de 2010 protestas masivas en El Aaiún, y más tarde en Túnez tras la inmolación en un pueblito en el interior de este país, de Mohamed Bouazizi.

En ambos países, Marruecos y Túnez, los corresponsales de la cadena catarí estaban suspendidos, pero la emisora usó masivamente imágenes que los ciudadanos de a pie, convertidos en reporteros espontáneos, colgaron en Youtube. Las nuevas tecnologías hacen su oficio.

Y un segundo factor coincide por entonces: las filtraciones-revelaciones de Wikileaks con los cables de las embajadas americanas en países árabes que mostraban evidencias de una corrupción imaginada –y conocida– por todos pero nunca admitida así, y que dejaban entrever cierta desautorización, desde Estados Unidos, de las prácticas corruptas de los regímenes, paradójicamente aliados de Occidente.

Internet difundirá ampliamente todo ello y reduplicará su efecto entre las redes sociales (Facebook, Twitter…), convertidas en canales de difusión y movilización.

Malas lenguas afirman que la eficacia de estas redes se testó ya en una reunión de blogueros árabes convocada por la Embajada Americana en Marruecos y realizada en el Hotel Sheraton de Casablanca en 2008. Uno de esos blogueros acabaría de ministro efímero en uno de los primeros gobiernos de la transición tunecina. Ello, verdad o mentira, no puede poner en duda que ha sido el factor humano el verdadero protagonista de las revueltas. Sin el coraje de los jóvenes que han resistido, pese a la represión, en calles y plazas, empujados por ese sentimiento de humillación que les hacía sentirse súbditos sin derechos y no ciudadanos, no se hubiera producido esta Primavera árabe.

Es cierto que a las explosiones de optimismo de los primeros meses, con expresiones como “Todo va a ser posible con la revolución” en boca de intelectuales como la empresaria teatral Zaynab Farhat en Túnez[2], y al triunfo de la pluralidad de ideas y movimientos que sobrevino tras la caída de los regímenes tunecino y egipcio, aflorarán sentimientos de desánimo al comenzar a ser visible el retorno y auge de las tendencias conservadoras, claramente mayoritarias.

En el caso de Marruecos, la pronta reacción del régimen que prometió al poco tiempo un cambio constitucional generando todo tipo de expectativas y esperanzas, dio paso más tarde al retorno a la normalidad de la continuidad.

Lo cierto es que la Primavera árabe inició en varios países unos delicados procesos de transición, con mayor apertura democrática, enfrentados a los difíciles problemas sociales reales. Pero estuvo también en el origen de guerras, en los casos de Libia y Siria, con enormes pérdidas humanas, produciendo no pocos “daños colaterales” añadidos como refugiados o inestabilidad exportada a países del entorno.

Todos los gobiernos árabes afectados por las protestas se vieron obligados en un primer momento a echar mano a la caja de compensación para mantener la paz social: Túnez, Egipto, Marruecos, Jordania, Argelia y algunos más del Golfo. A riesgo evidente de aumentar el déficit hasta un 10%, perdiendo las reservas de cambio. En Egipto las reservas sólo llegaron para pagar tres meses de importaciones, cinco en Marruecos. Se subirán los salarios de funcionarios y el salario mínimo como en Argelia, se invertirá masivamente en vivienda social en países como Arabia Saudí.

El coste estimado según diversas fuentes se elevaba, a un año de vida de la Primavera árabe, a más de 50.000 millones de dólares, sin contar las destrucciones ni las bajas humanas, con un descenso de un 3,5% del PIB, siendo los sectores peor parados el turismo y la inversión extranjera, atenazados por la inestabilidad[3].

Los nuevos gobiernos se encuentran a día de hoy con las cajas vacías y una tasa de inflación del 8,3% en Túnez, del 12,8% en Egipto o Libia, con déficits públicos de más de un 6% en Marruecos y Túnez o de hasta el 10% en Egipto.

Los países árabes que han celebrado elecciones han optado por una renovación de elites y han votado mayoritariamente a partidos islamistas: Túnez el 25 de octubre de 2011[4]; Marruecos el 23 de noviembre de 2011[5]; Egipto el 28 y 29 de noviembre de 2011[6].

Pero ha habido una excepción: Argelia. Con el respaldo masivo al malo conocido (220 escaños para el FLN, casi la mitad del Parlamento), han dicho no a volver a las andadas. Y los partidos islamistas han sufrido un revés[7]. Pero hay que hacer una observación: los islamistas que se presentaron a las elecciones eran los islamistas de servicio, los que han colaborado con los gobiernos en los últimos años, no los homologados con los que se han presentado en Túnez o en Egipto como es el caso del antiguo FIS, que sigue ilegalizado. Esto es quizás lo que explique ese hundimiento islamista en Argelia.

No hay que olvidar la enorme bolsa de abstención que, en tanto haya excluidos en el campo político (el FIS en Argelia, al-Adl wa-l-Ihsán en Marruecos), no sabremos por quién se decantarían los abstencionistas.

¿De dónde van a sacar los nuevos gobiernos islamistas salidos de las urnas pero sin recursos los 20 o 30 mil millones de dólares que Túnez o Egipto necesitarán para mejorar las condiciones de vida de sus ciudadanos, crear los millones de empleos para los jóvenes que llegan al mercado de trabajo y para solventar el déficit ya existente, sobre todo para los jóvenes, muchos de los cuales son diplomados sin perspectivas?

Este es el enorme desafío de unas primaveras árabes que empezaron mostrando la emergencia del individuo árabe pero descubriendo pronto el peso de la “horda”, por usar una expresión de Wassila Temzali, el lastre del pasado sobre unas sociedades en las que conviven lo arcaico y lo moderno. Pero en las que, por ahora, la mutación ciudadana que revelaban las concentraciones de jóvenes en la Kasbah tunecina o en la plaza del Tahrir de El Cairo, no es más que semilla de esperanza. Si los partidos islamistas resultantes de las elecciones recientes encuentran dificultades para resolver los problemas de fondo, económicos y sociales, pueden orientarse hacia populismos fundamentalistas interesados más en la moralización de costumbres, terreno en el que sin duda recogerán fáciles cosechas.

Bernabé López García,  es especialista en la región del Magreb y, en general, en el mundo árabe. Es catedrático honorario Historia del Islam contemporáneo en la Universidad Autónoma de Madrid. Este artículo es un extracto del ensayo que con  el mismo título publicó en Res Publica: Revista de Filosofía Política y que ya se puede leer completo en PAPELES EN CAMPO ABIERTO

[2] Directora de El Teatro, entrevistada por mí en Túnez el 8 de abril de 2011.

[3] Ver artículo de Ghassan Waïl El Karmouni, “Le coût du Printemps Arabe”, cit.

[4] Véanse los resultados y la ficha electoral de las “Elecciones constituyentes” por Rafael Bustos en el Observatorio Político y Electoral del Mundo Árabe y Musulmán (OPEMAM) en http://opemam.org/node/156.

[5] Ver “Elecciones legislativas, 25 de noviembre de 2011”, Marruecos, ficha electoral por Irene Fernández Molina, en http://www.opemam.org/node/158.

[6] Ver entrevista con Bárbara Azaola sobre el ambiente poselectoral en Egipto en http://www.opemam.org/node/91.

[7] Ver “Elecciones legislativas, 10 de mayo de 2012”, Argelia, ficha electoral por Rafael Bustos en http://www.opemam.org/node/178.

Anuncios